“El fin justifica los medios y avala el esfuerzo”
Normas, normas, normas. Desde siempre y hasta siempre. No sonrías, no compartas, no te inclines, no ruegues, no repitas, no insistas.
Desde pequeño fui preparado para una vida siendo el adulto que todo lo puede, el rey al que todos temen, el que nada pierde, al que nadie se le resiste y me lo creí, sus palabras han sido mi mantra desde que tengo uso de consciencia y memoria.
Él era mi guía, mi centro, mi luz, incluso aunque todo a su alrededor gritará oscuridad. No era papá, nunca lo fue, pero Frederick estaba ahí y con eso me bastaba para seguir a pesar de todo.
No fue hasta hace poco más de nueve años que comencé a verlo con otros ojos, con los que muestran la realidad. No fue hasta que lo encontré en la cama de una de mis amigas de la universidad, una con la que yo me acostaba con bastante frecuencia y que, siendo sincero, me gustaba demasiado, que comencé a verlo como el gran hijo de perra que es.
“Estabas enamorándote de una trepadora”
Fueron las únicas cinco palabras que dijo alistándose para irse. No hubo mirada de arrepentimiento, no hubo disculpas, discursos baratos sobre la moralidad, negación de hecho evidente o algún pedido sobre no hablar con mi madre al respecto y es que, claro, Daphne le importaba una tonelada de mierda y si ella se enteraba o no era algo que lo traía sin cuidado.
Ese mismo día, luego de recorrer en silencio gran parte de la ciudad, llegue a mi hogar y me desquite con el tablero de ajedrez que atesoraba por ser el único lazo que existía entre nosotros y, mirando las piezas esparcidas por toda la habitación, me reí como lo hace un loco porque no fue hasta ese preciso momento que fui capaz de entender que él siempre me enseño su verdadera cara… era yo el idiota que no lo quería ver.
Siempre estuvo ahí, enseñándome con sus consejos pasivo-agresivos que estaba compartiendo ADN con un ser que no podría llamar humano y aunque intenté no seguir su camino, por mi venas corre la misma sangre inmunda y una vida de enseñanzas que ya no puedo frenar o tal vez, después de todo, ya no quiero; y eso me hace mucho peor, para su desgracia y la de muchos.
-Señor, está todo listo para comenzar-
Cerré ese capitulo mental en un instante y asentí hacía mi secretaria, parándome y dejándola atrás de inmediato, tratando de controlar los latidos erráticos de mi corazón. Tenía un buen presagio sobre este día y casi lo sentí cumplirse cuando vi quienes estaban sentados en la mesa esperándome, aunque me decepciono un poco no verla sentada a ella junto a su padre.
-¡Buenos días! Espero no haberlos hecho esperar demasiado-
Todos se pararon a mi llegada, todos excepto Frederick por supuesto.
-Señor Wood, es un honor para nosotros estar aquí. Pero debo admitir que me tiene un poco confundido su repentino interés en nuestro negocio-
Cayden Martin, un empresario que escalaba en el rubro de la informática a pasos agigantados gracias al cerebro de su hija, me sonreía cortes mientras su hermano Alan me observaba con una admiración que me asqueaba completamente. Quería arrancarles los ojos con un abrecartas y desaparecer los míos, puesto que eran el motivo por el cual no dejaba de mirarme con ese brillo idiota.
-Bueno Señor Martin, entiendo que es un hombre que últimamente posee una agenda un tanto ocupada y no es mi intención robarle mucho tiempo-
Tomé asiento, logrando que todos me imiten, y abrí una carpeta idéntica a la que todos poseían.
-Respondiendo a su pregunta, Señor Martin, su empresa se encuentra en expansión y la nuestra en la búsqueda de una red tecnológica de seguridad que cubra nuestra información eficazmente. Hemos recibido una serie de ataques a nuestro centro bastante preocupantes y no han sido tratados de la mejor manera por la marca que contratamos en un principio-
Le di la orden a mi secretaria y la pantalla a mis espaldas se encendió, proporcionando apoyo visual a lo que acababa de decir. Si algo me enseño Frederick es que, siempre causa más impacto tener y utilizar este tipo de recursos a la hora de enseñar un punto.
-Antes de proseguir y comenzar formalmente con el motivo principal de esta reunión, en las primeras tres hojas de la carpeta que todos tienen enfrente encontraran un contrato de confidencialidad que pueden leer con suma tranquilidad y luego firmar. En dicho contrato se les resalta que está terminantemente prohibido divulgar el motivo de esta junta, concretemos o no la unión de nuestras empresas. Con esto no estoy diciendo que desconfío de ustedes, no estarían aquí de ser así, pero me gusta ser precavido-
Mi vista estaba puesta en los hermanos Martin, pero de reojo pude ver como Frederick firmaba cada hoja sin siquiera leer su contenido, tal como yo mismo lo había previsto, y nuevamente llame a mi secretaria para que retire su carpeta y la archive a toda prisa. El todopoderoso Frederick Wood había roto una de sus reglas de oro, no firmar ningún papel antes de leer y releer, sin embargo, nuestros invitados si lo estaban haciendo y decidí que, por un bien mayor, les iba a regalar el último atisbo de paciencia que me quedaba el día de hoy a ellos.
Luego de lo que me pareció una maldita eternidad, Cayden y Alan firmaron el pequeño contrato y se lo entregaron a mi secretaria.
-Me intriga de sobremanera la verdadera razón por la cual estamos aquí, no vamos a desmerecer nuestro trabajo de ninguna forma, pero somos una empresa en crecimiento, hay muchas que tienen la experiencia y el prestigio necesario dentro del rubro y son más adecuadas para este tipo de proyectos-
Cayden Martin puede pasar por la persona más amable del planeta sin problema alguno, pero todos saben que son los de rostro apacible los peores dentro de la industria y fuera de ella también.
-Esta en lo correcto Señor Martin, hay muchas empresas que llevan años dedicándose a la seguridad cibernética, pero son esas mismas las que me han fallado y es una de las razones por las que elijo seguir por esta vía-
Los ojos de ambos están fijos en mi persona y me distraen por uno segundo, tal vez dos.
-Sin embargo, no es esa mi mayor motivación. He visto y seguido sus trabajos, los he estudiado y analizado, y considero que son la mejor opción en este momento. Han lanzado una red de seguridad que parece no tener fallas y es lo que quiero y busco ahora mismo-
Frederick tenía la vista fija en Alan, quien intentaba no parecer perturbado por encontrarse en la misma habitación de quien supo ser el esposo de su amante.
-Estamos muy orgullosos del trabajo realizado y estaremos encantados de ofrecer nuestros servicios, pero debe saber que la principal artífice de nuestro éxito es Athena y no podemos ni queremos tomar ninguna decisión sin antes consultarlo y analizarlo con ella-
Mi padre desvío su mirada, gélida como nunca, hacía mí y le sonreí. Odia trabajar con novatos y mucho más odia trabajar con novatos que comparten ADN con el hombre que le robo su trofeo más preciado, pero lo que menos le gusta de la situación es que no tenía ni tiene idea de absolutamente nada de lo que sucede en está habitación.
-Soy plenamente consciente del trabajo que realiza la Señorita Martin, puedo darles una semana para hablar con ella y tomar una decisión. En la carpeta tienen una propuesta, que por supuesto no pueden divulgar, el trabajo a realizar y los plazos ideales, junto con un análisis de riesgo y las clausulas que ambas partes deben firmar en caso de cualquier eventualidad. Si algo no es de su agrado lo podremos evaluar y modificar en base a nuestras necesidades y las suyas, mi equipo legal está a su entera disposición en caso de requerirlo-
Los hermanos asienten complacidos, llenos de ese tipo de confianza que se le entrega al oponente para que se sienta seguro antes de caer en la trampa.
Ambos se retiran luego de acordar tener la respuesta en el plazo estipulado, con un último requerimiento de mí parte, tener a Athena Martin sentada en mi sala de juntas. La planta que no ha emitido sonido tuvo la decencia de respetar la cordialidad y, como predije en mi cabeza, se acerco y me analizo algunos segundos antes de comenzar a soltar su veneno.
-¿En qué momento entre anoche y está mañana te has vuelto completamente loco Ambrose? ¿Debo llamar a Sebastián y pedirle que te interne?-
No me moví ni un solo centímetro, tenía todo tan calculado que incluso pude ver venir el golpe antes de que lo diera.
-Es mi empresa Frederick, puedo hacer con ella lo que se me venga en gana. Yo la levanté cuando decidiste desaparecer, yo la puedo arruinar si lo deseo-
Me hubiese encantado tener un fotógrafo para poder captar segundo a segundo como su rostro se desfiguraba.
-No es tu empresa, sigo siendo el mayor accionista y desde ya te digo que, no pienso aceptar que metas a ese hombre dentro de este edificio-
Claro que no lo iba a permitir y claro que me importaba muy poco.
-Pues me da mucha tristeza por ti Frederick, pero has roto una de tus reglas principales y con ella también lo único que te ataba a esta empresa-
Pude ser testigo presencial de todas las emociones que cruzaron su mirada, hasta llegar a la ira y luego la confusión y pude haber visto como estallaba si mi secretaria no ingresaba con una copia del contrato firmado por él mismo sellado por un escribano y acompañado de un cheque bastante generoso que decidí entregarle.
-Aurora, entrégale la carpeta a Frederick-
Mi secretaria hizo lo que le ordene y se retiro sin decir una palabra, me gustaba eso de ella. Nunca hablaba si no se lo pedía.
-Me acabas de vender el total de tus acciones, puedes comenzar con la búsqueda de cruceros para viejos solteros y jubilados. A partir de este momento dejas de pertenecer a Wood Company, tienes dos días para retirar tus pertenencias y entregar todas tus credenciales y sus copias a mi personal de seguridad. Se te otorgará un permiso como visitante cuando salgas de este lugar, el cual solo tiene cuarenta y ocho horas de vigencia, solo podrás subir a presidencia con mi autorización previa sin excepciones y una vez que finalicen las cuarenta y ocho horas todo lo que no hayas retirado me pertenecerá-
No espere para ver su reacción, tenía claro que debía asimilar lo que acababa de hacer. Me hubiese encantado recordarle una de las tantas frases que él me repetía cuando perdía a uno de sus juegos, pero no podía hacerlo porque en este caso el alumno no supero al maestro… lo aplasto.