Lindura.

1592 Palabras
***GABRIELA*** El lugar en donde nos encontrábamos era sumamente precioso. Alrededor los estantes repletos de ropa preciosa, ropa que jamás imaginaria usar en mi vida. ¡No me luce! Luke, mi asistente era algo, ¡No…! Demasiado extraño, pero tenia que admitir que tenía un gusto exquisito por la ropa. La tienda en la que nos encontrábamos estaba llena de blusas, pantalones, zapatos, carteras, que cualquier mujer querría usar y se vería preciosa. ¡Cualquiera menos yo! Ciertamente era bastante descuidada con mi forma de vestir, supongo que porque jamás le di mucha importancia a mi apariencia por el hecho de que nunca estuve interesada en llamar la atención de nadie. Pero ciertamente la forma en la que Luke me había vestido como compensación de la idiotez que había cometido antes, era… ¡Creo que no es para mí! Intente protestar pero sus palabras me dejaron boquiabierta. “Se ve excelente señorita Gavotti, tiene una figura hermosa y jovial y debe usar ropa que la haga lucir esa juventud con un brillo sin igual” Fueron sus palabras. ¿En serio piensas eso de mi figura? Me mire al espejo y luego de unos segundos pude notar que no me quedaba nada mal la ropa que él había escogido para mi. ¡El tipo sabe lo que hace! Bueno… supongo que es normal, después de todo, trabajaba para los estudios Art Life, me sorprendería que no supiera hacer esta clase de cosas. Bastaron unos minutos para que él cambiara toda mi vestimenta y se acercara a la caja para pagar, pero… de donde sacaría el dinero, se veía que la ropa que me había elegido era costosa. ¿Quién eres Luke? ¿Qué secretos escondes? El aspecto de niño rico de este bombón que tenia por asistente, cada vez se hacía más notorio, pero no alcanzaba a comprender cuál era su propósito con todo esto. El alegaba que era una compensación por lo ocurrido en la oficina, pero yo no me tragaba esa historia, los hombres son unos mentirosos por naturaleza, y se aprovechan de la más minina oportunidad para hacer de las suyas, para jugar sucio, y dudo mucho que Luke fuera diferente. ¡Sobre todo con esa carita, y ese CUERPO! ***LUKE*** ¡Gabriela, pobre Gabriela! No podía parar de admirar su belleza, su figura, su carita, todo me fascinaba y ella ni lo notaba, aunque la desconfianza hacia mi era notoria. Podía sentir su penetrante y crítica mirada fulminándome la espalda mientras pagaba. Seguro se preguntaba cómo un hombre como yo, tenía dinero para costear estas prendas, ella no era tonta, y eso yo lo sabía. Ella sabia que la ropa que había escogido era costosa, pero a mi favor tenia, que no debía darle ninguna explicación. ¡Lo siento lindura! ¡Lindura! ¡Si, así te diré de ahora en adelante, estoy seguro que esos hermosos cachetes que tienes se te van a poner rojos de los nervios! Caminamos en silencio hasta mi auto, mi hermoso sedan. Estaba bien limpio pues no hacia mucho lo había llevado al auto lavado. Le abrí la puerta como el caballero que soy y ella subió sin esperar para regresarnos a la oficina. Mientras daba la vuelta para subirme al auto, la vi tomar su teléfono y marcar una llamada. ¿A quien llamas? Al subirme al vehículo lo encendí y antes de ponerlo en marcha quise hablarle pero me detuvo, señalando con su dedo que hiciera silencio por unos minutos. - ¿Regina? – confirmo ansiosa. ¿Quién era esa mujer? - Lamento no haber devuelto tu llamada, surgió una emergencia y no tuve tiempo de llamarte en cuanto llegue a la empresa. Duraron varios minutos conversando hasta llegar a las oficinas de Open Your Eyes. Entonces colgó la llamada y bajo impaciente del vehículo, casi corriendo de regreso a las oficinas, parecía que la mujer con la que había hablado le había dado malas noticias. ***GABRIELA*** Regina era la abogada de mi padre, y me estaba llamando por la mañana para decirme que uno de los contratos que habíamos firmado para hacerle publicidad a Gucci, estaba teniendo problemas legales. ¡Eso es una mierda! Baje del vehículo nada mas colgar y que este se detuviera y subí corriendo a mi oficina para buscar el contrato, pues al parecer los representantes legales de Gucci en este trato, argumentaban que les estábamos exigiendo algo que no estaba en el contrato firmado. Pero daba la casualidad que ellos habían firmado dos contratos, uno quedaba para ellos y el otro para nosotros, de esta manera tendríamos pruebas para respaldarnos y cuidarnos las espaldas, pues mi padre me había enseñado que esta clase de problemas eran muy comunes en empresas como estas, sobre todo cuando cambiaba de dueño. ¡Pero conmigo se joden, no me van a ver la cara! Revise la clausula del contrato que según ellos no estaba en el otro, y le envié una imagen del papel firmado que teníamos así como una de la clausula que ellos no querían aceptar a Regina. En eso Luke entro con paso airoso por las puertas de la oficina y camino lento hacia la puerta de mi oficina. - ¿Sucede algo señorita Gavotti? – investigó asomando la cabeza por un costado de la puerta, con una sonrisa de niño seductor en los labios. ¿Qué rayos te pasa? ¿Por qué eres así? ¿Qué es lo que estas buscando? Si lo que él estaba buscando era una aventura conmigo, pues estaba equivocado y si era esa clase de hombres que son caza fortunas, conmigo había perdido. - Nada importante señor Rodríguez, vuelva a lo suyo – negué haciendo un ademan con mis manos para que se fuera. El asintió y se marcho en silencio. ¡Que extraño! ¿No tienes nada que decir? Luego de unos minutos me senté en la reconfortante silla que se hallaba detrás de mi escritorio y jugué con mi bolígrafo antes de recordar que él me había comprado ropa nueva. ¡Y muy bonita por cierto! Para compensar el hecho de que por su culpa, se me había arruinado la otra. Así que me levante agitada y a través de la bocina lo llame. - Señor Rodríguez ¿Podría venir a mi oficina por favor? – y el hombre se levantó de silla dejando todo lo que estaba haciendo para venir hacia mi. - ¿Para qué soy bueno? – inquirió con una sonrisa jocosa. - Eh… yo… bueno… - no sabia qué rayos decirle, lo había olvidado en cuanto vi su hermoso rostro cruzar esa ridícula puerta que rechinaba como puerta de película de terror. - ¿Le comieron la lengua los ratones? – soltó con una sonrisa burlesca casi riéndose. ¡Este…! - Quería agradecerle por la ropa señor Rodríguez, eso era todo – respondí exasperada. - Fue todo un placer – dijo con morbo con una sonrisa petulante, mientras se giraba para volver a lo suyo. - ¿Qué buscas Luke? – inquirí curiosa y perspicaz, pudiendo por fin soltar esa pregunta que me atormentaba desde que él apareció por primera vez en mi oficina. Él se volteo con una sonrisa de victoria para mirarme a los ojos y acercarse lentamente. ¡Ay…! ¿Qué hice? ***LUKE*** Y si, por fin soltó la pregunta que la carcomía desde que llegue aquí, como a cualquiera (risa interna) Sonreí victorioso y camine lentamente hacia ella, con mi ego por los cielos y mirándola con altives. Me acerque hasta el escritorio y ella comenzó a mirar a todos lados nerviosa. Pose mis manos sonoramente sobre la mesa y la hice dar un brinquito en la silla. La mire a los ojos y le sonreí mientras me acercaba a su rostro hasta tenerla tan cerca que pude sentir su respiración chocar en mi cara. ***GABRIELA*** Brinque ligeramente mi silla sobresaltada cuando escuche el sonido de sus manos posándose sobre mi escritorio. Él acerco su rostro peligrosamente al mío y yo cruce mis brazos sobre mi pecho en forma de protección mientras le desviaba la mirada. ¿Qué me pasa? ¿Por qué me pone tan nerviosa? ¡Obvio, es un bombón! ***LUKE*** ¡Que tierna te ves lindura! ¡Te busco a ti! ¿Esa es la respuesta que quieres? ¡No te la daré, sigue soñando por ahora! La tenía a mi merced en ese preciso momento, y lo supe en cuanto busco protección cruzando sus brazos en equis por encima de su voluptuoso y maravilloso pecho. - ¿Qué crees que busco LINDURA? – susurre tan cerca de sus labios que casi los pude sentir, y sus cachetes se tornaron rojos cual tomate. ¡Justo lo que esperaba! Ante su falta de respuesta y su respiración trabajosa, sonreí victorioso y salí lo más rápido que pude de la oficina. ***GABRIELA*** ¡Morí, definitivamente MORI!  Sentí como mis cachetes quemaban, y como se me dificultaba respirar producto de los nervios que me recorrían cada rincón del cuerpo. Su fragante perfume me inundo las fosas nasales y me sentí por un momento en el paraíso, hasta que la realidad me dio un golpe duro y me saco de mi burbuja. Entonces caí en cuenta. Le había dado lo que él quería, me había puesto a su merced y le demostré que, aunque soy una mujer fuerte, el me volvía débil. Me tape la cara cubriéndome con ambas manos. ¡Eres mi debilidad Luke Rodríguez! ¡Quiero desaparecerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!
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