Lo vivía y no lo creía, para mi este es mi matrimonio, el único que tendré. —Esa palabra no existe en mi diccionario. Se lamió los labios, quise besarlo. Sin embargo, por su expresión el comentario no le agradó, por eso le sonreí. —Nos separaremos en catorce días para ser exacto. ¿Aceptas? —afirmé. Quedé sin habla, mis amigos también desbordaban felicidad. En verdad yo no esperaba esto. Si no gano, se abrirá más la herida, dolerá con más intensidad al final. Y dudo que pueda sanar más adelante. Esto era ser masoquista, este juego me llevará al abismo total, si no resultaba como lo anhelo. —Jerónimo… —susurré. —Yo Jerónimo Bell, te acepto como mi esposa para estar siempre a tu lado, en todos los aspectos de la vida cotidiana, en todos los tiempos de nuestra vida juntos, prometo cuida

