CAPÍTULO 5. MI LLEGADA Aunque no esperaba un gran recibimiento, mi llegada a aquel pueblo había pasado desapercibido, quizás porque todo el mundo estaba ocupado en sus labores y apenas se percataron de mi presencia. Aquello me había extrañado, pues desde que entré por la garganta de aquel desfiladero que dejaba atrás el mundo civilizado para adentrarme en el más inmenso frío, me había encontrado para mi sorpresa que no había ni rastro de la nieve acumulada, ni de ese frío atroz que congelaba desde dentro hacia afuera. Extrañada había recorrido buena parte de mi camino recogiendo todo tipo de objetos, ramas, hojas, musgo, y cada cosa lo iba guardando en una bolsita. Llegando al pueblo, aquellos habitantes, ni parecieron reconocerme, ni preocupase de mi presencia, al contrario, parecían h

