Me levanto cada mañana con la desoladora realidad de que Pavel aun no está con nosotros. Su desaparición en el océano sigue sin tener explicación, y cada día que pasa, el temor en mi pecho se hace más profundo. Después de su desaparición, pensé que las cosas no podrían empeorar, pero me equivoqué. La exsuegra, una mujer implacable con la que nunca he tenido una buena relación, se presentó en mi puerta con un documento legal en mano que le otorgaba la patria potestad de los niños Bulakhov. Según ella, como Andrew fue reconocido legalmente como hijo de Pavel, la patria potestad le correspondía a ella. No pude evitar sentirme abrumada y desesperada. Intenté explicarle que los niños eran lo único que me quedaba de Pavel, que no podía arrebatármelos de esa manera, -Andrew es mi hijo, ¿acaso

