Fue imposible hablar. Nuestras miradas se encontraron. Por una fracción de segundo vi un cambio en sus ojos y al comprender lo dicho, suspiró resignado, mientras empuñaba sus manos. —Yelena… —No… perdona por… Me fue imposible hablar, tenía un nudo en la garganta, temí que se desgarrara. Me di la vuelta, a obligar a mis pies dar un paso a la vez hasta que comencé a correr, lo escuché tirar con fuerza la puerta de su vivienda. No quería regresar a mi casa, cuando pasé por el frente vi a la abuela mirando por la ventana. Era mejor alejarme de todo. Sus palabras esperaban para acribillarme, una vez le dé rienda suelta, debía asimilar lo dicho, —Era una reverenda tonta—. Me detuve en una esquina mientras calmaba el temblor, deseé tanto el poder desaparecer. Los amigos no se trataban así.

