Los días siguientes parecieron transcurrir en una total calma, Priscille pudo recuperarse de la golpiza que recibió por parte de Michael pues estuvo más preocupado por las reuniones con hombres importantes que terminó por ignorarla completamente.
Fuera del hecho de que debía prepararle su ropa o tener listo los papeles o regalos que necesitaba para congraciarse con esos hombres, Priscille no era del interes de su esposo, aunque ella también debió esforzarse para pasar desaparecida, era muy diligente y complaciente pero ese era el resultado que dejaban los constantes abusos de su esposo, así que si queria al menos poder salir debía hacer cuanto pudiera para hacerlo feliz.
- Vaya, últimamente haz hecho mejores elecciones parece que tantas lecciones finalmente estan dando resultado y ya estas aprendiendo a hacer bien las cosas- sentenció Michael cuando Priscille colocó el fino traje en el perchero de la recámara.
- Así es.......debo saber cual es mi deber e intentar hacerlo bien- respondió ella, pues sabía que lo único que su esposo buscaba era una de esas respuestas en las que se asumía como una tonta o inútil, eso le daba una extraña sensación de poder frente a la reunión que pronto se llevaria a cabo en el club náutico.
Michael colocó las manos en la cadera expandiendo su torso, lo que fue suficiente para que Priscille supiera que efectivamente, su repuesta fue bastante complaciente para él.
- Ves como si te esfuerzas lo suficiente puedes hacer las cosas medianamente bien......no es tan difícil pero te gusta que te golpeé, sigue así y esos malos momentos quedaran atrás- explicó el hombre con una increíble arrogancia.
Sin embargo, Priscille sabía que no importaba lo bien que se comportara o lo mucho que se esforzara en complacerlo, Michael siempre encontraba algún motivo para humillarla o golpearla, así había sido en los últimos años de matrimonio y quizás eso nunca iba a cambiar.
- Estoy intentando.
- Priscille- el hombre caminó hacia ella tomándola del hombro, y aunque se asustó, intento controlar su temor, la pobre mujer era ya como un pequeño ratón asustadizo y cualquier cosa que Michael hacía la llevaba a temer por su vida- a mi no me agrada golpearte, de verdad, créeme......a mi me duelen más esos golpes, o tú crees que a mi me gusta ver esta linda carita toda deforme....... deberías de ver como luces, pareces el hombre elefante- indicó con una sonrisa burlona- además, este rico cuerpo crees que dan ganas de cogerlo con esas moretones y marcas......no, desde luego que no......- sentenció tomandola de la barbilla- así que no pienses que eres la única que sufres, porque al final tú sufres por gusto pero yo.......yo sufro por pegarte y por aguantar lo poco antojable que quedas......lo entiendes, verdad?
- Si- respondió asintiendo con la cabeza.
- Lo sabía.....ahora, tráeme un par de mancuernillas y no salgas con alguna tontería, por favor.
Priscille sonrió y de inmediato se apresuró rumbo al armario, debía elegir un par adecuado para que su esposo se luciera en el club y como era algo casual considero que las mancuernillas que le regaló Hilda el día de su boda funcionarían, de cualquier manera todo aquello que tuviera que ver con su madre era perfecto para Michael.
Y no se equivocó, el hombre quedó muy satisfecho con la elección de Priscille, quien no solo tuvo que elegirlas, sino que también tuvo que colocarlas porque él debía ser atendido en todo, de principio a fin sin el mayor esfuerzo de su parte, al menos era lo que Michael alegaba.
- A qué hora piensas piensas regresar?- cuestionó Priscille mientras terminaba de arreglarle el saco de lino a su esposo.
Desgraciadamente había olvidado que esa era una de las tantas preguntas que no debía hacer, pues si algo Michael detestaba era ser de esos hombres a quienes sus mujeres les controlaban las salidas, y ella lo sabía pero como consecuencia de sus nervios a veces cometia errores como este y lo supo en cuanto su esposo volteó a verla con ese semblante molesto pero ella mantuvo la cabeza agachada mientras se mordia la lengua pensando como podría reparar su falta
- Lo digo pa.....par.....para preparar a tiempo el baño y tener la cena caliente..... sé lo mucho que odias regresar a casa y no ser atendido como mereces.....ya no quiero hacerte enfadar más- dijo con una timida sonrisa mientras colocaba el pañuelo en el saco.
Michael levantó la ceja sutilmente molesto y aún así aceptó la excusa de su esposa, quizás por la premura que llevaba o tal vez por que parecía honesta, pero afortunadamente para ella lo dejaría pasar.
- No te preocupes por eso......sabes que regreso tarde y ya habré comido, solo te despertare para que me prepares el baño- sentenció fríamente pero para Priscille fue un alivio ver que no hubo ninguna otra reacción.
- Te ves increíblemente guapo- indicó la asustada mujer casi en un susurro pero aún temía que pudiera reaccionar violentamente por su imprudencia.
- Que afortunada eres, no?!- preguntó con soberbia.
- Desde luego......eso siempre lo he sabido!!!- exclamó ensanchando un poco más su sonrisa.
Michael asintió feliz al ver como finalmente era tratado como se suponía debió ser siempre, casi como un rey para Priscille, y ese era justo el concepto en el que se tenía, así que quedó satisfecho olvidando la imprudencia de su esposa y arreglándose el saco una última vez tomó sus lentes de sol y se despidió con un brusco beso en los labios.
Priscille caminó hasta la ventana para comprobar que el automóvil de Michael abandonara la propiedad y en cuanto vió que así fue la pobre soltó el aire contenido mientras las lágrimas comenzaron a salir de sus muy abiertos ojos y su cuerpo temblaba sin control, pues creyó que después del desatinado comentario, su esposo volvería a golpearla tan brutalmente como la última vez pero ahora que se había marchado toda esa ansiedad y temor podía liberarse.
La pobre mujer comenzó a hiperventilar mientras se dejaba caer al piso, abrazándose a si misma, extrañamente tranquila y agradecida de que Michael hubiera reaccionado tan bien y ahí permaneció temblando hasta que el ataque de ansiedad pudo controlarse lo suficiente para que comenzara a arreglar el tiradero que había quedado en el armario, era obvio que su esposo era consciente del reguero que dejo y por experiencia sabía que sería el primer lugar que revisaria en cuanto regresara a casa y si por ahora había salido bien librada no correria el riesgo de ser castigada por eso.
Así que aún con su tembloroso cuerpo y las incontrolables lágrimas comenzó su labor, levantó los sacos del sofa, planchó otra vez las camisas que el hombre había sacado de la gaveta y las colocó de nuevo, los zapatos los reacomodo según Michael lo habia pedido y finalmente acomodó todos los productos que había desperdigado por todo el baño, eso le dió algo de distracción, evitando que pensara en lo que había ocurrido en la mañana.
Sus nervios parecían haberse calmado y después de comer subió de nuevo a su habitación a revisar las novedades que había en sus r************* , Michael no había llegado al grado de arrebatarle su teléfono pero eso no la libraba del control que ejercía, en realidad él estaba muy al pendiente de cada cosa que Priscille hacia y sus r************* no eran la excepción, por lo que ella aprendió a limitarse a ver lo que sus amigos, familiares y conocidos publicaban, no publicaba, no comentaba, no reaccionaba, solamente veía y continuaba, así era mejor.
Y al estar ahí, Priscille no pudo evitar sentir tristeza al ver como sus amigas se habían reunido para el brunch en el club, como festejaban el bautizo del primer hijo de su prima, la despedida de soltero de su mejor amigo de la universidad, los planes que hacían todos sus ex compañeros para viajar a Mónaco para el aniversario de su graduación; todos los planes de los que ella dejó de formar parte, aún recordaba los pretextos que a lo largo de los años puso hasta que finalmente dejaron de invitarla, quedando totalmente aislada ya que toda su vida social se limitaba a Michael y su familia.
Por supuesto que no pudo evitar llorar, al ver todo aquello que se estaba perdiendo pues incluso su esposo dejo de llevarla a las reuniones de negocios con el pretexto que no sabía comportarse así que siempre acudía solo, a menos claro, que necesitara usarla de algún modo.
Priscille levantó su rostro mojado por las lágrimas y con la mirada recorrió la habitación que se había convertido en su celda, aquí pasaba gran parte de su día a día, sin saber del mundo más allá de lo que veía en redes, dónde había quedado aquella joven sonriente y tan llena de vida?, se preguntó mientras su mano tocaba su rostro que ahora parecía el de una mujer de más de 50 años a pesar de que hace menos de dos meses cumpliera 35 años.
Hasta su ropa había cambiado, los diseños se fueron haciendo más discretos y los colores más opacos, todo para que ella no llamara la atención de los hombres, como tantas veces Michael se lo reclamó, hasta su cabello lo llevaba recogido en una cola y de maquillaje ya ni hablar, lo único que usaba era lo estrictamente necesario para cubrir los moretones resultados de las golpizas, así era ahora Priscille, solo una sombra de lo que alguna vez fue.
Pero eso ya no queria recordarlo, de nada servia pensar en lo que ella había sido y que ya no volvería a ser, aceptar que su vida terminaría de dos formas era lo que quedaba, terminó por resignarse a que así sería el resto de su vida hasta que, tal vez, algún golpe finalmente terminara con esta agonía y para ser honesta, preferia lo segundo.
Y cuando esos pensamientos la atacaban era mejor irse a dormir, así al menos olvidaba por unas cuantas horas su patetica vida, desgraciadamente para ella, esta fue una noche en las que su esposo regresaba bastante animado y lo suficientemente tomado para despertar a la bestia que trataba de contener y que Priscille odiaba con todo su ser.
Michael llegó cerca de la media noche cantando alegremente por haber logrado convencer a uno de los congresistas para que estudiara la propuesta de construcción para una nueva sede de la empresa de su padre, algo que regularmente tomaba meses de trámites y permisos, lo logró en menos de 8 horas y eso despertó una euforia en él que solo era saciada dando rienda suelta a sus más bajos instintos.
Así que al llegar a la habitación empujo la puerta fuertemente, haciendo que Priscille despertara de inmediato, el hombre ni siquiera encendió la luz, fue ella quien prendió la lampara junto a la cama y descubrió ese semblante tan odiosamente excitado.
- Mi rica mujer…….es hora de jugar…….atiende a papi!!!!- exclamó mientras comenzaba a sacarse la ropa.
- Michael….. estás algo tom….tomado…..quieres una taza de café o comer algo?!- cuestionó asustada cubriendose con las cobijas hasta el cuello, pues cuando su esposo estaba así nunca terminaba bien para ella.
- No, maldita sea!!!!.......hoy quiero coger a mi mujer!!!- refutó arrancando las cobijas de la cama de un solo movimiento.
- Ah….ehhh….ahhh…..ehhhhh……..estoy en mi periodo!- exclamó como la unica alternativa que tenía para evitar este desagradable encuentro pues conocía lo repulsivo que era para Michael cuando ella estaba en sus días, a tal grado, que la obligaba a dormir en otra recámara.
- No es verdad!!!......crees que no me acuerdo que tu periodo fue hace dos semanas!!!!- indicó acercándose a ella lo que hizo que Priscille pudiera oler su desagradable hedor a alcohol.
La mujer clavó sus temerosos ojos en el rostro de su esposo mientras un nudo se cernia sobre su garganta y su cuerpo comenzaba a temblar, pero es que simplemente no podía ser de otra forma, Michael no era muy tierno cuando de sexo se trataba y era aún peor cuando estaba borracho.
- Anda…….atiende a tu esposo!!!!- gritó arrancándole el camisón tan salvajemente que le dejó las marcas de los tirantes rotos en los hombros.
Priscille ni siquiera pudo gritar por el dolor que sintió y no era para evitar hacerlo enfadar sino porque su cuerpo estaba tan aterrado que ya no era capaz de emitir ni siquiera el menor ruido, pero Michael estaba decidido así que jaló los trozos del camisón por las piernas sacandolo completamente hasta dejarla en lencería mientras ella intentaba cubrirse con sus brazos.
Desgraciadamente no hubo tiempo para algo más, Michael la jaló de las piernas hasta acostarla completamente sobre la cama, ante lo cual ella solo pudo sujetarse de las sabanas, Michael se le fue encima de inmediato comenzando a besarla y lamerle el rostro, mientras que las lagrimas de Priscille comenzaban a recorrer por sus mejillas en tanto él bajaba hasta sus senos, pero no quería aguardar más y con el mismo salvajismo se deshizo de la ropa interior que cubria el tembloroso cuerpo de la mujer y sin esperar le abrió las piernas.
- Michael……no es…..no estoy lubricada- dijo esperando que no quisiera penetrarla así.
- Yo me voy a encargar de mojarte!!!- sentenció extendiendo su mano hacía uno de cajones del mueble junto a su cama, provocando que Priscille desviara su aterrada mirada, pues esta sería una de esas noches en las que su esposo decidia usar los asqueroso juguetes sexuales que tanto le gustaban y que ella detestaba con su alma.
Priscille solo alcanzó a escuchar el ruido de una vibración muy potente mientras apretaba los ojos, ese ruido era lo bastante fuerte para hacerle saber que su esposo usaría la maxima potencia.
- Ahghhhhhh!!!!!- la pobre mujer soltó un grito desgarrador cuando sin previo aviso Michael introdujo el consolador en su v****a.
- Ves cómo te enciendes?!- exclamó el hombre con un lujurioso y muy complacido tonó de voz mientras observaba como su esposa se retorcía del dolor.
Sin embargo, eso a él no le importaba, el hombre continuó tratando de introducir aún más el aparato haciendo que Priscille se contrajera aún más pero eso parecía satisfacerlo de un extraño y cuestionable modo.
- Manten las piernas abiertas……..para eso eres muy buena!- pidió jalando una de las piernas de su esposa bruscamente lo que solo aumentó el dolor.
Y así estuvo por un largo rato, metiendo y sacando el aparato a placer mientras observaba cruelmente excitado como Priscille gritaba y gemia a causa del dolor.
- Parece que ya estas lista!!- y de la misma brutal forma en que metió el aparato lo sacó.
Pero esto solo era el inicio, Michael la tomó de la cadera y la giro bruscamente, dejandola boca abajo, Priscille comenzó a llorar con mayor desesperación y sus manos buscaban el modo de evitar que el la penetrara vía anal, pues ya sabía que esa era su intención.
- No….Michael, no…..no por favor……por favor……no….no….no……no estoy dilatada!!!!!- exclamó asustada mirando desesperadamente hacia todos lados.
- Ya te dije que yo me encargo!- y el azote del cajón la hizo consciente que él usaría otro de sus juguetes.
Y efectivamente así fue, Michael saco de ese horrible cajon un dilatador que introdujo violentamente.
- Aghhhhhhhh!!!!!!!- de nuevo el fuerte y desgarrador grito de Priscille inundaba la habitación y con lágrimas en los ojos tomó la almohada frente a ella para morderla cuando su esposo decidió comenzar a golpearle los glúteos.
Solo lagrimas salían de su ojos como testigo del insoportable dolor, sin embargo, lo único que le quedó fue dejar caer la cabeza sobre la almohada tratando de ahogar los gritos de dolor esperando que esta pesadilla pronto acabara.
Y mientras ella se tragaba su agonía, Michael sacó el objeto bruscamente pues era el momento de que él la penetrara, y sin demora introdujo su m*****o comenzando a embestirla sin considerar lo adolorida que ella estaba.
- Ohhhh….si……ahhhh…..si…….sabes lo que me gusta!!!!- exclamó en medio de sus gemidos de placer mientras ella solo ahogaba los gritos de dolor mordiendo la almohada y apretando las sábanas.
Sin embargo, en este punto ya no podía hacer nada más que aguardar que él acabara pronto así que se limitó a llorar mientras su cuerpo era usado como si se tratase de una simple muñeca s****l, pero Michael hoy estaba especialmente excitado gracias a la sensación de poder que le dió la reunión y no se saciaria tan fácil.
Michael continuó hasta que quedó satisfecho y decidió que ahora quería entrar por su v****a, por lo que de nuevo jalo a Priscille, dejandola caer sobre la cama, pero ella ya no tenía fuerza, el dolor era tan fuerte que ahora era simplemente un cuerpo cuyos músculos parecían haber muerto, lo que hacía más facil que él hiciera de las suyas.
- Uhhhhhh……como me encienden tus pechos!!!- repuso antes de morderle el pezón y jalarlo hacia arriba, desgraciadamente Priscille ya no podía ni gritar, en realidad ya ni siquiera lo veía, había girado la cabeza hacía la ventana perdiéndose en lo hermosa que lucía la luna llena mientras sus lágrimas caían de sus ojos silenciosamente.
Pero para Michael eso era mejor, él siguió haciendo de las suyas mordiendole los senos e introduciendo tres dedos en la adolorida intimidad de su esposa, para ella era dificil saber cuánto tiempo paso pues ya no sentía nada y quizas en un intento de su cerebro por protegerla poco a poco fue cayendo en un abismo cada vez más profundo y n***o, hasta que sus ojos se cerraron completamente.
Y ese estado demostró que a Michael ella era lo que menos le importaba, pues él siguió satisfaciendose a pesar de que Priscille ya se había desmayado, el hombre volvió a penetrarla con el consolador y con bolas chinas quizas tres o cuatro veces más antes de hacerlo con su m*****o, embistiendo con furia hasta que llegó al climax, rugiendo como la bestia que era.
Al fin estaba satisfecho y dejó caer su cuerpo sobre la cama al lado de una inconsciente Priscille, Michael se durmió como un pequeño niño sin importarle que ella estuviera en ese estado y si no hubiera sido porque sintió humedad en su pierna, quizas hubiera despertado hasta la mañana siguiente, pero la extraña sensación era algo incómoda para él así que se enderezó para reclamarle a su mujer.
- Priscille……Priscille…..Priscille……te orinaste como una bebé……largate de aquí- repuso algo adormilado, sin embargo, ella no respondió- Priscille…..mierda……Priscille……eres una bruta……Priscille……carajo!!!!- gritó molesto al ver que la mujer no se movía.
Así que se enderezó molesto prendiendo la luz de inmediato para despues empujar a la inconsciente mujer que yacía a su lado, aunque de nuevo no hubo respuesta, la empujo, una, dos, tres veces, gritándole y jalándola del cabello pero ella seguía sin emitir el menor ruido, y fue en ese punto que el desgraciado se preocupó, la movió más sutilmente, sin embargo, no obtuvo un resultado diferente, así que con total desdén le giró la cara hacia él para comprobar que no tenía fuerza.
Michael abrió los ojos con temor y otra vez comenzó a moverla, incluso agachó su cabeza para colocar su oido cerca de la nariz de Priscille para comprobar que estuviera respirando y a pesar de que era muy leve el sonido, aún lo hacía.
Aunque eso tambien le permitió darse cuenta que el cuerpo de Priscille se sentía un poco más frio de lo normal, Michael le tocó la frente, las mejillas hasta el cuello para corroborarlo, pero la temperatura de su esposa no era óptima, el hombre se movió un poco más, alejando las cobijas de la cama y fue ahí que descubrió la razon de la humedad que lo despertó y no era otra cosa que sangre.
La cama alrededor de la cadera de Priscille estaba cubierta de sangre, de mucha sangre proveniente del cuerpo de su esposa, ya estaba algo seca pero no era algo que pudiera limpiar y preocupado por lo que esto significaba llevó sus manos hacía su cabeza mientras sus ojos parecian querer salirse de su orbita debido a lo mucho que los abría.
- Carajo.... carajo…. carajo... mierda…. mierda…. mierda!!!- exclamó asustado levantándose de la cama sin saber que hacer.
El hombre giraba sobre su propio eje pensando como podria explicar esto, no era fácil de ocultar porque su esposa se estaba desangrando y como buen cobarde hizo lo unico que se le ocurrió, hablarle a su mamá, el aterrorizado Michael tomó el telefono, esperando que Hilda respondiera rapido pero no sucedió, en cambio tuvo que hacer cuatro intentos hasta que al fin su madre respondiera.
- Mamá……mamá……necesito tu ayuda!- repuso en cuanto escuchó la respiración de Hilda al otro lado de la línea.
- Qué ocurre mi hombrecito?!- la mujer estaba algo adormilada así que no notó el desesperado tono de voz de Michael.
- Priscille……Priscille……esta desmayada y sangrando!!!!
- Qué?!- grito Hilda preocupandose de lo que su hijo hubiera hecho- qué?!......por qué?!......qué hiciste?!- desde luego que sabía que él era el responsable.
- Tuvimos sexo y no sé que paso!
- Maldición!- Hilda se levantó de la cama pensando ya en lo que podría pasarle a su hijo si llegase a fallecer su nuera- cuánto tiempo lleva así?!
- No lo sé……yo me quedé dormido……pero hay mucha sangre en la cama!!!
- No te preocupes, quizas es normal!
- No mami, es demasiada!
- No lo creo….. quizás es su periodo!!
- No, carajo…..no lo es……mira!!!- Michael tomó una foto de parte de las piernas de Priscille para enviarsela a su madre y en cuanto Hilda la vió supo que esto era un gran problema para ellos.
- Maldita sea!!!!......qué hiciste?!
- Yo….no…..no....no....qué hago?
- Vistela rápido como si hubiera estado dormida y llama de inmediato a la ambulancia…….alerta a todo el servicio……..y deshazte de cualquier rastro que te pueda inculpar, limpiala de ser necesario y después llama a la ambulancia, entendiste?!- inquirió la mujer mientras despertaba a su esposo- no la muevas de lugar o cambies las sábanas, debe parecer algo accidental…….tu padre y yo vamos para allá.
- Si mami!!- Michael colgó la llamada y de inmediato se vistió e hizo cuanto le dijo su mamá, limpió a Priscille, incluso en la v****a, de donde provenía la sangre, le puso ropa interior y una pijama, sacó todos los juguetes sexuales que tenía, incluso los que no había usado, para guardarlos en la caja fuerte y despues bajó gritando con el teléfono en la mano para despertar al servicio mientras su llamada se conectaba a emergencias.
El hombre lucía verdaderamente asustado y en el fondo lo estaba pero no por su esposa sino por lo que pudiera pasarle a él si la policia intervenía en este asunto, afortunadamente la ambulancia no tardó en llegar a la residencia, sin embargo, la señora Eloise y su esposo no estaban convencidos de que lo que Michael le dijo a los paramédicos sobre como despertó al sentir humedad en su cama fuera verdad, lo conocian lo suficiente para saber que lo de Priscille no era algo natural o un accidente y por supuesto que ante esas sospechas, no pensaban dejarla sola.
La pareja caminó detrás de la camilla que llevaba a una palida Priscille con la intención de acompañarla al hospital pero Michael no dejaría que se involucraran metiéndole ideas en la cabeza a los médicos.
- No es necesario que nos acompañen......mejor háganse cargo de limpiar la recámara- sentenció con mucha firmeza colocando su mano sobre la puerta principal para que la pareja no pudiera dar un paso más.
La señora Eloise y su esposo se miraron entre si pero tratar de convencer a ese hombre era hablar con la pared así que dejaron que se marchara solo, por ahora.
- Por supuesto- respondió la mujer con una sonrisa- pero por favor, mantengamos informados, si?
- En cuanto pueda les avisare- pero esa respuesta necesitaba traducción y lo que realmente quiso decir es que no iba a tener tiempo de avisarles.
La pareja salió hasta el jardín siendo testigos del acto de esposo preocupado de Michael, quien, incluso en la ambulancia, tomó la mano de Priscille sosteniendola contra su pecho y tratando de llorar pero era imposible que alguna lágrima saliera de los ojos de ese sujeto.
- Me encargaré de la recámara- sentenció Kim, la empleada con la que Michael se acostaba.
- No, yo me encargaré!!!- intervino la señora Eloise sabiendo que cualquier rastro que pudiera ser útil para una posible investigación sería borrado.
- Pero el señor me pid.....
- A mi también me lo pidió y después de todo en ausencia de los señores soy yo la encargada de asignar las tareas...... así que yo me encargaré y tú vete a esperar la llamada del señor- exclamó la mujer alterada por lo que había pasado, pues nunca habian llegado a este grado de violencia.
Kim se quedó muda, y no tuvo más remedios que apretar los labios, ella había pensado que nadie sabía de su amorío con Michael, sin embargo, la única que no lo sabía en esa casa era la más interesada, así que acató la orden por temor a ser despedida.
Mientras tanto, la señora Eloise subió de inmediato a la recámara, quedando totalmente horrorizada por lo que ahí quedo, la cama parecía la escena de un crimen y fuera de eso todo lucía tan impecable que evidentemente alguien se había esmerado en limpiar y eso solo podía ser obra de Michael, ahí, era claro, que había pasado más de lo que el hombre decía solo esperaba que esto sirviera para que Priscille al fin dejara a ese desgraciado.
En el hospital, Michael no podía controlar sus nervios, sobre todo cuando Priscille fue ingresada de inmediato a urgencias y él tuvo que quedarse en la sala de espera sin poder dar su versión de lo ocurrido, no sabía que le había pasado y si esto tenía algo que ver con el salvaje encuentro que tuvieron pero le preocupaba pensar que alguien decidiera llamar a la policía si llegaba a sospechar que la mujer inconsciente era víctima de violencia, pues ahora no eran solo golpes que pudiera justificar.
- Hijo qué ha ocurrido?!- cuestionó Hilda en cuanto llegó, claramente preocupada por lo que pudiera pasarle.
- No lo sé......el maldito médico no me dejó entrar y explicarle!!!- repuso el hombre mordiéndose los labios.
- Pero qué pasó?!....... qué hiciste?!- Hilda sabía que esto era culpa de Michael pero necesitaba saber cómo podían explicarlo si alguien llegaba preguntar.
- Tuvimos sexo.
- Solo eso?!- pero Michael no podía engañar a su madre, ella lo conocía más que nadie y desde luego que paso algo durante ese encuentro para llegar al hospital.
- Fuí......es......tal vez me extralimite pero ella sabe como me gusta!!!- se excusó sin dejar de ver la entrada de la sala de urgencias- qué haremos?- cuestionó asustado.
- Por ahora esperar que nadie involucre a la policía, tú mantente tranquilo y finge que no sabes que paso.... grábate bien la historia que vas a contar porque te van a preguntar muchas veces esperando que te equivoques- Hilda estaba molesta con su hijo pero tenían que mantener la compostura para evitar que este problema terminara complicándose más.
La familia permanecio expectante mientras el personal médico iba de aquí para allá hasta que de pronto un par de oficiales se hicieron presentes ante ellos, Michael supo de inmediato que lo que tanto temían finalmente estaba sucediendo.
- Señor Michael Morgan......soy el oficial Curtis y mi compañero el oficial O'hara, quisiéramos hacerle unas preguntas- repuso un muy imponente hombre de color.
- Sobre qué?!......algo le pasó a mi esposa?!- indagó afectado pero no por la salud de Priscille.
- Podemos hablar- repitió el hombre.
- Me van a decir de qué se trata?!.....mi esposa está allá adentro y yo no sé que le ocurre y ahora ustedes vienen aquí sin darme una explicación.....por favor díganme que mi esposa está bien!- exigió bastante contrariado.
- Señor, nosotros también queremos saber qué le pasó a su esposa- repuso el otro oficial.
- No sé que le pasó......si eso es todo lo que desean saber pregúntele al médico, seguro él sabe más que yo.
- Señor, solo queremos conocer los hechos previos a que su esposa se desmayara- dijo el oficial Curtis.
- No...no sé.....no hay nada que decir, llegué a casa de una reunión y ella ya estaba dormida......me acosté y quise abrazarla pero me di cuenta que estaba mojada, era sangre y cuando intenté despertarla ella no reaccionó.....se había desmayado.....lo único que se me ocurrió fue llamar a urgencias......y lo demás bueno......supongo que pueden deducirlo.....pero si quieren corroborar mi historia llamen al comisionado Simon y al congresista Murray, ellos estuvieron conmigo en la reunión.
Los oficiales se miraron entre si, al parecer el hombre frente a ellos era alguien muy importante si se reunía con gente tan poderosa, sabían, a pesar de lo que el personal médico les dijo sobre un posible abuso, que aquí no habría mucho que hacer puesto que no tenían nada más que sospechas, a menos que Priscille corroborara la violencia con una denuncia y hasta que eso no ocurriera por el momento no tenian más opción que retirarse, sin más averiguaciones.
Michael miró a los oficiales retirarse, desde luego sospechaba que no habían quedado satisfechos y que seguramente averiguarian más, solo esperaba que a la estúpida de Priscille no se le ocurriera abrir la boca pues no estaba seguro que sus amigos intercedieran por él, sin embargo, por el momento no podía hacer otra cosa que aguardar para conocer el parte médico y crear así una historia creíble que, desde luego, debia asegurarse que su esposa respaldara.