El asistente y la jefa

2826 Palabras
***LUKE*** Llegue bastante temprano a mi nueva oficina, estaba ansioso por disfrutar un poco de la diversión que me traería estar cerca de mi nueva jefa. ¡La señorita Gabriela Gavotti, no sabes cuánto disfrutare mi tiempo contigo! Todas las mujeres y también los hombres que se encontraban a tempranas horas en la oficina de open your eyes me observaban con un asombro poco normal. Ya era normal para mí que me miraran siempre, sobre todo las mujeres, siempre que me veían se derretían, pero mirarme de la manera en que lo hacían esta mañana. ¡Jamás! Mi nueva oficina era… acogedora. Tenía la iluminación suficiente, un escritorio amplio, vista hacia el cubículo de la sexy chica de ventas, y una cómoda y confortable silla acolchada. ¡Esto es mejor de lo que esperaba! Como siempre, era el centro de atención de todas las miradas en aquellas oficinas, pero hoy era diferente, parecía como si hubieran visto algo muy inusual, aunque… supongo que no es común ver a un hombre como yo en un puesto como este, pero… yo no soy alguien común. ¡Soy lo máximo! Me senté sobre mi nueva silla, frente a mi nuevo escritorio, en mi nueva oficina, esa que se encontraba justo antes de la oficina de mi jefecita, esa ternura de niña que no tenía ni un ápice de sentido de la moda e inmediatamente note que en mi escritorio había un jarrón hermético que emanaba un olor muy peculiar, uno que amaba oler por las mañanas. ¡Café, dulce néctar de los dioses! Verifique uno de los cajones de mi escritorio y encontré algunas tazas para tomar café. Tome una y me serví un poco para comenzar la mañana de la mejor manera. ¡Aunque… ya lo había hecho, ya tenía las miradas de todas encima, pobrecitas! Había también sobre ese escritorio color caoba frente al cual estaba sentado, una carpeta que ponía en el encabezado “Ventas de la semana” supe que debía ordenar las ventas de la semana por fecha, así que fui al estante que se encontraba a unos metros de mí para buscar los demás expedientes de ventas. Comencé realizando mi labor con soltura, después de todo tenía la experiencia que necesitaba… bueno… que ella necesitaba, para ser un buen asistente. Tantos años con Art life no han sido en vano después de todo. ¡Por supuesto que no! Me limite a organizar cada expediente para dárselos a mi linda jefecita en cuanto llegara a la oficina, y mientras, degustaba ese delicioso café que inundaba mi paladar con ese sabor dulce y a su vez amargo, ese sabor que daba tanta emoción a mi vida. ¡Creo que hasta me gusta más que el sexo… no… estoy exagerando! Después de organizar los expedientes de ventas, los coloque a un lado de mi escritorio de forma ordenada para separarlos del resto de documentos que tenía que organizar durante el día. Mientras tomaba otro trago de mi delicioso café y ordenaba otro grupo de expedientes, entro una llamada en el teléfono que estaba junto mi computadora. Por un momento me asuste, pero sabía perfectamente que hacer, ya lo había hecho antes. - Asistente de la señorita Gavotti ¿En qué puedo ayudarle? – respondí después de levantar la bocina, desenvolviéndome de la mejor manera posible. - Ah… ah… - titubeo la voz al otro lado, era una mujer, y parecía sorprendida por mi masculina y seductora voz. ¡Qué tierna, en serio soy bueno! - Ah… habla Regina Santos, soy amiga de la señorita Gavotti ¿Podría comunicármela por favor? – respondió por fin la mujer tras la bocina, con una voz nerviosa, como solía suceder cuando me escuchaban hablar por teléfono. - Lo siento, pero la señorita Gavotti no se encuentra en este momento ¿Quiere dejar algún mensaje? – respondí con una sonrisa de satisfacción en mis labios mientras jugaba con mi bolígrafo y miraba mi café, en serio me estaba divirtiendo. ¡Y me divertiré aún más! - Ah… bueno yo… - titubeo la mujer que por cierto, tenía una voz muy sexy, pero… tengo que verla en persona. ¡Y hablando de ver en persona! ¿Dónde estará mi jefa la ternurita? - Bueno, si pudiera decirle que la llamé y que por favor me devuelva la llamada, le estaré sumamente agradecida, adiós – soltó con prisa, parecía que ya había llegado al borde de su colapso nervioso. ¡No sé qué tiene mi voz que las vuelve locas, pero es genial! Seguí haciendo mi trabajo, daban ya casi las nueve de la mañana y mi nueva jefa aun no llegaba. De pronto la chica sexy de ventas se acercó a paso nervioso e inseguro hacia mi oficina para traerme otros expedientes. Tocó la puerta con delicadeza y le indique con la mano que podía entrar, ya que la puerta era de cristal y se podía ver completamente hacia dentro de mi oficia. Ella entro cautelosamente y de la misma manera dejo los documentos sobre mi escritorio en intento marcharse. ¡No tan rápido cariño! Sujete su mano con suavidad haciéndola dar un pequeño salto de sorpresa y susto. Cada vez era más divertido, pero ahora no solo lo estaba haciendo por diversión, había otra razón para mi actitud. - Disculpa… - comencé tratando de decir su nombre, pero… jajaja no lo sabía. - Carol… - respondió ella con un hilo de voz, se podían palpar sus nervios, la mano le temblaba de manera tremenda – me llamo Carol. - Bueno Carol… es un placer conocerte – respondí besando su mano cortésmente, la muchacha se paralizo y sus cachetes de tornaron rojizos. ¡Que lindas se ven todas cuando se ponen así! - Quisiera saber… - No… espere señor Rodríguez – me detuvo sorprendiéndome – no creo que sea apropiado. - ¿De qué está hablando? – pregunte con cara de confusión, pero… claro que sabía de lo que hablaba, solo que, uno, lo que quería decirle no tenía nada que ver con eso, y dos, no soy un aficionado, no la voy a invitar a salir a la primera, aunque podría, y la convencería, pero no es mi estilo. ¡Pobrecita, sigue soñando, que el golpe vendrá cuando menos lo esperes! - Carol, solo quería preguntarte sobre la hora de llegada de la señorita Gavotti – aclaré mientras le soltaba la mano y se me dibujaba una sonrisa de burla de manera instantánea en el rostro. Ella abrió los ojos de par en par y quedo boquiabierta avergonzada. - Soy una estúpida – dijo golpeándose la frente con la palma de la mano. ¿Pero… por qué haces eso niña? - Lo lamento señor Rodríguez, creí que… creí que usted me estaba invitando a salir – ya no podía aguantar las ganas que tenia de reírme, pero debía hacerlo, ella estaba muy avergonzada, sus cachetes estaban rojos, los sentía quemar, y el ambiente se puso caluroso. - No hay cuidado Carol – objeté agitando la mano en señal de que no importaba – suele suceder pero… sobre la señorita Gavotti – mi interés por la hora de llegada de mi jefecita seguía intacto. - Ah, sí, eso… la señorita Gavotti suele llegar a las nueve y media de la mañana, así que ya debe estar por llegar, adiós – hablo con prisa mientras salía huyendo despavorida de mi oficina. Nada más cruzar la puerta, ya estaba soltando la carcajada con disimulo. ***GABRIELA*** Me levante temprano como todas las mañanas, fui a casa de mi vecina como siempre para ayudarla a hacer el desayuno, y entre todo eso se me fue la hora. ¡Como siempre! Termine con todo esto casi a las ocho y media, pero aun debía pasar a recoger algunos materiales necesarios para que mis empleados pudieran hacer su trabajo de manera correcta, así que debía apresurarme o de lo contrario llegaría tarde. ¡De nuevo! Termine de recoger los materiales que necesitaba y ojee mi reloj, solo para darme cuenta de que ya eran las nueve y quince de la mañana, e iba mega retrasada a mi trabajo, de por sí que ahora soy la dueña. ¡Nota mental: debo comenzar a ser más puntual! Corrí lo más rápido que pude para llegar a tiempo, jamás habría imaginado que me encontraría con semejante cosa al llegar, pero que podía esperar, yo era la que iba tarde. Nunca me daba tiempo de arreglarme demasiado, siempre tomaba lo primero que encontraba en el closet, y con eso salía a la calle para ir a laborar como de costumbre. La mañana de hoy, traía puesta una falda marrón, con una camisa blanca abultada que traía por dentro de la prenda inferior, y unas sandalias tipo playeras. ¡Me siento súper cómoda así! Al llegar a la oficina, salude a todos con prisa mientras les entregaba los materiales que había tenido que buscar para ellos y cuando llegue con Carol, de ventas, ella estaba… ¿Colapsando? Tenía un colapso nervioso y Jenny de diseño estaba tratando de darle aire con una carpeta de papel, que agitaba como si fuera un abanico. Todas las miradas estaban sobre mi oficina, y yo seguía sin entender. ¡Como siempre yo la lenta, la tonta! - ¿Qué está sucediendo? – inspeccione con recelo y todos me miraron provocándome un ligero susto. Parecía como si tuviera algo en él rostro -¿Qué? ¿Qué tengo? – inspeccione mi cara con mis manos, pero nada, ellos seguían callados. - Eh… jefa… - habló por fin una de mis empleadas. Carol de ventas – no se asuste pero… tiene que entrar a su oficina – ya comenzaba a preocuparme. - ¿Se trata de mi nuevo asistente no? – pregunté ella asintió pero tenía los cachetes rojos. Parece ser que ya estaba haciendo de las suyas. ¡Por supuesto que sí! - ¿Qué rayos hizo ese…? - No, no, no, no, jefa, no – la mire confunda, todos me miraban a mí, eso daba miedo, no estaba acostumbrada a ser el centro de atención – no hizo nada malo, el… - hizo una pausa y miro hacia la oficina – el… solo… llegó muy temprano. ¿Qué? La mire confundida y pregunté - ¿Qué tan temprano? – ella me miró y miró de nuevo a la oficina, parecía estar nerviosa. ¿Por qué estas nerviosa niña? ¿Niña? ¡De nuevo, como si yo fuera tan vieja! - Esta aquí desde que abrimos las oficinas – dijo ella para luego tratar de huir, escondiendo su rostro rojizo detrás de unas carpetas. ¿Qué rayos está pasando aquí? Camine con prisa hacia la oficina solo para encontrarme con mi nuevo asistente sentado muy forondo en su escritorio. Ese aire de niño rico y esa actitud soberbia y egocéntrica que se percibían a leguas, presentí desde el momento en que lo contrate que serían un problema. El hombre era SEXY, y lo más peligroso de eso, es que él lo sabía perfectamente, pero a fin de cuentas, lo contrate porque él tenía lo que yo necesitaba. Tenía la experiencia que requería de un asistente, para que pudiera ayudarme con todas mis labores en la empresa. Después de todo, yo era buena en lo que hacía. ¡Muy buena! Pero no podía hacerlo todo yo sola, y este hombre, Luke Rodríguez, tenía mucha experiencia trabajando con publicidad. ¡Ósea el tipo trabajo para los estudios Art Life! Esos estudios eran mi sueño, y lo siguen siendo, pero ahora lo importante era, que mi asistente, era un hombre con mucho conocimiento sobre comercio publicitario, después de todo, Art Life era famoso por su capacidad de catapultar a la fama a sus estudiantes más talentosos en cuestión de meses. Cuando entré a la oficina me arropo un olor a perfume envolvente. No era invasivo, no era demasiado fuerte, solo era lo suficientemente fragante como para hacer que cualquiera cayera en un trance hipnótico. ¡Por Dios, está usando Ëgoïste de Chanel! El olor que emanaba aquel hombre por su perfume, era sumamente exquisito y ahora toda la oficina estaba impregnada de aquel aroma tan espectacular. Él estaba sentado frente a su escritorio con una taza de café a su lado, y una pila de documentos al otro. Estaba laborando con soltura en su nuevo puesto, hasta que me vio entrar y se levantó de su silla en un tirón. A un paso moderadamente rápido y con una seguridad impresionante, su amplio pecho bien en alto y esa mirada de galán de telenovela, camino hasta la puerta de mi oficina para abrirla demostrando así una caballerosidad tremenda. Yo seguía atónita y él parecía estar esperándome. Camine cautelosamente hacia la puerta de mi oficina, sin dejar de mirarlo, inspeccionando atentamente sus acciones para que no me tomara desprevenida de nuevo. ***LUKE*** Y ahí venia mi linda y tierna jefecita, de nuevo con esa horrenda pinta, caminando por en medio de la oficina sin dejar de mirarme. Estaba preparándose para que no la sorprendiera otra vez. ¡Que tierna! La falda que traía era horrenda, no combinaba en absoluto con su color de piel. Ella era de piel semi morena y esa falda marrón oscuro solo le opacaba el brillo de su color de piel. Luego estaba esa fea camisa blanca abultada, que esta vez traía por dentro de la falda, pero eso no importaba, porque la camisa era horrible, y además usaba esas horrorosas sandalias. No comprendo cómo es que una mujer tan hermosa como ella, no se preocupaba por vestirse de manera apropiada para su cuerpo. Estaba seguro que debajo de toda esa ropa, había una espléndida figura que era opacada por esos feos gustos con los que se vestía. ***GABRIELA*** - Bienvenida a su oficina señorita Gavotti – saludó de manera cortes mientras me abría la puerta con mucha caballerosidad. Esa era su mejor arma después de su apariencia. Le dedique una sonrisa hosca mientras entraba sin decirle una sola palabra y luego cerré la puerta detrás de mí. Me recosté a la puerta para hallar sopor y confort, para recuperar un poco la compostura que había perdido en tan solo un instante, no sé por qué, y de nuevo sentí el olor de su embriagante perfume rodeándome las fosas nasales. ¿Cómo es posible? ¿Acaso entró a mi oficina? Fui directo a mi escritorio y me senté frente a él, mientras decidía si lo llamaba para preguntarle si había entrado a mi oficina sin mi consentimiento. De la nada un golpeteo en la puerta me saco de mis pensamientos y me hizo brincar en la silla por los nervios. ¿Por qué estoy tan nerviosa? No entendía la razón, pero este hombre me ponía nerviosa, y no solo a mí, sino a todas mis chicas. Cuando llegue una de ellas estaba al borde de un colapso. - Adelante – hablé finalmente para autorizarle la entrada a la persona que tocaba la puerta, solo para encontrarme con que era él de nuevo. ¡No puede ser! Camino hasta mi escritorio con unas carpetas bajo el brazo izquierdo y con una taza de café humeante en la mano derecha, cuyo olor pude sentir desde el momento en que entró, combinándose con la exquisita fragancia del perfume que usaba mi nuevo asistente. ¡Si esto sigue así me volveré loca! Dos olores sumamente cautivadores estaban envolviendo mi nariz mientras él se acercaba para dejar la taza de café sobre mi escritorio y las carpetas que traía bajo el brazo. Pude contemplar que el café tenía como unas chispas por encima. ¿Qué es eso? - Bueno señorita Gavotti, estos son los expedientes ventas de esta semana, organizados cronológicamente para que los pueda revisar con mayor precisión – indicó con su dedo mientras abría una de las carpetas, y luego se dio la vuelta para marcharse, pero cuando estaba en la puerta, me devolvió la mirada – por cierto – dijo – pude darme cuenta ayer de que le gusta el café, así que me tome el atrevimiento de prepararle mi famoso café con chispas de chocolate para alegrarle la mañana. Espero que tenga un excelente día, y recuerde, si me necesita, estoy al otro lado de la puerta, solo debe llamarme – me dedico una sonrisa y me guiño el ojo muy coqueto. ¡Este… él me va a traer muchos problemas! ¡En que me metí! ***LUKE*** Su cara de sorpresa cuando le mostré los expedientes de ventas ordenados y más cuando le dije sobre el café, eso no tuvo precio, pero algo se me había olvidado. Me concentre tanto en ponerla nerviosa que se me había olvidado algo importante, pero… valió la pena.
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