Narra Arlette
Después de dejar a Dani y a Alberto con Clau en su piso, me voy al piso de Teo para dejarlos tranquilos, es con él donde yo me siento vivir un sueño y del cual me da miedo despertar algún día.
- ¿Y, cómo te sientes con todo de la galería? - Le pregunto ya que lo veo muy pensativo.
- La verdad es que no me esperaba el éxito que va teniendo, las ventas de cuadros y todo eso. - Me responde con una gran sonrisa.
-¿En qué piensas ahora? Es que te veo muy pensativo. - Digo cuando lo miro por unos segundos y vuelvo a mirar la carretera.
- No, es que me quedé pensando en Alberto. - Le miro extrañada. - Nunca me imaginé verlo así de entusiasmado por tener una hija y más ya siendo una adolescente.
Me río un poco y es porque yo tampoco dejo de pensar en eso. - Yo es que no me imagino a Dani ejerciendo de madre. - Le digo sonriendo y él también sonríe.
- ¿Y cuándo le dirán? - Me pregunta de la nada.
- Mañana por la tarde, dijiste te vas a Barcelona por poco tiempo y Alberto tiene que ir con su hermana a algún lugar no se donde. - Le digo sin dejar de mirar al frente.
- ¿Y tú madre qué dice de eso?
- Está un poco triste porque dice que le quitaran a su niña, pero es consciente de que algún día tenía que llegar. - Le digo entrando al parking del edificio.
- Por fin juntos en casa. - Dice cuando vamos subiendo el ascensor.
- A ver si te gusta donde colgué el cuadro. - Le digo poniendo mis brazos sobre sus hombros y él abrazándome por la cintura.
- Seguro que sí. - Dice para acto seguido empezar a besarme y hacer que mi cuerpo se estremezca con cada roce del suyo. - Te quiero.
- Te quiero. - Llenamos este pequeño espacio que es el ascensor en te quiero y caricias mutuas. - Espera. - Le digo al llegar a la puerta del piso.
- ¿Qué pasa? - Me pregunta intrigado.
- Nada malo, eso seguro. - Le digo con picardía mientras busco un pañuelo dentro de mi bolso para taparle los ojos.
- Me está gustando esto. - Me dice sonriendo y deja que tape sus ojos.
Le hago pasar una vez que está con los ojos vendados y después de abrir la puerta, le ayudó a llegar donde quiero y empiezo a quitarle la venda.
- Ya puedes abrir los ojos. - Le digo cuando estoy al frente y veo que aún los tiene cerrados.
Al abrirlos se queda mirándome y se que no ha visto nada a su alrededor porque no me quita ojo de encima, después de unos segundos que parecieron minutos empieza a mirar a todos lados.
La mesa en el centro está bien decorada con dos cubiertos y una vela en el centro, el cuadro a un lado del salón donde no llama mucho la atención pero tampoco pasa desapercibido.
- La mesa está preciosa cariño, ya quiero saber lo que has preparado para cenar. - Me dice y hace silencio al ver el cuadro que colgué con su consentimiento. - Y el cuadro está perfecto ahí. - Me dice para luego besarme. - Gracias. - Me da un beso corto. - No te imaginas la falta que me hacía besarte.
-Pero si hace nada que me diste un beso. - Le digo abrazada a él. - Pero ahora vamos a cenar que tengo hambre ¿Si? - Digo sobre sus labios.
- ¿Y si empiezo por el postre? - Dice acercándome más a él.
- ¿Es lo que quieres? - Le pregunto después de morder un poco su labio inferior.
- Si. - Dice en un susurro sobre mis labios para volverme a besar.
Se que no es la primera vez que estoy con él pero mis nervios no dejan de salir a flote, ya no tanto como la primera vez pero ahí siguen.
Sus labios me llevan a aquel lugar que tanto me gusta mientras sus manos se pasean por mi espalda hasta llegar al borde de mi camiseta para inmiscuirse por ella rozando mi piel y pasándome una electricidad que en vez de asustarme me agrada mucho, poco a poco vamos caminando hasta llegar al sofá y caer con mi espalda mientras él cae encima de mí sin dejar de besarme.
Estamos piel con piel y es una sensación totalmente diferente a la anterior, es como si fuera la primera vez que estamos así, él besándome como lo hace y yo dejando que haga lo que quiera con mi cuerpo mientras sus labios lo van recorriendo por completo junto a sus manos.
Sentir su cuerpo encima del mío moviéndose como se mueve me lleva a alcanzar la gloria infinita sin saber bien que se siente allí pero ahora mismo me siento más relajada que nunca cuando en un movimiento sincronizado alcanzamos este orgasmo tan ansiado por nuestros cuerpos.
Nos quedamos abrazados después de él salir de mi en este sofá que ahora se volverá en uno de mis lugares favoritos de este piso al igual que su habitación.
- Cariño, ¿Vamos a cenar? - Me dice al oído. - En verdad tengo hambre.
- Vamos. - Digo levantándome para colocarme mis braguitas y su camiseta.
- ¿Por qué te pones mi camiseta? ¿Acaso me quieres volver loco? - Me pregunta mientras se pone su boxer.
- Parece que es mutuo el volvernos locos porque así como estás vestido no ayudas mucho. - Digo mirando lo bien que le queda la única prenda que tiene puesta.
- Hacemos una cosa. - Me sugiere y le prestó atención. - Yo me pongo una camiseta y tú te pones unos pantalones cortos.
- Vale. - Al contestar nos dirigimos los dos a la habitación para luego ir a cenar.
- Cariño, el salón está precioso. - Me dice mirando a un lado y a otro cuando salimos.
- ¿De verdad te gusta? - Le pregunto.
- Claro que sí, y ese cuadro con las mariposas es precioso.
- Vi uno parecido y pensé en nosotros, en lo libre que podemos llegar a ser y aún así no dejar de sentir lo que sentimos el uno del otro, así que dibuje este. - Al terminar siento como me abraza desde atrás.
- Podemos volar todo lo lejos que queramos, pero siempre seremos nosotros. - Me dice mientras va dejando suaves besos por mi cuello.
- Teo... - Digo mirando el cuadro y dejando lo que iba a decir en el aire.
- Dime. - Me dice tan suave en el oído que me hace estremecer.
- Te amo. - Le digo dejando que salga un suspiro desde lo más profundo de mi garganta.
- Yo también te amo mi reina. - Me dice poniéndose frente a mi para luego empezar a besarme haciendo que mi corazón salte de alegría.
- ¿No tienes hambre? - Pregunto sobre sus labios.
- Cenamos si me prometes que me darás el postre. - Me dice con una suave risita y dándome pequeños besos en los labios.
- Todo el postre que quieras. - Digo después de morder un poco su labio para luego separarme de él e ir a la cocina para buscar la cena.
Lo escucho reír mientras voy sacando la ensalada de pasta con atún y tomate de la nevera.
- ¿Abres el vino que está en la mesa por favor? - Le pido desde la cocina.
- En eso estaba. - Me dice haciéndome reír.
Llegó a al salón y lo encontro con las dos copas de vino en las manos, dejó la ensalada en la mesa y tomó una de las copas.
- Brindamos por nosotros. - Dice levantando un poco su copa.
- Por el amor en general. - Digo levantando la mía, las tocamos y tomamos un sorbo.
- ¿Lo has dicho por ellos? - Me pregunta y se que se refiere a Dani con Alberto y Clau.
- En parte sí, pero, es en general, por todo. - Le digo con un toque de melancolía.
- Por esos pensamientos tan lindos es que te amo. - Dice acercándose y dándome un corto beso.
- Vamos a cenar. - Digo y acto seguido nos sentamos.
Durante la cena nos estamos poniendo al día, entre charlas y anécdotas de ellos en la galería, de aquellas personas que pagan sin saber que se encontrarán al entrar y quedan encantados por el trabajo que hay en cada fotografía expuesta y yo de la uni y el trabajo, le cuento de cómo cada día que pasa me llevo mejor con Antonio y con Mari por todo el tiempo que me la paso hablando con ella y las niñas por videollamada y otras veces sus padre y su hermano, el me hace ver con su expresión que está super feliz por lo bien que nos llevamos todos.
- ¿Te apetece comer fresas en el sofá? - Le pregunto y él me mira con sugerencia.
- Sólo si hay nata. - Me dice sonriendo.
- Espérame allí, ahora voy. - Le digo pero él no acepta.
- Antes recogemos la cocina juntos, mañana me voy a levantar temprano y no me dará tiempo ayudarte antes de irme. - Me dice riendo mientras me ayuda a llevar todo a la cocina.
- Vale, ya la cocina está lista. - Digo cuando terminamos. - Ahora esperame en el sofá. - Le digo y él muerde sus labios para luego acercarse y darme un beso que me hace perder el rumbo del tiempo.