Capítulo 48: El Rugido de los Cachorros Eternos

922 Palabras

La luna llena iluminaba el claro sagrado. Plata bañaba la veta como néctar. Kai y yo al centro, humanos desnudos. Cachorros jugando a nuestros pies, cuatro pequeños aullando débiles pero fuertes. Zara y Lira a nuestros lados. Salvajes formando círculo. —Elara, los cachorros crecen —gruñó Kai, mano en mi cadera, dedos rozando piel—. Siente el lazo –te follaré fuerte esta noche, embistiendo pa' que sientan el hierro de su padre en su sangre. Arqueé contra él. Pechos presionando su torso. Pezones rozando cicatrices. —Crudo, Alfa —jadeé, mano bajando a su polla dura, apretando—. Fóllame aquí, delante de los cachorros –hazme gritar pa' que oigan el lazo que los creó. Quiero tu polla profunda, semen llenándome, goteando pa' que Zara lama, Lira muerda mis pezones. Zara se arrodilló. L

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