S2: Mujer ajena

914 Palabras
Ellos se sentaron en el sofá a conversar mejor y me mantuve atento a todo. Lo que no me estaba agradando era la mirada que le estaba dando ese muchacho a Estefanía. No sé si era por el pantalón corto que traía puesto o es que estaba examinando detenidamente su comportamiento. —La última vez que se comunicó con nosotros fue hace unos días y quedó en enviarnos el dinero para los gastos de la casa, pero al parecer lo olvidó — dijo Estefanía. —Es cierto. Le hemos estado llamando, pero no responde el teléfono — añadí. —Así es. No tenemos cómo pagar las deudas, pues no hemos recibido el dinero para hacerlo. Ahora mismo no hay luz en la casa. —Mi papá siempre ha sido muy responsable con sus deudas. ¿Y a dónde te dijo que fue? —Verdaderamente no nos dijo, señora. Solo nos pidió que cuidemos la casa mientras tanto. —Su auto está estacionado afuera. —Sí. Nos dejó su auto para que pudiéramos usarlo, ya que ninguno de nosotros dos contamos con auto propio. Su papá ha sido muy amable y bueno con nosotros. Para ser honesta, ambos lo vemos como el papá que nunca hemos tenido. ¿Cómo un papá? Qué cínica. —Entonces, ¿lo conocían de más tiempo? —Sí. Nos ayudó mucho cuando nuestra tía nos echó a la calle. —Ya veo. Lamento mucho saber que mi padre no ha cumplido, pero estoy segura que algo debió pasar como para que no se haya comunicado. Conozco a mi padre y sé lo responsable que siempre ha sido. —Yo también, por eso mismo nos ha parecido extraño que no se haya comunicado con nosotros. —No se preocupen por nada. Puedo hacerme cargo de la casa y de sus deudas mientras regresa. De igual manera, he venido a quedarme por un tiempo. —No tenemos a dónde ir, señora. —No los estoy echando ni mucho menos. Es solo que lucen muy jóvenes para tener una tarea como lo es el mantenimiento de una casa. —A nosotros no nos molesta, pues a esto nos hemos dedicado desde hace un tiempo. —No se preocupen, puedo encargarme de ello. Ustedes pueden mantenerse aquí, al menos hasta que mi papá se comunique. Tomen libre de sus tareas y encargos, y descansen. Me comunicaré con la compañía para que restablezcan la luz — esa mujer se levantó con el hijo y llevaron sus maletas hacia el cuarto principal. Aproveché el momento para acercarme a Estefanía. —¿Eres estúpida o qué? En el momento que llame sabrá que ha pasado más de un mes en que no hay luz en esta casa. —Las compañías no trabajan de esa manera, a ellos solo les importa que le paguen lo que deben. —Por esa misma razón. —No seas tan paranoico. Nada tiene que salir mal. —¿Por qué demonios te comportas de esta manera, Estefanía? ¿Estás conciente del peligro en que estamos? Debemos encargarnos de esa gente ahora. —No representan un peligro para nosotros, Athan. Date cuenta. No podemos ir por la vida matando a todo aquel que se nos arrime. —Si tú no tienes malicia luego de todo lo que nos ha pasado, no vale la pena hablar al respecto. No pienso regresar a ese lugar del que salí, solo por tu terquedad y por empeñarte en creer en otro ser humano. Salí de la casa a tomar aire fresco. Sentía que me estaba asfixiando ahí dentro. No puedo creer que ella aún confíe en la gente. Para ser que no ha sido suficiente todo lo que hemos pasado. Parece que me equivoqué en confiar en ella. Esta situación se está saliendo de control otra vez. Debo hacer algo para sacar del medio a esas personas. No puedo permitir que nos atrapen o nuestros planes se verán afectados. No puedo entender ese comportamiento de ella. Estefanía estaba siendo obediente, ahora de la nada hace todo lo contrario a lo que le digo. ¿Qué demonios pasa por su cabeza? Caminé encapuchado por la acera, tratando de refrescar mis pensamientos e ideas, buscando una solución a los problemas. Aunque ella termine molestándose conmigo por lo que haré, no pienso dar mi brazo a torcer. No volveré a ese lugar. Incluso si ella intenta defender a esos desconocidos, solo me dará a entender que los prefiere por encima de mí y no tendré más remedio que lidiar con ella también. Regresé a casa luego de sentirme mucho mejor y tener más clara las cosas. Alcancé a ver a ese muchacho al costado de la casa, algo que me produjo mucha malicia, pues se veía que estaba buscando algo. Esta casa es de madera y tiene muchos daños. No creo que haya nada interesante que ver por ahí. Lo seguí sigilosamente, ocultándome entre los matorrales y descubriendo por fin sus intenciones y curiosidad. Estaba tratando de alcanzar la ventana que da para el baño y supe que había alguna de ellas bañándose por el sonido del agua. Era evidente que no iba a espiar a su propia madre, por lo que asumí que la cosa debía ser con Estefanía. —¿Se te perdió algo? — lo cogí infraganti, bajo la misma rabia que carcomía mi ser al descubrir sus sucias intenciones—. ¿Acaso tú mami no te ha enseñado que a las mujeres ajenas se respetan?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR