“¿Es premiado en mayor medida el que sabe esperar o el que decide buscar?”
AMBROSE
Siete días, siete maldito días y no había respuesta. El plazo vence en menos de ocho horas y mi casilla personal sigue sin recibir lo deseado, no hay mensaje que confirme o rechace, no hay mensaje con razones, no hay mensaje con excusas ¡Nada!
En momentos como este me gustaría contar con la paciencia que a muchos les sobra puesto que, aunque el mundo admire mi temple, para nada es sinónimo de saber esperar y encontrar el gusto en ello. Esta templanza se construyo a base de reglas que yo impongo y los otros respetan sin importar que. Odio no obtener los resultados que deseo en el momento en el que lo deseo, odio que las personas tengan semejante poder para con mis tiempos y mis necesidades.
Mi vitrina de licores ha sido saqueada, al menos, quince veces en siete días y ni así puedo retirar el trago amargo que me produce ver como mi plan perfectamente armado tambalea cuando apenas se comienzan a construir los cimientos.
La pila de pendientes crece, sin quererlo, sin poder evitarlo, y mi ansiedad se dispara. El día se me va tamborileando los dedos sobre la laptop, reiniciando una y otra vez mi correo electrónico, esperando encontrar allí algún cambio de un segundo a otro y cuando el horario estipulado se acerca, el resultado sigue siendo el mismo…nada.
-¡Malditos sean todos!-
No han tenido ni siquiera la decencia de rechazarme con un poco de estilo, de darme motivos para un no, de explicarme ¡¿Quién mierda se cree que es ese viejo?! ¡¿Quién mierda se cree que es ella?! Les estoy dando la oportunidad de sus vidas, al menos en el corto plazo, y no tienen la deferencia de decir que no aceptan porque no están a la altura.
-¿Señor?-
Corro la atención de mi laptop para enfocarla en una muy pálida Aurora y me tomo dos segundos para escanearla, algo no está del todo bien con está mujer, pero ahora mismo no tengo tiempo de preocuparme por ello.
-¿Qué pasa?-
Empuja un poco más la puerta, permitiéndome ver la figura femenina que se esconde tras su espalda y asiento sin necesidad de mayores explicaciones.
-Puede pasar-
La pelinegra da unos cuantos pasos en mi dirección, pero lejos de ingresar a mi oficina de inmediato se planta frente a mi secretaria y le hace la pregunta que no me interesó hacer, la respuesta se diluye en mis oídos cuando un atisbo de su perfume llega hasta mis fosas nasales y me marea. Observo como abre su bolso y saca algo para entregárselo a Aurora, mientras intento dilucidar que aroma extraño es ese que utiliza y porqué me nubla la mente cada vez que lo siento; es como una mezcla extraña de cítricos y mar, suave y fresco, embriagador y desconcertante.
-Deberías ir al médico cuando termine tu turno, tienes un solo cuerpo y debes cuidarlo si deseas ser funcional-
Aurora le sonríe como nunca me sonrío a mi en los años que lleva trabajando aquí, recibiendo el gesto de vuelta. Otro golpe que no esperaba recibir.
-¿Puedo ofrecerle algo de beber Señorita Martin?-
Ella rechaza educadamente y mi secretaria se despide, olvidando por completo preguntarme si yo deseo algo también. Podría haberme enojado mucho si el aroma que hace segundos me llegaba a cuentagotas no me hubiese abofeteado los sentidos de cerca.
-Señor Wood-
Veo su mano estirada desde el otro lado del escritorio, esperando ansiosa encontrarse con la mía sin obtener respuesta. Veo su rostro desencajarse un poco, tal vez esperando por mi cortesía y una invitación a tomar asiento, y lo intento, pero las palabras parecen haberse perdido en algún sitio desconocido.
-¿Se encuentra bien?-
Investigue cada maldito detalle de su vida. Se que come, que bebe, cuanto mide, que talla utiliza, quienes son sus amigos, tengo fotografías de ella en todas las poses posibles, pero debo admitir muy a mi pesar que nada de lo que llegue a estudiar sobre ella le hace justicia a la divinidad que me mira de frente en este momento. No encuentro una solo fotografía en mi memoria que iguale a la que han captado mis ojos ahora mismo.
-Si, le pido… disculpas-
Paso el trago amargo de romper mis propias reglas personales y extiendo la mano hacía ella, cumpliendo por fin con el protocolo mínimo de la educación.
-Tome asiento Señorita Martin-
Hace lo que le pido sin pensarlo un segundo, extendiendo la carpeta que yo mismo le entregue a su padre y tío hace una semana y sacando otra diferente, una que me da esperanzas y un poco de calma también.
-Lamento haberlo hecho esperar hasta último momento. Su propuesta, si bien es interesante, tiene muchos blancos que necesitaba abordar de manera exhaustiva con los profesionales pertinentes-
Le entrego toda mi atención, maravillado por la forma en la que sus labios llenos se mueven con total delicadeza.
-Continue-
Abre ambas carpetas y un mechón rebelde le acaricia la mejilla sonrosada, provocando en mí una sensación que no se identificar.
-Como primer punto. Los plazos estipulados son en base a sus necesidades, lo comprendo, pero es casi un imposible poder realizar un trabajo adecuado y eficiente en el lapso que se nos brinda. La seguridad en cualquiera de sus formas es adaptada a cada cliente, por lo que fuera del tiempo que ha planteado se necesita un extra para realizar un paneo general de la situación y, posteriormente, elaborar un plan personalizado-
Asiento, recibiendo la carpeta que traía con ella y siguiendo con la mirada el punto en el que su dedo índice se posa.
-Puede observar en estás graficas simples que he diseñado para usted, un análisis del daño que podría llegar a tener en cuanto a seguridad digital y aquí viene el segundo punto, los costos y plazos se van a adaptar y ajustar correctamente cuando conozca en profundidad los números y problemas a los que debo enfrentarme realmente-
Me sorprende la perfección, los números casi exactos, la dedicación y la seguridad.
-¿Esto tiene que ver con dinero? Puedo observar que el número preliminar que me presenta casi dobla el que, en un inicio, ofrecí-
Su rostro se arruga apenas un microsegundo antes de volver a la mascara con la que entro.
-Esto no tiene que ver un 100% con el dinero, aunque claro que los costos van a variar dependiendo la dimensión del inconveniente. Esto tiene que ver, sobre todo, con el lapso imposible que usted plantea. Somos una empresa en crecimiento Señor Wood, pero eso no significa que nuestro trabajo sea menos que perfecto y no deseo empezar a arruinarlo con está sociedad-
El tono de su voz no se elevo en lo absoluto y aun así pude notar una leve molestia, casi imperceptible para los oídos idiotas, para quienes no saben donde y cuando prestar atención.
-¿Qué necesita con exactitud?-
Extiende la carpeta que le entregue a su padre y señala las correcciones que realizó.
-Cayden y Alan firmaron un contrato de confidencialidad, por lo que la información que usted entrego en la reunión que mantuvieron no me fue revelada. En primera instancia necesito conocer en profundidad la gravedad de la situación, cual es el problema real, donde cree que se origino y como desea abordarlo realmente-
Me cuesta disimular la sorpresa que me genera lo que dice y puedo ver que ella lo nota.
-Somos profesionales Señor Wood, respetamos lo que firmamos. Ser familia no abre la puerta a violar la privacidad de nuestros clientes-
Pocas personas en esté mundo pueden darse el lujo de decir que logrado algo parecido a sorprenderme y ella llega con su perfume hecho para enloquecer y me deja sin palabras desde el primer día.
-Usted nos ha otorgado una semana para entregar nuestros términos y lo hemos hecho, le concedo tres días a partir de mañana para leer la carpeta más allá de los gráficos y concertar una reunión con mi equipo para explicarse un obtener un trato justo si es que este no se lo parece-
Abandona su asiento y me ofrece la mano.
-Espero su llamado Señor Wood-
Gira sobre su eje y se retira de mi oficina sin más. Su perfume perdura en la habitación durante larguísimos minutos en los que no me muevo en absoluto, para cuando reacciono Aurora se ha ido y se ha llevado el sol con ella y puedo notar, con enorme perturbación, que tengo una sonrisa dibujada en los labios.