Abrí mis ojos lentamente y ahí estaba él, Edrian, la única persona en el mundo que importaba, maldita pesadilla, pensé, pero luego toqué mi vientre pensando en que tal vez cabía la posibilidad de qué estuviera embarazada, después de todo ninguno de los dos pensó en cuidarse, no podía estarlo, no porque no quisiera, si no que sería muy peligroso para el bebé, no quería que la historia del sueño se repitiera, no soportaría perderlo, no quisiera que Edrian terminase igual que en mi pesadilla. _ ¿Qué sucede? – preguntó de pronto el hombre que dormía a mi lado, ¿Qué le digo? – La verdad, Elizabeth. – agregó mientras se sentaba preocupado en la cama y se acercaba a mí con intención de abrazarme, rápidamente me gané entre sus brazos. _ No quiero embarazarme. – susurré mientras sentía cómo en m

