Capítulo 62 La Grieta en Elara

1430 Palabras

Tres semanas después del secuestro, la cabaña olía a ceniza fría y a hierbas quemadas. Elara no dormía. Sus ojos, antes de un violeta claro, ahora tenían vetas plateadas que se movían como mercurio vivo bajo la piel. La primera señal fue pequeña. Una noche, mientras preparaba la infusión de raíz de loto lunar, la olla se derritió sin fuego. El metal se volvió líquido y dibujó en la mesa un símbolo perfecto: un círculo partido por una pupila vertical. El mismo que llevaba Asha en la palma. Kai lo vio y no dijo nada. Pero cerró la puerta con tres cerrojos nuevos y grabó runas de contención en cada marco. La segunda señal fue peor. Elara comenzó a hablar sola. No en susurros, sino en una voz que retumbaba dentro del cráneo de quien estuviera cerca. Una voz que no era suy

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