―Sí, lo he visto ―contesté con cierta pena. En ese momento recordaba cómo uno de mis mejores amigos, que era cirujano perdió su medio de vida, sus manos, cuando estas se vieron seriamente dañadas, al ayudar a un compañero caído por una grieta que se había formado a sus pies al ascender una montaña. Un río subterráneo debilitó tanto la nieve de la superficie que había hecho que al peso del escalador se derrumbase, precipitándolo al vacío, menos mal que el grupo iba atado, lo que impidió que su caída fuese mayor. Una situación que requería de soluciones extremas, y a mi amigo no se le ocurrió otra cosa que la de quitarse los guantes, para tirar mejor de la cuerda, pues esta se le resbalaba, haciéndole imposible la tarea de intentar ascender al compañero caído. Pero todo el esfuerzo fue e

