Capítulo 38

1493 Palabras
Doy tantas vueltas en esta cama sin poder dormir y no es para menos, tengo ese beso que nos dimos Arlette y yo metido en la cabeza. Miro la hora y son las 5 de la mañana y acostandome tarde no creo que vaya a dormir mucho teniendo en cuenta la hora y que no tengo sueño. Me siento en la cama porque la verdad es que me estoy agobiando mucho al no poder dormir, voy a la cocina lo más silencioso que puedo ya que mi hermano está aquí, pero veo la luz encendida lo cual me facilita llegar más rápido. - Hola. - Digo al llegar y ver que no se dio cuenta. - No quise despertarte. - Me dice dándose la vuelta y el vaso de agua en la mano. - Tranquilo, no puedo dormir ¿y tú? - Sed. - Me dice como lo más obvio enseñándome el vaso. - Ya. - Digo acercándome por un vaso para beber agua. - ¿Qué? Siempre me llevo un vaso a la habitación y se me olvidó ¿y tú? - Creo que insomnio. - ¿Y ese insomnio tiene nombre? - La verdad es que prácticamente no he dormido nada y creo que ella es la responsable de eso. - A mi hermanito ya le están quitando el sueño. - Me dice y pongo los ojos en blanco. - No seas pesado. - No he dicho nada y en todo caso, ¿quieres hablar? - Buenas noches o lo que queda de ella. - Le digo dándome la espalda para irme a la habitación y solo escucho como se ríe. La verdad es que no creo que vuelva a dormir pero aquí dentro no estaré con el interrogatorio de mi hermano. Él más que nadie sabe lo mal que lo he pasado y lo mucho que me cuesta hablar de lo que siento, pero lo conozco y no me dejará tranquilo. Miro el reloj y por fin son las seis y media de la mañana para poder levantarme y salir de aquí. Busco ropa deportiva y me la pongo para salir de la habitación y no verlo rondando por el piso. Busco el cronómetro de mi reloj y lo programo para una hora corriendo, mi hermana dice que me mató mucho pero así me siento bien y así voy a seguir. Llegó frente al edificio justo a tiempo que se completa la hora. - Buenos días. - Saludo al conserje que él también va llegando para comenzar con su jornada de trabajo. - Buenos días señor Santamarina. - Me devuelve el saludo y yo sigo mi camino. - Buenos días hermano. - Entro directo a mi habitación para darme una ducha y así comenzar mi día. - ¿Te fuiste pronto para no hablar? - Dice cuando salgo ya vestido. - No, sólo hice mi rutina. ¿Cómo terminaste de amanecer? - Le pregunto mientras busco la taza para tomar café que mi hermano ya ha preparado. - Pues la verdad muy bien, sólo me hacía falta un poco de agua y dormí hasta hace nada. - Gracias por el café, está muy bueno. - Aprendí de la mejor. - Me dice y nos echamos a reír ya que está hablando de mamá que siempre es la primera en levantarse para que todos tengamos café y zumo preparado. - ¿Cuándo te vas? - Primera noche que pasó aquí y ya me estas echando. - Sabes que no, es sólo por saber, además tengo que comprar cosas para la nevera que está vacía. - Tengo que terminar de arreglar unos asuntos con la constructora y ya. - Hermano, tomate todo el tiempo que necesites aquí. - Le digo y busco unas copias de las llaves del piso para dejársela. - Toma, por si llegas antes que yo no tengas que esperar en las escaleras. - Considerado mi hermano. - Dice riendo. - Me tengo que ir, cualquier cosa me llamas. - Que te vaya bien en la galería hoy. - Dijo guiñandome un ojo. - Gracias. - Digo y salgo sin mirar atras, un dia mas en la galería y a ver cuantos cuadros se van este dia, creo que si sigue así tendré que reponer todo. Llegó y la primera que esta es Ale. - Buenos días madrugadora. - Digo dándole un sonoro beso en la mejilla. - Buenos días. Me encanta este estado de ánimo que tienes. - Gracias señorita. - Digo riendo y así empezamos a preparar todo para abrir. Ese beso sigue sin salir de mi cabeza y es tanto así que siento sus labios junto a los míos como si estuviera pasando ahora, suspiro y voy a la oficina y la foto que tengo aquí de Karla me espera. - Hola mi amor, sólo espero que no te molestes conmigo, pero esto que estoy sintiendo por ella no lo puedo dejar pasar de alto. La galería empieza a llenarse y mi sonrisa no desaparece y mucho menos después que llegó Arlette y junto a su blog de dibujo se sentó a un lado para ir dibujando cosas que va viviendo. - Hola. - Le digo al acercarme. - Hola. - Dice regalándome una hermosa sonrisa. - ¿Puedo saber que tanto dibujas? - Ya lo verás todo más tarde. Cuando me acerco mas ella cierra la libreta para que no vea. Me pongo detrás de ella y llevo mi rostro a la altura del de ella para hablarle en el oído. - De aquí sale una instantánea espectacular. - Puedo notar lo nerviosa que se ha puesto. - Teo, ¿Puedes venir? - Me dice Alberto, lo miro dando a entender que le escuche y vuelve donde estaba. - En un momento vuelvo. - Le doy un beso en la mejilla y me alejo con una sonrisa que ni yo me creo, pero es por todo lo que ella me hace sentir. Cuando pude buscarla ya no estaba en el lugar y no la veo alrededor, veo a Clau lo encantada que esta cuando le piden información de algunas fotos y ella sabe la respuesta. Sigo buscándola hasta que entró a la oficina como última opción y la encuentro parada delante de la foto de Karla y al verme se asusta. - Perdón, no quise molestar. - No molestas, lo contrario me agrada que estés aquí. - Me mira sin entender a qué me refiero. Me acerco a ella y miro la foto que está en la mesa. - No le gustaba que le tomara tantas fotos. - Era muy guapa. - Lo era. - Contestó con un suspiro para luego dejar de mirar la foto y verla a ella. Me acerco lo mas que me permite y la agarro por los brazos y poco a poco mis manos van subiendo para llegar a sus hombros y luego a sus mejillas. - Me gustas mucho Arlette y, te prometo que esto que estoy sintiendo por ti nunca lo había sentido antes. - Me mira y de reojo mira la foto de Karla. - A ella la amé con mi vida y no te voy a negar que aún pienso en ella, pero lo que siento por ti no se compara con eso que alguna vez sentí. - Teo... - No la dejó terminar y la beso, busco pegar nuestros cuerpos mientras ella se resiste pero poco a poco va cediendo y dejándose llevar por este beso que nos estamos diciendo todo lo que no nos atrevemos a decir con palabras. Pasa sus brazos por encima de mis hombros y juega con mi cabello mientras yo llevo mis manos a su cintura para levantarla y hacer que se siente en el escritorio. - Teo mi dibujo. - Me dice de la nada y ya que la tenía levantada hice que enrede sus piernas en mi. - ¿Quieres que pare? - Le pregunto. - Nos pueden encontrar, además están mis dibujos en el escritorio. - Vale. - Digo y empiezo a caminar con ella encima hasta llegar al sofá que está al otro lado. - ¿Y si entra alguien? - Me pregunta. - Esta con seguro. - Y me sonrió sobre sus labios. Llegó donde está el sofá y me siento en el y ella quedó sentada encima de mí con las piernas en cada lado, no dejamos de besarnos hasta que tenemos que parar por falta de aire. - ¿Qué estamos haciendo? - Me pregunta con la respiración acelerada al igual que la mía. - Viviendo lo que sentimos. - Es mi respuesta. - Esto es una locura. - Dice levantándose de repente y caminando hacia atrás hasta que choca con una silla haciendo que caiga al suelo. - Arli, ¿Estás bien? - Pregunto levantándome lo más rápido que puedo. - ¿Dónde te hiciste daño? - Le pregunto al llegar donde está. - Si, no me hice daño tranquilo. - ¿Pero por qué te has levantado así y caminado hacia atrás? - Porque todo es una locura Teo. - Me dice con los ojos cristalinos. - Está su foto ahí. - Arli, no pienses en sus fotos, sólo las tengo por recuerdo pero ella no está aquí, deja de decir todo el tiempo que es una locura ¿Acaso no has vivido tú alguna locura? - Pero no como está, sigues dolido, sigues recordándola y yo… - Me quedo mirándola para que siga hablando. - Yo no sé lo que en realidad siento, no se si es por mi o si es por el corazón de ella.
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