Exquisita figura.

1941 Palabras
***LUKE*** Me detuve de golpe cuando di dos pasos para alejarme de la puerta que daba acceso a la linda y acondicionada oficina de mi tierna jefecita, y me devolví al instante, tras recordar que me habían dejado un mensaje para ella. ¡Por poco y la friego! Abrí la puerta abruptamente sin previo aviso y la dulzura de mi jefa saltó despavorida en su silla tras escuchar el estruendo de la puerta abriéndose de golpe. Y derramo toda su taza de café caliente sobre ella, manchándose la camisa blanca y mojándose la fea falda que traía puestas. Sonreí divertido y con algo de pena ante la escena que contemplaban mis ojos, era sumamente adorable. Corría despavorida por toda la oficina gritando con voz chillona. - Quema, quema, QUEMA… No pude evitar reír ante su dramática reacción, pero supongo que no era para menos, pues el café estaba tan caliente que aún seguía humeante. Pero ya dándole un poco de seriedad al asunto… bueno no tanto. Tome un vaso plástico y lo llene de agua del dispensador y se lo rocié encima sin pensar en las consecuencias. ¿Qué rayos me pasa? ¡Ya la fregué! Inspiró con espasmos recorriéndole el cuerpo por el agua fría que le había aventado sin previo aviso y con una mirada fulminante me encaró. - ¿Qué carajos te pasa idiota? – reclamó furiosa, eso me dio un poco de miedo. Ya no era tan divertido - ¿Por qué madres entras sin previo aviso a mi oficina y de esa manera tan abrupta? ¿Eres un retrasado o qué? – jamás habría imaginado que su cólera llegaría a tal punto. En serio me estaba dando miedo. ¡En serio la fregué! - Lo… lo siento mucho jefa – titubee disculpándome nervioso – no era mi intención entrar de esa manera y asustarla – recalqué – lamento que por mi culpa su ropa se arruinara. ¡Siendo sincero no, no lo lamento, fue lo mejor que pude haber hecho por ella, le hice un favor, ahora tendrá que cambiarse esa fea ropa! - Solo venía a informarle que una tal Regina Santos llamo y pidió que le devolviera la llamada – informé mientras ella abría grandes ojos y corría hacia mí por en medio de la oficina apartando todo lo que se atravesaba a su paso, poniéndome nervioso. - ¿Regina llamó? – confirmó con grandes ojos, como si fuera una niña esperando un regalo de navidad. - Eh… si… - respondí titubeante, intercalando miradas a los lados con confusión. - ¡RAYOS! – masculló sorprendiéndome, jamás habría imaginado que se alteraría tanto. - Déjame sola, después hablare contigo – exigió molesta – ahora necesito hacer algo respecto a esta ropa – agregó luego corriéndome de su oficina con la mano mientras se tallaba con los dedos cada mancha en su camisa y falda. - Eh… jefa – titubee nervioso – si me permite… sobre eso… - abrió los ojos de par en par y alzo ambas cejas, frunciendo el ceño y haciendo una mueca de rabia con los labios. - ¿Qué? – inquirió con mal tono, en serio estaba molesta. ¡Ay…! ¿Qué hice? - Permítame llevarla a comprar algo para remplazar la ropa manchada y mojada por favor – solté a lo que ella se pasmó y todo rastro de ira se apagó, intercambiándose por una expresión de sorpresa para nada común – en serio estoy muy apenado por lo que sucedió – argumenté – y tengo dinero extra que me quedó de mi liquidación de Art Life – me miro con grandes ojos, sorprendida, y luego negó repetidas veces con la cabeza demostrando mucha timidez. - No, no, no, como crees, no te hare gastar tu dinero, además fue un error a cualquiera le pasa – objeto ella rehusándose, mientras movía las manos también en señal de negación. - Insisto señorita Gavotti, en serio estoy muy apenado por lo sucedido y quiero compensárselo – dije muy serio, pues de verdad estaba arrepentido. Mi sentido del humor, aunque algo gris, tenía su límite, y hoy había llegado a ese límite pues la había fregado como nunca con mi nueva jefa y eso estaba mal, MUY MAL. ***GABRIELA*** El tipo tenia cara de niño rico, estaba para comérselo y de paso su actitud, JA, ni que hablar de su actitud. Parecía el propio patán engreído, que se portaba como un caballero seductor para llevarse a las mujeres a la cama. Ya había visto muchos así en la universidad. Hombres que abusaban de su sensualidad y apariencia atractiva, haciéndose parecer caballerosos delante de las mujeres para que estas cayeran de rollito a sus pies y así llevárselas a la cama. Pero aunque el muy IDIOTA de mi nuevo asistente tenía este aspecto, era completamente diferente, y pude notarlo en cuanto esas palabras salieron de su boca. ¿Él? ¿Comprarme ropa para compensarme? ¿Qué clase de bombón engreído y patán eres? Pude notar una amabilidad y una ternura sumamente diferentes a lo que acostumbraba ver. Jamás había visto a un hombre de su clase actuar de tal manera, y era realmente extraño. Él era muy diferente de todo lo que yo había visto, él de verdad era un caballero, no eran solo apariencias o armas que utilizara para tenerlas a sus pies. En verdad era un hombre dulce y gentil, galante ante todo y sumamente caballeroso. Suspire sonoramente con extenuación y dije – está bien señor rodríguez, pero no quiero que nadie me vea toda manchada – hice una pausa mientras tomaba mi cartera marrón y lo volví a mirar - ¿Cómo haremos? – inquirí mirándolo atentamente con grandes ojos y las cejas levantadas, mientras colocaba mis manos en mi cintura en posición de dominio. - Bueno jefa, eso se resuelve fácil – respondió él haciendo una pausa que indicó con su dedo y salió corriendo a su lado de la oficina a buscar… ¿Qué? Y pasados unos segundos volvió con una chaqueta de cuero negra – cúbrase con mi chaqueta – sugirió amablemente con una sonrisa seductora y muy tierna a la vez, una que era completa y notablemente natural a diferencia del resto de sonrisas que me dedicaba no solo a mí, sino a todas en las oficinas. Acepté la chaqueta con la mirada agachada y los cachetes algo rojos por la vergüenza que sentía, y de la nada… ¡No puede ser! Ese profundo y exquisito aroma de su perfume me inundo la nariz y me rodeo completamente sumergiéndome en un trance, en el que suspire constantemente, extasiada con el exquisito olor que desprendía su chaqueta, esa que estaba impregnada de su sexy y cautivador aroma a perfume masculino. Todos en las oficinas de la empresa nos miraban con grandes ojos y él caminaba forondo delante de mí como si no le importase que nos miraran de esa forma. ¡Creo que lo disfruta! No me sorprendería que, con ese ego que tiene, disfrutara que todo el tiempo nos estuvieran viendo, sobre todo ahora. Me guio hasta su auto. Un sedán azul oscuro muy bonito y bien cuidado, parecía nuevo. Me abrió la puerta cortésmente y luego se subió al auto poniéndolo en marcha en un completo silencio, que si bien prefería no hablar con él, en ese momento, ese silencio fue demasiado incómodo. - ¿A dónde vamos? – investigué con curiosidad tratando de romper ese horrible e incómodo silencio que nos arropaba. - Ya lo veras – dijo casi susurrando, eso me asusto. Este tipo era peligrosamente guapo, y si no tenía cuidado podía terminar enredada en una de sus marañas de chico sexy que las tiene a todas a sus pies. ¡Soy virgen, no estúpida! ***LUKE*** Conduje por quince minutos hasta detenerme en una tienda de ropa que solía frecuentar con… con algunas mujeres de Art Life. Al entrar a la tienda, la señorita Gavotti abrió grandes ojos, observando con asombro todo el panorama que se planteaba ante ella, cuando una de las vendedoras se acercó. - Bienvenido Luke, hace mucho que no te veíamos por aquí – saludo la mujer con una voz sensual que me hizo sonreír con picardía, pero luego recordé que estaba mi jefa mirándome con ojo crítico y me tense cambiando la sonrisa por una expresión seria. - He estado algo ocupado Christina, pero… no estoy aquí por eso, necesito que atiendas a la señorita Gavotti… - Aguarda, eres… ¿Gabriela Gavotti? – dijo Christina la vendedora, mirando con admiración a Gabriela – vaya… me encanta la publicidad que tu empresa hace, muchas de nuestras campañas publicitarias fueron dirigidas por tu padre, son geniales – alagó y Gabriela le sonrió feliz de saber que el trabajo de su padre era tan elogiado – aguarda… ¿Qué haces que lo señorita Gavotti? No me digas que… - No, no, no, nada de eso, ella es mi jefa – anticipe antes de que la muy… metiera la pata. - ¿Tu jefa? Vaya que estas lleno de sorpresas hombre – afirmo ella con una sonrisa que me incómodo. Pronto nos hallamos en la tienda y Gabriela admiraba todo el bonito lugar lleno de prendas sumamente hermosas para mujeres. ¡Esto es el paraíso, el cielo, comparado con tu closet querida Gabriela! Elegí para ella unos jeans azul marino que se le ceñían perfectamente a las caderas, y a las piernas, demostrándome así que mis sospechas respecto a su cuerpo estaban en lo cierto, y también una blusa de mangas largas color salmón, un poco holgada, con corte a la altura del ombligo, dejándome ver ese hermoso abdomen que ella tenía. Aunque al principio se quejó. - ¿Por qué tengo que usar esto? Me veo… - Se ve excelente señorita Gavotti, tiene una figura hermosa y jovial y debe usar ropa que la haga lucir esa juventud que posee con un brillo sin igual – repuse admirándola con grandes ojos, mientras disfrutaba contorneando con la mirada cada línea de su figura. Definitivamente su figura era exquisita, era delgada y un poco ancha de caderas, tenía piernas perfectamente gruesas y sensuales, unos prominentes y perfectos pechos, y su abdomen, no era plano pero tampoco era gordo, simplemente rellenito con la suficiente carne para hacerla lucir hermosa con la prenda que ahora vestía. Su cuerpo era espléndidamente delineado por curvas que eran difíciles de apreciar sin la ropa adecuada. Por eso elegí esa ropa para ella. Eso combinado con sus ojos oscuros, casi negros, que cuando los toca el sol se vuelven claros de una manera sumamente mágica, y esa larga y preciosa cabellera bien cuidada que le pasaba poco más por debajo de la cintura hasta sus nalgas, resultaba en una combinación perfecta de belleza y sensualidad. Al verla vestida así y contemplar su maravillosa figura mordí mis labios de la emoción, no lo pude evitar, que bueno que no me vio, porque estaba muy ocupada mirándose al espejo. ¡Dios… es hermosa, y… sexy! La hice cambiarse las horrendas sandalias playeras por unas zapatillas casuales semi cerradas de correa color negras y con eso terminé de mejorar su outfit. Ella permaneció en silencio, sin replicarme nada más y yo me limite a pagar la cuenta que, aunque era algo cara, yo podía fácilmente pagarla, aunque no se lo iba a decir a ella. No le diría cuanto había gastado realmente para verla vestida así de hermosa. A fin de cuentas no solo lo hice por arrepentimiento…
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