Llegamos de vuelta a la casa y mientras guardaba todo en su lugar, Estefanía estaba en busca de algo de comer. Es un fastidio no tener luz, pues solo podemos picar una que otra cosa. Merecemos algo mejor que tener que vivir de esta manera. Debo pensar en una forma de restablecer la luz, de mudarnos a otro lugar o como última opción que pienso considerar, es sacarle hasta el último centavo a esa bruja.
—Es ridículo que debamos dormir en cuartos separados — le comenté a Estefanía.
—Eres tú quien decidió dormirse en la otra habitación anoche.
—Pues ahora te estoy informando que esta noche dormiré contigo.
—¿De dónde ha salido ese interés?
—Por propósitos de seguridad, lo mejor que hacemos es permanecer juntos en todo momento.
—Pensé que había otra razón.
—¿Qué otra razón?
—El emparedado está listo.
—Buena forma de evadir la pregunta — suspiré, sentándome en la silla—. Es un fastidio tener que pasar estas necesidades por culpa de esa bruja. Merecemos tenerlo todo.
—Esto es temporal, Athan.
—Lo sé, pero no deja de fastidiarme. Tenemos que buscar la forma de sacarle dinero a esa bruja. No veo otra manera de estabilizarnos que no sea esa.
—He pensado en solicitar trabajo en una granja cerca de aquí.
—¿Qué?
—Sí. Allí no piden documentos, porque saben que muchas personas que solicitan ese tipo de trabajo son indocumentados.
—¿Estás loca? ¿Yo trabajando en un sitio como ese? Ni lo sueñes.
—¿Y tenemos más opciones?
—¡Maldita sea! — le di un golpe a la mesa—. ¿Por qué las cosas tuvieron que ser así? Todo me sale mal. Absolutamente todo. Mis metas y mis sueños se han desvanecido en el aire. Hubiera podido lograr mucho, si no perdía el enfoque y luchaba por perseguir ese sueño de ser un reconocido cirujano.
—¿Cirujano?
—Todos mis sueños se han ido por la borda por culpa de esos infelices. Hubiera podido lograr mucho más si mi mamá aún estuviera aquí conmigo. Ella era mi fuerza y motivación para salir adelante. Sé que estando con ella, nada iba a faltarme, pero ahora debo enfrentarme a esta miserable vida y a su cruda manera de recordarme cada día que no soy más que un inútil.
—Eso no es cierto. No digas eso. Aún puedes hacerlo.
—¿No me digas? He acabado con mi futuro, con mis sueños y con todo lo que algún día soñé tener. Ni siquiera sé por qué me aferro tanto a esta vida tan miserable y patética que me tocó vivir. Es como si una maldición hubiera recaído sobre mí.
—¿Y yo qué? ¿No soy suficiente razón para aferrarte más a esta vida? Es cierto que hemos perdido el control de las cosas. Hemos tomado decisiones erróneas que nos han costado mucho, pero ¿teníamos otras opciones? Solo hemos buscado la forma de sobrevivir, de acabar con las injusticias y constantes maltratos. No todo está perdido, Athan. Para mí, darnos por vencidos a estas alturas sería injusto y no está en mi lista. Tal vez no soy relevante en tu vida, pero tú para mí lo eres, por lo tanto, tengo que luchar para poder acompañarte en esta larga travesía y así ninguno de los dos nos sentiremos solos.
—Eres la hermana que cualquiera desearía tener. Hasta pareces un poeta diciendo esas cosas tan cursis.
—¿Y solo una hermana es capaz de hacer, así sea la mitad, de todo lo que he hecho por ti? ¿Verdaderamente solo soy eso para ti?
El timbre de la puerta interrumpió nuestra conversación y automáticamente corrí hacia el cuarto en busca de la ballesta.
—Esconde eso, Athan.
—¿Esperabas visita?
—No sé quiénes son, pero hay una mujer y un chico ahí fuera. No son policías, así que cálmate.
—¿Y qué podrían estar haciendo aquí?
—¿Yo que sé? Si no los atendemos no lo sabremos. Déjame esto a mí, ¿sí?
Quería detenerla, pero la muy necia abrió la puerta sonriente y tuve que esconder la ballesta en mi espalda. Era una mujer que en apariencia lucía como de cuarenta años y el joven que le acompañaba se veía como de nuestra edad, asumí que debía ser su hijo. Traían consigo dos maletas y eso no me dio buena espina.
—Buenas tardes. ¿Puedo ayudarles en algo? — cuestionó Estefanía.
—¿Quién eres? ¿Y qué haces en casa de mi padre? — su confusión era más que notoria.
—Mi nombre es Stephanie y él es Nathan. Su papá nos dejó encargados de la casa mientras regresa de su viaje.
—¿Qué viaje? No nos dijo nada.
—No sé qué haya sucedido, pero solo estoy siguiendo sus indicaciones.
No considero que recibir a esa mujer haya sido lo correcto. Nos podemos ver en serios problemas. Será mejor que tome medidas.
Estefanía me miró de una manera que pude captar inmediatamente su advertencia. No entiendo por qué no quiere que actúe. ¿Acaso no se da cuenta del peligro que estamos corriendo?