8. Es mi única alternativa.

4832 Palabras
Elizabeth se alegró de que Priscille pudiera finalmente tomar esa decisión, ambas sabían que legalmente no podrían hacerlo, así que su única alternativa era recurrir a medios poco ortodoxos. Pero el tiempo no era su aliado en este momento, les quedaban menos de 36 horas para que Priscille abandonara el hospital y dado que Michael estaba muy informado de cada paso que daba era casi seguro que hubiera sobornado a alguien que la mantuviera vigilada y así él asegurarse que no hiciera nada que no debía. Así que Elizabeth tuvo que manejarlo como prioridad, regularmente esto era algo que le tomaba entre 5 y 10 dias planearlo y ejecutarlo, pero si Priscille regresaba con Michael las posibilidades de que pudiera abandonarlo eran casi nulas, por lo que paso casi toda la noche haciendo llamadas hasta que al fin todo quedo listo. Por su parte Priscille solo podía confiar en la señora Eloise y fue ella a quién llamó para comunicarle sus intenciones y para su empleada fue una gran noticia, saber que finalmente había decidido abandonar a ese hombre, e incluso se ofreció a acompañarla, sin embargo, Priscille sabía que no podía poner sobre aviso a Michael así que el matrimonio debia quedarse sino querian levantar sospechas. Y como una última opción, Eloise acordó llevarle a Elizabeth, través de su ahijada, dinero a Priscille para que pudiera contar con un respaldo y al menos asegurarse de tener comida mientras lograba encontrar un trabajo y eso era lo que tenía preocupada a Priscille, ella jamás había tenido que trabajar, nunca, desde que nació tuvo la necesidad de ganarse el sustento, jamás tuvo que hacer nada en la casa, ni siquiera sabía hacer un simple huevo, todo cuanto quiso lo obtuvo por lo que los cuestionamientos ya llegaban a agobiarla. - Ya esta todo listo......saldras mañana en la noche- anunció Elizabeth en cuanto entró a la habitación de la preocupada mujer. Priscille volteó a verla con el semblante totalmente asustado, ya era casi un hecho y las preguntas no la dejaban sentirse tranquila respecto a lo que iba a hacer. - Estás dudando, no es así?- cuestionó la enfermera caminado hacia ella para sentarse a su lado. - Es....yo....es..... - Es algo normal, en realidad muchas dudan antes de hacerlo y no puedo decirte que estes tranquila pero..... tienes que hacerlo. - Pero que voy a hacer?......de qué voy a vivir?.....no sé hacer nada y soy bastante inútil- repuso agachando la cabeza, pero a Elizabeth no le tomó mucho darse cuenta que esas palabras eran de Michael y no de ella. - No creo que seas inútil.....es más, pareces bastante inteligente, además no vas a llegar sin nada......te enviare con un viejo amigo mío, es muy confiable y ya tiene trabajo para ti. Priscille volteó a verla, Elizabeth estaba tan tranquila que parecía algo sin importancia, pero para ella no lo era, dejaría atrás todo lo que había conocido y lo que su familia había construido a lo largo de los años, su casa, sus posesiones, su patrimonio, todo quedaría en manos de Michael. - No sé si pueda irme..... - Por qué?!- pero Elizabeth no preguntó molesta o intentando obligarla a hacer algo que quizás no estaba lista para enfrentar, simplemente quería entender las razones para tantas dudas. - Mi familia......todo lo que han construido, mi casa.....todo lo que amo.....- exclamó Priscille con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas. - Eso lo incluye a él?- a la enfermera le parecía imposible pero necesitaba corroborarlo pues aunque a veces resultara inverosímil, a algunas mujeres en el fondo aún les guardaban amor a aquellos hombres que las violentaban. Priscille intento responder, sus labios se abrieron con total decisión pero de su boca no salió el menor ruido, no podía decir que si pues en el fondo se sentía aliviada cuando no estaba su esposo, cuando el llegaba tarde o pasaba todo el día fuera de casa, eran los mejores momentos para ella. - Entonces.....a qué te aferras? - A lo que mi familia me confío.....todo lo nuestro quedara en sus manos. - Puede quitartelo? - No....no..... él necesita mi firma para todo.....- sentenció extrañamente aliviada pues si bien Michael estaba al frente de la empresa sin su firma o su autorización, no podía hacer absolutamente nada. - Ves......ve esto como unas vacaciones, y cuando estés lista para regresar y enfrentarlo, hazlo. Sin embargo, eso no le daba la seguridad de llevar a cabo tan arriesgado plan, había muchas dudas y si, mucho miedo, miedo a ser descubierta y que eso solo provocara que Michael enloqueciera, miedo de que eventualmente la encontrará y furioso la obligara a regresar, miedo de estar sola y no poder salir adelante aceptando que tarde o temprano tuviera que volver. - No puedo obligarte a que lo hagas, sé que es algo difícil.....- repuso Elizabeth al ver tantas dudas reflejadas en la cara de Priscille- esto se puede cancelar sin ningún problema, solo piensa qué quieres para ti.....piensa si todo lo que te preocupa tanto vale tu vida, él no va a cambiar y no se quedará tranquilo hasta que acabe contigo de una u otra forma, la violencia no acaba.....nunca- y después la abrazó dándole un beso en la cabeza. Elizabeth sabía que era todo lo que podía hacer, simplemente ponerle en perspectiva la realidad de su situación y lo que eventualmente pasaría si continuaba a lado de ese hombre, la enfermera le ofreció una última sonrisa y después salió de la habitación, dejándola sola para que libre de cualquier influencia tomara la mejor decisión para si misma. Priscille se quedó sentada en la orilla de la cama, mordiéndose el labio con incertidumbre, no tenía idea a dónde iría o qué haria o con qué clase de personas terminaría, Elizabeth parecía confiable y lo que le mostró del grupo de personas que trabajaban con ella también, había un par de importantes abogadas y una asistente de fiscal, pero eso no la hacía sentir mejor, no era por falta de valor o razones para irse, era en realidad porque ella nunca había tenido una gran vida, si bien hizo viajes al extranjero siempre fue con todos los cuidados y en las mejores condiciones, hoteles de lujo o casas de su familia y amigos, con dinero suficiente para cualquier gusto o necesidad, pero después de graduarse se casó, sin trabajar ni vivir, y ahora debía dar un paso tan grande sin que nada ni nadie la respaldara. Eso estaba considerando, cuando el teléfono de la habitación volvió a sonar, sabía perfectamente quien era, solo podía ser una persona y por consecuencia se apresuró a responder. - Si?- repuso fingiendo que acababa de despertar. - Te desperté?!- cuestionó Michael con sarcasmo como si no supiera que ya pasaban de la una de la madrugada. - Si, pero no hay problema- desde luego que no iba a discutir sabiendo lo que podía provocar. - Qué has hecho?, por qué esa maldita enfermera estuvo toda la tarde contigo?!, no fui lo suficientemente claro al respecto?!......o es que simplemente no entiendes por las buenas?!- Priscille sintió un súbito escalofrío y miró a su alrededor como si él estuviera ahi, escondido en alguna parte de la habitación a la espera de soltarle otro golpe, volviendola pequeña y temerosa- contéstame......por qué paso la tarde contigo??- pero a pesar de lo calmo que estaba su voz era agresiva. - Hum.....tuve un ataque y tuvieron que medicarme, creo que la dejaron para vigilarme pero en cuanto desperté se fue. - Así lo espero, porque ya no quiero enfadarme más contigo, tenemos una cita con el comisionado en tres semanas y no me gustaría que lucieras toda horrible para ellos porque no sabes seguir una simple indicación. - Lo sé....lo sé.... pero yo no.....nunca. - Eso espero......ahora descansa, te llamaré otra vez y espero que contestes rápido. - Uhum. Y sin más Michael colgó, dejando a Priscille nuevamente asustada de lo que se dijo en esa llamada, pues cada vez que escuchaba las intenciones de su esposo la idea de que pensaba usarla como moneda se canje con ese asqueroso comisionado Simón se asentaba más en su mente, y sin importar cuanto se negara al final él terminaría imponiéndose y no quería ni imaginar lo que haría para obligarla. De nuevo la desesperación la obligó a levantarse de la cama, Priscille volvió a sentir que el aire le faltaba y en su ansiedad corrió hacia el balcón para tratar de recuperar el aire que le hacía falta, pero sin importar las intensas bocanadas que daba, era imposible que lo lograra pues su estado no era el resultado de la incapacidad de sus pulmones para funcionar. Y estando ahí, bajo las luces de la ciudad y la calma producto de la hora, el llanto amargo volvió a agobiar a Priscille, la mujer se sostuvo del barandal del balcón mientras el aire se llevaba sus lágrimas, tenía miedo si, miedo de tomar la decisión pero el miedo a que su esposo la matara era más fuerte, no podía quedarse a ver que pasaba o a esperar que Michael cambiara, tenía que irse y dejar todo atrás, al menos así conservaría la poca dignidad que tenía y tal vez con el tiempo regresar y recuperar lo que le pertenecía, pero por el momento su vida era lo más importante. Así que caminó de regreso a la habitación y abriendo la puerta de la habitación lo suficiente se asomó para ver si Elizabeth continuaba en la central de enfermeras, en realidad la puerta no se abrió mucho, además no tenía idea de que decir para que la enfermera acudiera a auxiliarla pues si simplemente la llamaba levantaría sospechas, no sabía en quién podía confiar o quién podía estar vigilando con la intención de avisarle a su esposo así que debía ser muy cauta, afortunadamente la vía se había desprendido lo que hizo que el suero comenzara a gotear en el piso, no era mucho pero al menos eso ayudaría. Sin embargo, no se atrevía del todo a ver más alla, por lo que lo fue haciendo lentamente hasta que alcanzó a ver a un grupo de tres enfermeras a la distancia, una de ellas era Elizabeth, desgraciadamente, estaba de espaldas y no podía verla. Y no tuvo más remedio que permanecer ahí, escondida como un ladrón esperando la oportunidad de que la enfermera volteara, desafortunadamente, eso no ocurrió de inmediato, Elizabeth parecía estar revisando unos expedientes y en cuanto acabo se levantó de su asiento y salió del campo de visión de Priscille, tardó en regresar y cuando lo hizo se enfocó nuevamente en la computadora, sin siquiera voltear a ver a otro lado. Salir y pedir que alguien fuera a revisar su suero no aseguraba que fuera ella quien lo hiciera, pero la hora comenzaba a avanzar y no podía darse el lujo de esperar la oportunidad perfecta así que respiró profundo y salió directo a la central apretando la bata entre sus manos por los nervios que le producía hacer algo que Michael le había prohibido pero si no quería terminar siendo, prácticamente, una prostituta, no había opción. - Dis....disculpen.....- pero el tono de voz tan bajo que usó no logró llamar la atención de las enfermeras- disculpen....disculpen- tuvo que acercarse más debido a que nadie parecía escucharla. - Si?!- una mujer joven preguntó sin siquiera levantar la vista pero al escucharla, Elizabeth volteó de inmediato topandose con una asustada Priscille - Se me zafó el suero.....alguien podría revisarlo, por favor. - Yo me encargo- repuso de inmediato Elizabeth sabiendo que quizas la mujer ya habría decidido que hacer. Rápidamente la enfermera tomó el expediente y caminó rumbo a la habitación, sin dirigirle la mirada a Priscille quien caminó lentamente detrás de ella, Elizabeth fue la primera en entrar seguida de la paciente y por su comportamiento parecía que no se toleraban. - Voy a hacerlo- exclamó apenas cerraron la puerta de la habitación con un nudo en la garganta que le produjo un incontrolable llanto. - Estás segura?!- cuestionó la enfermera tomándola de las manos. - Ssss.....si....ten..... tengo que hacer...lo- y el nerviosismo fue palpable nuevamente en su respiración. - Será hoy por la noche...... quédate tranquila y en cuanto pueda vendré para decirte que hacer...... debemos ser muy cuidadosas y precisas, si alguien se da cuenta......- sentenció con los ojos muy abiertos y asintiendo para hacerle saber el peligro que corrían- hoy iré por el dinero que necesitas y te traeré un uniforme de enfermera para que pases desapercibida cuando revisen las cámaras de seguridad......ten- y de inmediato le entrego un teléfono- es seguro, tiene un nuevo número y solo yo te enviaré mensajes, no me registres, solo contesta, si?! Priscille asintió, todo parecía muy rebuscado pero quizas era necesario, ahora solo pedía que su esposo no viniera y que ella no cambiara de opinión, Elizabeth se encargó de colocar la vía y con una sonrisa salió de la habitación, no podía estar ahi más tiempo pues de lo contrario levantaría sospechas, así que al día siguiente, continuó normalmente con sus actividades, las pequeñas pausas que hacía eran para enviarle mensajes y la hora exacta de su huida. A las 10:30 de la noche Priscille estaría ya en camino hacia su nuevo destino por lo que ella debía estar lista casi a las 8 de la noche, a esa hora saldría del hospital y en compañía de un sobrino taxista del señor Jeff la llevarían hasta la central de trenes donde Elizabeth la acompañaría hasta abordar, dandole las últimas indicaciones y los datos de la persona que iba a recibirla. Por lo que la entrega del uniforme de enfermera se llevó a cabo con la encargada de la limpieza quien lo colocó dentro de la funda que en teoría debia ser la almohada, durante sus rondas Elizabeth le entregó una cantidad cuantiosa de dinero, cortesia de la señora Eloise, que Priscille escondió bajo el colchón y después de la última comida, solo quedó esperar y rogar que Michael no apareciera. Pero el hombre se estaba conformando con llamarla cada cierto tiempo, afortunadamente Priscille respondió puntualmente, haciendo que el hombre se confiara además de que Elizabeth evitó estar más tiempo de lo necesario en la habitación para no ponerlo sobre aviso. Y el momento al fin llegó, Elizabeth le envió un mensaje para que se cambiara de ropa, diciéndole dónde debía dejar su ropa de hospital, y cuando Priscille le confirmo que estaba lista, un camillero la llevaría hasta la sala de ultrasonidos donde en teoría le realizarian el último estudio, pero ella jamás regresaría en esa camilla, lo unico que volveria era un viejo maniquí de práctica cubierto totalmente o al menos lo suficiente para despistar a cualquier vigia, y gracias a la hora nadie tendría ánimo para prestar atención, y después sería la señora de limpieza que de nuevo desecharía a la falsa Priscille. Esa era la parte complicada pues en el trayecto a la habitación se haría el cambio rápidamente para que Priscille saliera en compañía de la doctora de ultrasonidos como una enfermera más, si era algo ridículo, pero no había más opcion, lo único de lo que Elizabeth debía preocuparse era de mantener a todas las enfermeras y médicos del área ocupados y como regularmente era el cambio de guardia y entrega de turnos nadie les prestaría atención pero confiaban en ello para que funcionara, era todo lo que tenian. La primer parte del plan funcionó perfectamente, Priscille fue trasladada hacia el área de ultrasonidos donde todo transcurrió como debia, posteriormente cambio de ropa con la muñeca vistiendo el uniforme de enfermera para después salir acompañada de la doctora mientras fingía revisar un expediente, la indicación era muy clara, ella en ningún momento podía levantar el rostro, no hasta que estuvieran fuera del hospital, así que ambas abandonaron el piso y se dirigieron al consultorio de la doctora donde le entregaron una bolsa con los documentos que necesitaba para el viaje y ahí permaneció cerca de 30 minutos y después ambas volvieron a salir como si ya estuvieran listas para irse a casa. Bajaron en la misma situación, Priscille no levantó el rostro fingiendo que iban platicando y bromeando tranquilamente, al menos eso hizo la doctora pues Priscille apenas y respondía por los nervios que la carcomian aferrándose a esa necesaria concentración que requería para no mirar a su alrededor. La doctora la dejó un piso antes de llegar a la entrada principal, pues ella bajaría en el sótano donde estacionaba su automóvil para no levantar sospechas y al saberse sola su enfoque comenzó a flaquear, los nervios aumentaban con cada paso lento que daba y su respiración se iba haciendo más rápida, mientras que la entrada que aparentemente estaba a escasos pasos se hacía cada vez más lejana para ella que no dejaba de mirar con nerviosismo a su alrededor temiendo encontrar a ese atemorizante rostro. Y en este punto los nervios comenzaron a traicionarla, levantó la cabeza apenas un par de veces pero lo suficiente para que los demás la notaran aunque no lo necesario para ser captada en las cámaras, afortunadamente era la hora de cambio de guardias y la gente no le prestó mucha atención a quien parecía una simple enfermera más. Pero eso no evitó que apresurará el paso, en realidad estaba a punto de echarse a correr para asegurarse que llegaría a la meta pues temía que su esposo no tardara en descubrirla si llamaba a la habitación o si cualquiera de estas persona que la volteaba a ver resultaba ser un espía de Michael o eso era lo que sus nervios la hacían creer, sin embargo, fue lo suficientemente sensata para darse cuenta que su premura solo estaba llamando más la atención así que disminuyó sus pasos escondiendo sus temblorosas manos en la chaqueta, sin perder de vista la entrada. Hasta que el aire comenzó a sentirse con más intensidad, haciendola consciente de que la meta estaba cada vez más cerca y permitiendo que esa refrescante brisa se llevara las lágrimas que agobiaban sin piedad su rostro. - Se encuentra bien?!- cuestionó un corpulento hombre sosteniendola del brazo, era el vigilante de la entrada que ya había notado el extraño proceder de Priscille desde su salida del ascensor, y aunque era un hospital y las reacciones de temor o desesperación eran algo común no lo eran en el personal médico así que desde luego que alguien lo notaría. La mujer tragó grueso y no pudo más que apretar su puño dentro de su chaqueta, ya había llegado hasta aquí, a escasos pasos de cruzar el umbral de la puerta como para arruinarlo todo y haciendo acopio de todas su fuerzas, respiró profundo para intentar contener su nerviosismo y sin levantar la cabeza simplemente respondió. - Si.....fue un largo dia.....y acaban de pedirme el divorcio- sentenció con una fingida sonrisa que el guardia vió sin perder de vista el semblante de la mujer, al menos lo que se le permitía ver. - Lo lamento.....pero si no se encuentra bien, quizas sea mejor que llamé a alguien- el hombre parecía no querer dejarla ir y el tiempo no era un aliado de ella en este momento en el que en cualquier segundo Michael podia cruzar la entrada. - Ya hay alguien esperándome......- dijo alejando su brazo ligeramente del agarre del policía. - Está segura?! - Si.....aunque le agradezco su preocupación, si me quedo aquí dudo que mi esposo cambié de opinión- y conforme tenía que mentir, una extraña ansiedad se iba apoderando del cuerpo de Priscille. - Si, sé lo que es eso..... lamento que este pasando por algo así pero creo que es lo común para nosotros los que vivimos en el hospital- y el ignorante hombre seguía atrasando la huida, desgraciadamente, mostrarse nerviosa solo levantaria más sospechas. - Las letras pequeñas...... gracias por su preocupación, pero ya es hora de acabar con esto- y sin más le brindó una ligera sonrisa y continuó su camino sin dar tiempo para más. Afuera el carro del amigo del sobrino del señor Jeff ya estaba estacionado y el hombre no hacía más que ver a su alrededor con desesperación, pues a pesar de que solo habían pasado escasos segundos, cualquier retraso era peligroso, muy peligroso. Pero en cuanto logro reconocerla en medio de tantos rostros, caminó a su encuentro, Priscille no tenía idea de quien la recibiria a la salida pero si sabía que el conductor la llamaría por su nuevo nombre, Bree. - Bree!!- llamó el hombre con una nerviosa sonrisa- ya esta todo listo- sentenció tomando su bolsa de inmediato. Priscille asintió y subió al asiento del copiloto mientras el conductor guardaba su bolsa en la parte trasera del automóvil y después corrió a tomar su lugar, pero mientras ambos se colocaban el cinturón, ella vislumbro a una persona conocida, afortunadamente no era su esposo pero si su cuñada Susane, quien iba llegando al hospital, y ella ya se había dado cuenta de la curiosa situación de Priscille, no le había tomado demasiado reconocerla pero tampoco parecía sorprendida o confundida. Las dos mujeres se miraron fijamente por escasos segundos, tratando de procesar este inesperado encuentro, Priscille fue invadida por el miedo haciendo que cuerpo comenzara a temblar nuevamente, en tanto Susane miraba con curiosidad al conductor y las reacciones de su cuñada, sin embargo, era una mujer inteligente y al notar el nervioso estado supo lo que estaba ocurriendo, y contrario a lo que pudiera pensar cualquier persona, ella no hizo el menor intento de acercarse al automóvil, se limitó a asentir con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sabía que esto era una huida y no podía culpar a Priscille por hacerlo, conocía a su hermano y sin importar lo mucho que lo negara, ella sabía que su cuñada no llevaba un buen matrimonio y que eventualmente terminaría perdiendo la vida a manos de Michael, por lo que no pensaba intervenir. Los ojos de Priscille se llenaron de lágrimas al descubrir a este nuevo e inesperado complice, pues era consciente de que su cuñada bien pudo detenerla en cambio la despedía con beneplácito y tranquilidad, y con un ligero movimiento de cabeza agradeció ese gesto. El encuentro duró escasos segundos, pues Susane continuó su camino como si nada hubiera pasado, como si aquella persona fuera una perfecta desconocida para ella, en cambio Priscille la miró alejarse esbozando una tenue sonrisa mientras el vehículo se ponía en marcha, viendo a través del espejo retrovisor como el panorama se hacía diminuto. - Señora- exclamó una voz desde el asiento trasero del automóvil, haciendo que Priscille intentara voltear de inmediato- no voltee......no voltee por favor! Priscille sonrió con alegría, deseando poder mirar hacia atrás, feliz por saber que la única familia que aún le quedaba la acompañaría en este difícil momento pero sabía que simplemente era imposible así que se obligó a mirar hacia enfrente, dejando que la señora Eloise siguiera escondida. - Qué hace?!- cuestionó la mujer confundida por esa presencia que si bien la reconfortaba no era muy prudente. - Quería despedirla.....pero descuide, me bajaré más adelante, seguiremos con el plan y mi esposo y yo estaremos en un lugar bastante concurrido para que nadie sospeche. La señora Eloise extendió su brazo hacia adelante, tomando sutilmente a Priscille de la mano, dándole un fuerte apretón, mientras ambas derramaban un par de lágrimas. - Cuidese mucho, por favor. - Qué va a ser de ustedes?!- ese era un pendiente que agobiaba a Priscille, después de todo lo que habían hecho por ella, el que ni siquiera fuera capaz de defenderlos, la torturaba. - Ya encontraremos trabajo, señora- indicó la señora Eloise aparentemente tranquila pero sabian que por su edad ya era algo complicado. - Vayan a la casa de Millie, ahí el mayordomo sabra que hacer y podrán recibir un sueldo del fideicomiso que dejo la tía de mamá.....expliquenle lo necesario. No era mucho, pero al menos tenía la convicción de que ahi estarian tranquilos sin que Michael pudiera hacer algo al respecto, después de todo eso nada tenía que ver con las propiedades que le pertenecian a Priscille, Millie era la tía abuela de su mamá quien le dejó un fideicomiso que nunca usó y que ahora serviría para pagar el salario del matrimonio asegurando su estabilidad y también serviría como una fachada para evitar las sospechas del hombre. - Claro que si señora, muchas gracias.....pero preocupese por usted, no dude por favor, continue- la señora Eloise temía que Priscille pudiera arrepentirse y regresar sin embargo, esta era la única alternativa que tendría y no podía desperdiciarla. Priscille asintió aferrándose un poco más a la mano de su fiel empleada, no iba a negar que tenía miedo pero regresar ya no era una opción. - La queremos mucho.....y cuando este lista, estaremos aquí para usted. Fue lo último que la señora Eloise pudo decir, ella ya había llegado a su destino y no podia acompañar a Priscille como hubiese deseado, el plan era muy claro al respecto por lo que su esposo y ella debían estar en un restaurante al menos hasta que se confirmara su huida. Un último apretón antes de que el vehículo se detuviera en un oscuro sitio donde la empleada tuvo que bajarse a escondidas y alejarse sin mirar atras, dejando que Priscille continuara su camino sola. La siguiente parada era en la casa del conductor, en dónde Priscille debía cambiarse de ropa y colocarse una falsa barriga de embarazada y lentes de contacto, además de cambiarse el peinado y usar lentes de lectura, para después dirigirse a su último destino en Portland. Y esa era la estación del tren en dónde ya la esperaba Elizabeth con una maleta y su boleto de viaje, eran casi 8 horas de viaje desde Portland hasta Vancouver pero dadas las circunstancias era una mejor alternativa que viajar en avión pues Michael podría localizarla y seguirla gracias a las cámaras de seguridad, averiguando con más facilidad su destino y lo mismo hubiera sucedido en un viaje en autobús en donde el trayecto era mucho más largo y podían detenerla en cualquier momento. - Recuerda hacer todo tal cual lo planeamos, no demores en hacer los cambios y siempre trata de evitar las cámaras, lo más posible......ya dí aviso a la persona que te va a recibir, recuerda que ahora eres Bree Porter de Westminster Colorado, y eres sobrina del doctor Gaspar Trembley, entendiste?- Priscille asintió mientras se aferraba a las manos de Elizabeth- al llegar allá no hables con nadie, no preguntes por nadie y espera a que él llegue, en la maleta ya va su fotografía y la información más necesaria además de un poco más de dinero...... envíame correos solo si es necesario de lo contrario no te comuniques conmigo ni con nadie más, yo seguire al pendiente de ti, no voy a dejarte sola.....sigue todas las instrucciones, es preciso para evitar que te encuentre. Priscille apenas y sabía lo más importante para iniciar su huida, todo lo demás estaba puntualmente explicado en la libreta que acompañaba su escueto equipaje y era por su propia seguridad, no era preciso aturdirla con excesivos detalles que aumentarian su nerviosismo. - Gracias por todo.....yo no sé....no sé que habría sido de mi si no te hubiera conocido. - No quiero que seas un número en una estadística, eso es todo, ahora es tu vida la que debes proteger...... sé que no va a ser fácil y que habrá veces que sentiras miedo y querras regresar pero no lo hagas, aquí no estaras a salvo, al menos no hasta que sientas que puedes enfrentar a ese hombre..... cuídate mucho y no mires atrás. Priscille y Elizabeth se dieron un último abrazo, no podían negar que estaban preocupadas, era un largo viaje hasta su destino y cualquier cosa podia pasar en el trayecto, sin embargo, debian confiar, era lo único que les quedaba. - Abordaje del tren con destino a Vancouver, expreso, por plataforma 2- fue el anuncio que se escuchó en el altavoz, indicándole a la mujeres que el momento había llegado. - Es hora...... estarás bien, esto es por tí!- repuso Elizabeth sabiendo que necesitaba de todo el apoyo para no arrepentirse. Priscille le dió un último abrazo, tenía los ojos llenos de lágrimas pues jamás imaginó que algún dia terminaría huyendo, pero bien lo dijo Elizabeth, no había más opción, así que se aferró a su inesperada amiga antes de tomar su pequeña maleta y abordar el tren. Elizabeth no se movió de la plataforma, permaneció ahí hasta que el acomodador llevó a Priscille a su asiento después de revisar el boleto, la enfermera le brindó una última sonrisa a la angustiada mujer que la veía por la ventanilla y finalmente el tren se puso en marcha, permitiendoles un último gesto de adios con la mano y quizás un nuevo inicio.
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