Supongo que todos en un momento u otro de nuestra vida hemos sufrido esa impotencia, máxime cuando se trata de consecuencias tan importantes como la muerte de alguien próximo, pero creo que al final se acaba aprendiendo que únicamente debemos de responder ante nosotros mismos de aquello que hicimos o dejamos de hacer, pero no de las consecuencias de lo que hicieron otros. Quizás se aún engaño más que un consuelo, pero ha sido la única forma de sobrevivir en estos últimos años, diciéndome a mí misma, que en realidad no se pudo hacer nada, que nada habría cambiado de haber sabido lo que iba a suceder, que hice todo lo posible. Es esa rabia, acumulada la que me lleva a tratar de ayudar a los habitantes de aquel pueblo que están siendo castigados de forma injusta por la madre naturaleza con

