Esa era mi realidad: Sin testamento estaba en la calle. Y me di cuenta de ello cuando al entrar a las oficinas previas al edificio residencial muchos de los encargados ni siquiera se tomaron la molestia de saludar. Siempre alardeaban al verme llegar y hacían bromas sobre mis pinturas que serían subastas en Japón o en New York, uno de mis grandes sueños. Antes de que mi abuelo muriera, lo había considerado. No me hubiera caído nada mal unos meses en New York aprendiendo nuevas técnica ¿y por qué no? ¿Tramitando mi primera exposición de arte en suelo americano? Mi amiga Lyn se había unido en mi sueño, incluso hasta me ofreció una de las propiedades de su hermano en un prestigioso sitio NewYorkino cerca del central Park. La entrada estaba congestionada, una camioneta de la policía de investig

