«Durante mis veintiún años he visto partir a mis seres más queridos; reconozco el dolor punzante del adiós definitivo, pero nunca imaginé ser yo quien partiese. Nunca me preocupé en pensar qué sentiría mi abuelo Hoffman o mis padres si hubiese sido yo quien partiese primero. Si esa partida ocurriese en este instante mi amiga Lyn sería mi única doliente sincero, porque a Carlos Alberto lo acabo de descartar. Él solo lamentaría el no haberme hecho suya antes de fallecer. No soy una idiota. Sé lo mundano que puede ser y de su propia boca ha confesado las muchas veces que ha besado y de seguro, amado como hombre a tantas mujeres. Afortunadas o no, fueron suyas… — Sus pasos la llevaron al pie de la terraza. La vista es paradisiaca. La construcción forma parte del mejor urbanismo de la parte cen

