Me acerqué a él y le susurré al oído. —Por completo. —¿Puedo pedirte un favor? —No pudo evitar su ansiedad, su voz era… como si necesitara algo fundamental. —Te lo ganaste. —seguía asustada, deseaba besarlo. —¿Puedo vendarte los ojos? —Me alejé un poco, quería verlo—. Quiero hacer contigo algo que jamás he realizado, por favor. —No podía negarme, lo pedía como si fuera de vital importancia. —Como quieras. Sacó del nochero unas gafas de dormir, me las puso, luego me colocó otra venda. No podía ver nada. Él no sabía de mis habilidades, no importaba el no poder verlo. Ahora observaba su aura, las luces de las velas eran los puntos brillantes y lo más bello fue el aura de Jerónimo. Cuando toqué su mejilla, mi luz era increíble, brillaba más que nunca por el amor que le tenía. Él no brill

