La quebrada norte bullía bajo la luna llena, plata cortando niebla como cuchillos. Kai y yo liderábamos la jauría, pelajes gris y n***o enredados en carrera, el lazo latiendo como fuego vivo. Zara flanqueaba izquierda, Lira derecha, Salvajes en retaguardia gruñendo. —Elara, el alfa rival viene de la veta oscura —gruñó Kai, saltando un risco, colmillos reluciendo—. Siente el lazo –te follaré después, pero ahora, mordemos juntos. ¿Lista pa' romper su eco con nuestro fuego? Salté a su lado, garras clavándose en tierra, mi n***o chocando contra su gris en roce que era promesa. —Pruébame, hierro —jadeé, voz ronca cusqueña, hocico rozando su oreja—. Tu polla me templó en el termal, embistiéndome hasta que aullé con Zara lamiendo mis jugos. Pero ahora, muerde conmigo –quiero su garganta sangra

