—¿Quién te trajo? No es el coche en el que te fuiste. ¿Dónde está Marina?—inquirió su madre, viendo claramente el lujoso coche que dejó a su hija en la puerta de la casa, sin lograr ver quien estaba dentro. Tomó el rostro de Casandra con ambas manos y la olió, apretando el área de sus mejillas, cerca de su cara.—¡Estuviste tomando!—gritó, luego de pegarle en la cara. Los ojos de Casandra se abrieron, llenos de lágrimas, tan asombrada como el mismo Bastian que presenciaba la escena, pasmado. —Yo…—limpió las lágrimas que salían de sus ojos y miró sus dedos húmedos. Tomó un par de tragos, pero no estaba ni cerca de estar ebria, se sentía bien, excepto por la cachetada que le acababa de dar su madre. —¿Quién te trajo?—preguntó Bastian, viendo que ella no respondía a la pregunta de su madre.

