15. ¿Estás seducida?

2543 Palabras
Madison —¡Ultima llamada! — Me agarro del brazo de Xander mientras el anuncio me estremece. Le muestro los ojos muy abiertos. —¿Hablas en serio? — Terminamos nuestra jarra hace media hora, pero hemos estado hablando y riéndonos desde entonces, no he parado de reírme. Pensé que era solo media noche. Dios mío, por favor dime que no voy a cerrar el bar en una noche de trabajo. No cuando tengo la constitución débil y propensa a la resaca de alguien que está a punto de cumplir treinta. Busco a tientas mi teléfono. —No creo que estén mintiendo en esta ocasión— de gira hacia atrás para mirar hacia la barra. El último llamado no es asunto de risa. —¡Mira! — le muestro la pantalla, que claramente marca la una y media de la mañana. —No he salido tan tarde de un bar desde la universidad_ Xander se frota la cara. —¿De verdad tenemos que irnos? — El sentimiento me hace sonreír, y sé que es una sonrisa tonta. El tipo de sonrisa que le he estado dedicando a este hombre todo la noche, en la que alternamos entre historias divertidas sobre nuestras respectivas infancias y pensamientos intensos sobre la edad adulta. —Ya no tenemos veintipocos años vaquero— le recuerdo mientras me pongo la chaqueta. El estruendo de la conversación alcanza nuevas cotas a medida que la multitud de borrachos que nos rodea se arrastra hacia la barra para tomar sus últimos pedidos. —Ya sé que mañana tendré resaca— Sonríe mientras se pone de pie y se pone el abrigo. —Débil— Le doy un empujón en el hombro antes de agarrar mi bolso. —¿No me digas que tu no tendrás? — —No, porque voy a beber un galón de agua antes de irme a dormir. Y tú tambien lo harás— Resoplo, porque casi suena como si quisiera decir que nos iremos a la cama juntos. Y Dios mio, eso es exactamente lo que quiero. Bebi suficiente cerveza para arruinar mi despertar de mañana, que es justo el lubricante que necesito para arruinar tambien mis limites profesionales. —¿Cómo sabrás si bebo un galón de agua? — Subo el cierre de mi chaqueta y le lanzo una mirada altiva. —Me aseguraré de que lo hagas— dice Xander, colocando sus manos sobre mis hombros y girándome para que quede de cara a la puerta. —Ahora vámonos— Estamos en una línea muy fina entre la tentación y el decoro. Se que él quiere más. Lo único que me detiene es mi ultimo vestigio de dignidad profesional, que poco a poco disolví con el litro de cerveza que consumí. No tarda mucho en que sus palmas desciendan por mis brazos y se posen sobre la parte superior de mis caderas. Mi centro se tensa de necesidad, otro puñetazo de lujuria me golpea el estómago. Acostarse con un cliente que busca activamente una esposa no es solo estupido, es confuso. Se supone que el debería iniciar relaciones con las mujeres de su portafolio, no comenzar el proceso teniendo una aventura con la casamentera. Esta es una situación destinada para el show de Jerry Springer. ¿Pero qué pasa si lo limitamos a un solo desliz? Entonces tal vez se eso reduzca la carga de culpa y aumente nuestras posibilidades de ser elegidos para el show de Springer. Después de todo, solo necesito sacarme esto de la cabeza. El doctor Xander ha sido el inminente, inalcanzable rey cardiólogo por muchas semanas, me sentiré renovada y lista para olvidarme de él. Atravesamos la puerta principal del bar y salimos al iré fresco de la noche. Xander me abraza de inmediato y me rodea los hombros con el brazo. —¿Tienes frío? — pregunta. —No contigo envuelto a mi alrededor como un gran oso— bromeo. El gruñe. —La pequeña madison necesita un oso— —Suena como una rima infantil inapropiada— digo en tono de broma. —La pequeña Madison necesita un oso— comienza Xander. —Un hombre grande que la lleve a todas partes— —Sigue adelante— —Ella cortejaba a los hombres con su cabello largo y claro, y siempre sabia cuáles eran los mejores tacones para usar— Mi sonrisa se extiende de oreja a oreja. —¿Te estoy cortejando? — El gruñe de nuevo y me agarra con más fuerza. —No tienes idea— Mis tacones resuenan en la acera mientras giramos a la derecha en la siguiente cuadra para dirigirnos a mi oficina. Mi corazón late fuerte mientras anticipo los próximos diez minutos. Como lo llevaré a mi cama sin sentirme como una casamentera fallida. Si podré o no volver a mirarlo a la cara. —¿Así es como planeas seducir a tus parejas? — le pregunto, con las mejillas ardiendo. Él se burla. —No puedo responder a eso. Hace mucho tiempo que no intento seducir a nadie. Ya ni siquiera sé cómo hacerlo— El espacio entre mis oídos se vuelve ronco. Cada célula de mi cuerpo me insta a subirme a este tren de pensamientos y recorrerlo hasta la estación. —Oh vamos— Se queda callado un momento y los únicos sonidos que se oyen entre nosotros son el de nuestros pies arrastrando los pies por la acera y nuestras respiraciones suaves. —¿Por qué no me lo dices si se cómo? — —¿Qué? — pregunto. —¿Cómo si te diera una opinión? — —¿Qué tal si te cuento mi plan de juego y me dices si te seduce o no? — dice, como el diabólico dios del sexo que es. —Pero solo si quieres— Si. Lo deseo tanto. —Si, déjame escucharlo— trago saliva y las palabras se me escapan antes de que pueda convencerme de lo contrario. —Sedúceme, doctor Xander— Se humedece el labio inferior y mira hacia ambos lados de la acera. Estamos en la misma cuadra que mi casa, a solo cuatro puertas de mi oficina. Xander avanza hacia mí y me lleva hacia la pared de ladrillos del edificio mas cercano. Me hace retroceder hasta que mi chaqueta queda presionada contra la pared sucia, con las palmas de las manos a cada lado de mí. —Mi primer paso— dice con un gruñido sexy en la voz. —sería llevarte a un nuevo local de hamburguesas y pedirte la comida menos saludable del menú— Me muerdo el labio inferior y contengo la risa. —Y luego te llevaría a un bar para que pudiéramos beber y pasar un buen rato y escuchar a una banda local interpretar nuestras canciones favoritas— La risa se está apagando. Porque, un momento. Esto significa que el doctor Xander quería seducirme. Incluso antes de que apareciera en mi oficina. —Sigue— —Mientras estamos allí, de alguna manera te convenceré de bailar conmigo y le rezaré a Dios para que no puedas sentir lo dura que esta mi polla mientras nos balanceábamos hacia adelante y hacia atrás al ritmo de una mezcla sorprendentemente buena de Amy Winehouse— Mis ojos se abren de par en par al oír la palabra sucia que sale de sus labios. Esto ya es mucho mejor de lo que esperaba, y ni siquiera nos hemos besado. Puede que no sobreviva a los juegos previos con este hombre si alguna vez llegamos a mi cama. Ya estoy demasiado caliente para empezar, pero ahora está revelando una boca sucia que podría deshacerme. —Una vez que me convenzo de no besarme contigo en medio de este bar lleno de estudiantes universitarios y jóvenes profesionales, te acompañaré a casa y te empujaré contra una pared de ladrillos justo antes de que lleguemos a tu oficina. Te contaré todo sobre los pensamientos sucios que he tenido sobre ti durante las últimas tres semanas. Cuantas veces me he imaginado besándote. Todos los diferentes sueños sensuales que he tenido protagonizados por tu culo perfecto inclinado sobre mi rodilla— Se aclara la garganta, abre de repente su abrigo y me atrae hacia él. Se me escapa un jadeo cuando me cierra el abrigo y me invita a entrar en su interior cálido como un radiador. Sus brazos me envuelven y forman un sello entre nuestros cuerpos. Y entonces lo siento. La dureza que se me clava en el bajo vientre. Ese grueso bulto con el que he soñado de la misma forma que él ha soñado con mi trasero. Me tiemblan las rodillas, pero él no me deja caer. —Me he imaginado fallándote en todas las posiciones posibles— me susurra al oído, su aliento caliente y provocativo contra mi cabeza. —Te comería el coño hasta convertirte en gelatina. Y mierda, Madison, quiero que olvides por una noche que soy tu cliente. Se que lo deseas tanto como yo. Escúchate a ti misma y déjate llevar— Dios, tiene razón. Estoy jadeando como un animal en celo. Me agarra la barbilla entre el lugar y el índice, inclinándome la cabeza hacia atrás. —Y luego, solo para asegurarse de que la seducción sea completa— susurra, sus labios tan cerca de los míos que realmente me enoja. —Te besaré hasta que tus labios se entumezcan— Inhalo profundamente justo antes de que el atraviese la distancia infinitesimal que queda entre nuestras bocas. Su beso áspero reclama mi boca, todo su hambre contenida, pasión y lujuria se filtran del hacia mí. Me pongo de puntillas, necesitando más de él, necesitando todo lo que tiene para ofrecer. Porque tiene razón. Esta más que decidido. Borraré la línea profesional por una noche. Esta noche. Sus labios son más suaves, los besos más necesitados y más calientes de lo que jamás podría haber imaginado. Envuelvo mis brazos alrededor de su cabello mientras un beso se transforma en un segundo. Un segundo se transforma en un millón. Nos estamos besando apasionadamente en la acera, a plena vista, y no puedo obligarme a preocuparme. Ni siquiera cuando un gemido sale de mi y se pierde en la noche. Su lengua empuja mi boca y yo me marchito contra él, agarrando con el puño el frente de su camisa gris abotonada. Mis dedos se deslizan hacia el mechón de pelo que me ha estado provocando toda la noche, deslizándose bajo la tela almidonada hasta que encuentro el calor de su piel. Un escalofrió me recorre el cuerpo y una sensación triunfante de alivio llena mis extremidades. Por fin. Porque por muy inapropiado que sea, se siente demasiado bien. Nos besamos hasta que finalmente el se detiene para tomar aire, mirando hacia arriba y hacia debajo de la acera. Cuando me evalúa a continuación, sus ojos estan encapuchados y la lujuria brilla en su gélida mirada azul. —Entonces— dice con una voz ronca. —¿Te sientes seducida? — Sacudo la cabeza con fuerza y me zumban los labios. —Aún no está claro. Creo que necesitas explicar un poco más lo que sucederá después del beso— Una sonrisa de oreja a oreja me recorre el rostro. Sus grandes palmas recorren con pasión mi espalda baja y la curva de mi trasero. Algo primitivo se desliza por su rostro mientras agarra mis nalgas con cada mano. —Una vez que te bese hasta que tus labios queden entumecidos, te llevaré arriba a tu lindo y pequeño departamento— —¿Cómo sabes que es lindo? — Él sonríe. —Porque es tu apartamento, así que solo puede ser lindo— Su comentario me hace sentir calidez, aunque no estoy segura de por qué. —Hombre listo. Adelante— —Y una vez que lleguemos arriba, te tumbaré en la superficie plana mas cercana. No importa cuál sea. La encimera de la cocina funciona igual de bien que una cama. Y empezaré a quitarte todas las prendas de tu hermoso cuerpo— Mi visión se nubla por un momento mientras él le da a mi trasero otro saludable apretón. —Y luego— continua. —besaré cada centímetro de tu cuerpo. Empezando por las puntas de tus pechos perfectos, bajando por tu vientre, hasta que mis labios encuentren tu chorreante y jugoso coño— Mis ojos se cierran y me marchito de nuevo. Es demasiado. No puedo soportarlo. Lo deseo tanto que mi cerebro se está disolviendo. Tendré que donar mi cuerpo sexualmente lisiado a la ciencia, para que puedan estudiar las formas en que mi libido inspirado por el doctor Xander causo mi desaparición. Sus brazos me rodean con fuerza. —Te besaré el clítoris hasta que te corras. Luego te follaré con mi lengua hasta que te corras una segunda vez. Y luego me introduciré en ti lentamente que te correrás una tercera vez antes de que este enterrado completamente dentro de ti— Jadeo sin querer y abro los ojos de golpe. Xander me observa con la satisfacción de un seductor experto que sabe que no solo ha dado en el blanco, sino que ha reducido su objetivo a un charco de sustancia viscosa. —Ahora dime, Madison— dice, con su voz profunda que se abre paso a través de mí. —¿estás seducida? —Oh, Dios— jadeo, apretando los muslos. Ni siquiera sé si tengo fuerzas para mentir. —Yo…— —¿Qué pasaría si deslizara mi mano por debajo de esta falda— gruñe, mientras sus dedos recorren el costado de mi cadera? —y coloco un dedo debajo de tus bragas? ¿Qué encontraré? — Trago saliva con fuerza, ya casi no puedo pensar, mucho menos decir palabras. Tengo las bragas empapadas y necesito a este hombre más que cualquier otra cosa en toda mi vida. —Madison— me dice cuando he tardado demasiado en responder. —Encontrarás— digo con voz ronca y extraña para mis propios oídos, —la más húmeda, la más dispuesta, la más seducida v****a de tu carrera médica— Se le escapa una carcajada y parece tan aniñado y alegre en este momento que creo que ya no estoy simplemente excitada, sino que estoy realmente enamorada. Me agarra la mano y me empuja para caminar rápidamente a su lado. —¿Tienes tu llave? — —Por supuesto que si— Me doy una palmadita en la parte delantera del cuerpo, olvidando donde he dejado el bolso, donde estan mis llaves, donde estoy, cual es mi maldito nombre. —Sácala. Porque no puedo esperar ni un segundo más para dejarte en el suelo y gritar mi nombre— Un calor me estremece por la columna. Me gusta escuchar eso y se supone que me ayuda a pensar con claridad. Xander me sonríe por encima del hombro, con una mirada traviesa y tierna a partes iguales. El tipo de mirada lujuriosa que hunde a una mujer y hace que cada centímetro de ella se sienta vivo y deseado. Este el tipo de cosas a las que podría acostumbrarme. Excepto que nunca podre acostumbrarme a ello con Xander. Porque esta atracción en la que nos sumergimos solo puede durar esta noche.
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