Gotas gruesas y amargas de lágrimas ruedan sin control por mi rostro, dejando un rastro salado que arde en mi piel mientras el dolor profundo e insoportable se apodera de cada rincón de mi ser. —Bex… —pronuncia mi nombre con voz entrecortada. Salgo precipitadamente de esa habitación y, con pasos acelerados y torpes bajo los escalones de mármol frío que parecen interminables bajo mis pies inseguros, aferrándome al pasamanos para no desplomarme por completo. Puedo sentir su presencia angustiante siguiéndome; viene detrás de mí con pasos apresurados, lo sé por el eco de sus pisadas que retumban en mi cabeza, y lo confirmó cuando llego a la sala, con manos temblorosas agarro mi cartera que descansaba sobre el sofá. —Bex, tienes que escucharme, por favor, necesito explicarte todo lo que pa

