Los días pasaban, Edrian y su hermano ya habían arreglado sus diferencias, aunque por lo que mi esposo comentaba, Teresa estaba negada a irse de la mansión Lawren, cosa que obviamente seguía disgustando al chico Rosternat, no por ella, si no por el sufrimiento que le causaría a su hermano la pérdida de su esposa o de su bebé, pero bueno, ya no podíamos hacer nada por ellos. Por otra parte, hoy ya era la última visita a la clínica con la ginecóloga, estaba nerviosa porque igual tengo altas posibilidades de estar embarazada, Edrian y yo tenemos una vida s****l muy activa y aunque me apene decirlo me encanta. _ ¿Estás preparada? – preguntó Edrian entrando en la habitación. – Vamos a llegar tarde. – agregó mientras me miraba de pies a cabeza, sonrió y luego se dirigió hasta mí para abraza

