Narra Diana
Estas semanas han sido las mejores de mi vida, tengo junto a mi a mis niñas y al hombre que me ha devuelto la ilusión y ganas de volver a enamorarme.
Desde que Andrés murió no volví a sentir nada especial por nadie como lo siento ahora por Alberto.
*- Amor, ¿sabes que puedes contar conmigo siempre?
- Lo sé vida, es que tengo miedo a que todo termine cuando te lo diga.
- Sabes que siempre hay confianza entre nosotros y que siempre nos decimos todo.
Me siento en el sofá a punto de sufrir un ataque de pánico, no quiero que piense que le he engañado pero es que ni yo estaba preparada para sentir lo que estoy sintiendo por Clau.
- Amor, me vas a decir o vas a dejar que muera por la curiosidad, ¿o es que te quieres quedar viuda una semana antes de casarte? - Me dice riendo.
- ¿Y si cambias de opinión de casarte conmigo?
- Tenemos tres años juntos ¿Qué me podría hacer cambiar de opinión?
- Una hija por ejemplo. - Se queda mirándome sin decir nada y sin expresión alguna y ahora si que he entrado en pánico total, ya no hay vuelta atrás.
Empieza a reírse como un loco, se levanta y empieza a saltar y hace que me levante para abrazarme y darme besos por toda la cara. - Gracias mi amor, gracias. - No entiendo nada y estoy sin reaccionar. - Amor me vas a ser papá. - Me dice poniendo su mano en mi barriga.
- No, no, no estoy embarazada. - Al decir eso se separa y se queda mirándome.
- No entiendo, si no estás embarazada ¿Cómo es que una hija me hará cambiar de opinión para casarme? Cosa que nunca pasará, todo lo contrario.
- Es que ya tengo una hija. - Le digo con lágrimas en los ojos.
- ¿Cómo que tienes una hija? ¿Dónde está? ¿Con quién vive? ¿La diste en adopción? ¿La dejaste en una casa hogar?
- Está en casa, está con mamá.
- Tenemos que ir para que la conozca, porque después de tres años conquistandote ahora tengo que conquistarla a ella y que me diga papá. - No puedo creer lo que estoy escuchando, y de mis ojos ahora mismo salen cascadas de lágrimas.
- Amor ya, ya la conoces. - Se queda pensativo y me imagino que está haciendo cuentas con las edades de nosotras.
- Tienes una hija de 13 años ¿Y hasta ahora me lo dices? - Me quedo sorprendida por lo que acabo de escuchar.*
Suspiro y empiezo a reirme sola y con todas las lágrimas saliendo de mis ojos al recordar esa reacción de Andrés.
No se si estoy preparada para soportar la reacción que pueda tener Alberto y eso me hace sentir mal porque después de casi tres años volver a enamorarme y que después me deje por tener una hija de 16 años, la verdad es que no se si aguantaría.
*- ¿No crees que ya es tiempo de decirle a Clau que somos sus padres?
- Tengo miedo.
- Amor ya tenemos casi dos años de casados y me dijiste que después de la luna de miel y ya mira por donde vamos.
- Me prometes que nunca me vas a dejar sola.
- ¿Cómo crees que te voy a dejar sola? Soy el hombre más feliz del mundo, tengo una mujer guapísima y una hija que es la pura imagen de su madre. - Me dice y hace que me enamore aún más de él, si es que se puede.
- Vale, como la vas a buscar ya que se queda este fin de semana se lo decimos.
- Me parece perfecto. - Dice caminando. - Amor, ¿Ya le dijiste a tu madre que le diremos la verdad? - Pregunta desde la cocina.
- Si, pero la llamaré y le diré que es este fin de semana y que ya vas a buscar a Clau.
- Perfecto. Bueno, voy a buscar a nuestra hija de casi 15 años. - Me dice dándome un corto beso y con una gran sonrisa. - Te amo.
- Yo más. - Le digo lanzándole un beso y el recibiendolo en su puño para llevarlo a su pecho al lado del corazón, y yo muero de amor por él.*
Entro a la cocina para llenar mi copa de vino, aún estoy esperando que Alberto llegue, su hermana quería compartir tiempo con él y no seré yo quien se lo impida.
Ahora estoy sola en casa con mis recuerdos invadiendome, me quedo mirando el dibujo que Arle me regalo de Andrés junto a mi padre, los dos vestidos de blanco como si fueran ángeles.
Aquel día que se suponía sería el más feliz de nuestras vidas diciéndole a Clau que soy su madre y que Andrés la aceptó como hija antes de casarnos fue el más triste, Andrés no llegó a casa de mi Madre porque un borracho se le cruzó por el camino.
Me dejo resbalar por la pared hasta sentarme en el suelo con la copa en la mano, delante de aquel dibujo y con mi cabeza llena de aquellos recuerdos, donde deseé haber muerto en el parto y que se hubiese salvado sólo Clau como yo quería por todas las complicaciones que tuve al ser muy chica y así ese dolor que sentí en ese momento que me llamaron para decirme que Andrés estaba en el hospital en estado crítico no lo hubiera sentido.
Cierro los ojos y siento como mis lágrimas no dejan de resbalar por mis mejillas.
- Amor ¿Estás bien? - Escucho que me preguntan a lo lejos y acto seguido siento como una mano quita la copa de la mía, me sonrío un poco al imaginarme a Andrés cuando llegaba de cualquier viaje y me encontraba acostada en el sofá con una copa en la mano. - Dani, cariño ¿Estás bien?
Al abrir los ojos veo a Alberto, su rostro es de preocupación. - Te estaba esperando. - Le digo llorando.
- Ya estoy aquí, ven. - Me dice acercándose y abrazándome haciendo que vuelva a sentir paz dentro de mi.
- Te quiero y no quiero que mi pasado pueda separarnos. - Le digo mientras mis lágrimas vuelven a aparecer.
- Hey cariño, no me importa tu pasado, me importas tú, nuestro presente y nuestro futuro.
- ¿Aunque mi pasado haya tenido una consecuencia? - Le pregunto refiriéndome a ella.
- La habrás sabido llevar hasta ahora y si de aquí en adelante no puedes yo te voy a ayudar. - Me dice dándome besos en la frente.
- ¿Aunque esa consecuencia sea una hija? - Me separa un poco de él para poder mirarme y siento que mi corazón se va a salir del pecho por lo que acabo de decirle.
Se queda mirándome y después mira el dibujo que está delante de nosotros. - Andrés y tú, ¿Tuvieron una hija? - Niego con la cabeza y me hecho a llorar al recordar lo mucho que quería Andrés a Clau y más después de enterarse que era mi hija.
- No es de Andrés, cuando le conocí ella ya tenía 8 años. Alberto, Claudia es mi hija y no mi hermana. - Ya está dicho, ahora a esperar que salga y no quiera volver a verme y este pensamiento hace que me duela el pecho.
- Te dije antes que no me importa tu pasado y si Clau estará con nosotros en el presente y para el futuro yo estaré encantado de tener a dos de las mujeres más guapas del planeta.
No puedo creer lo que acabo de escuchar. - ¿Estas diciendo que aceptas a Clau? - Le pregunto tartamudeando.
- Claro, sólo tienes que llamarla y decirle que ya se todo y que cuando venga a vivir a Madrid, vivirá con nosotros, juntos como una familia. - Me he quedado sin palabras al escucharlo decir que seremos una familia.
- Clau no sabe que soy su madre. - Le digo con lágrimas en mis ojos y él sólo me abraza.
- Si quieres estaré contigo cuando se lo digas. - Es lo único que dice mientras me sigue dando besos en la frente.
- ¿Cómo le explicó a mi hija que fue fruto de una violación y que ni siquiera se quien fue y para el colmo no quise saber nada de ella cuando nació y que por eso mis padres se hicieron cargo de ella? Dime ¿Cómo le explicó todo eso?
Me quedo mirándole y se queda atónito con todo lo que acabo de decir. - Lo entenderá, es una niña muy inteligente y te quiere mucho.
- Me quiere como su hermana no como su madre.
Me ayuda a levantar para ir al sofá y allí le explico todo lo que fue mi vida cuando apenas tenía 15 años, cuando vine a vivir a Madrid con la hermana de papá después de tenerla porque no la podía ver cerca, cuando iba a visitar a mamá y a Arle después de papá morir y a ella ni mirarla y fue hasta que Arlette con tan solo 13 años habló conmigo y me hizo ver la realidad, pero aún así no quise decir que yo era su madre, sino, su hermana mayor, cuando empecé a cumplirle casi todos sus caprichos. Después le conté la parte que me faltaba de Andrés cuando se enteró y de lo feliz que estaba porque le diríamos la verdad pero cuando iba a buscarla tuvo ese accidente y con él se fue mi fortaleza para decirle la verdad a mi hija. - Esa fue mi vida. - Termino de decir con las lágrimas sobre mis mejillas.
- Y ahora será diferente porque no estás sola y te voy apoyar en todo, lo prometo. - Termina prometiendo con un suave beso en los labios salados por culpa de mis lágrimas.