Al principio, cuando me lo puse me sentí ridícula, pues si alguien me hubiese mirado en ese momento se hubiese cuanto menos sorprendido, ya que debía de ser como el que utilizan en los monasterios o conventos, similar al de los religiosos. Demasiado alejado de la ropa de escalada en que se utilizan colores llamativos por si se queda atrapado bajo la nieve en alguna avalancha o por caer en algún hueco, para que sea fácil y rápida la localización. En cambio, ahí me encontraba ascendiendo la montaña con ese traje de capucha blanca. Seguí ascendiendo hasta que la respiración se me hizo más forzada, así que me detuve, y me paré a descansar. Normalmente buscaría un lugar donde refugiarme de los aires, pero no había nada parecido así que simplemente me senté sobre la mochila. Miré al reloj don

