Observo a Alexander dormir plácidamente a mi lado mientras yo sigo sin poder creer que luego de todo lo que había pasado a lo largo de este último tiempo, aquel hombre sea mío. ¿En qué momento mis fantasías se habían convertido en realidad? Suspiro profundamente a la vez que dejo caer mi mano de manera delicada sobre su mejilla para acariciarla con cuidado, temiendo despertarlo, pero sin poder aguantarme las ganas de tocarlo. —Buenos días, mi amor… —susurra él aún sin abrir los ojos. —Sigue durmiendo, aún es temprano —digo de inmediato al intentar retirar mi mano de su mejilla, pero él me lo impide al tomar mi muñeca con su mano. —La vida es muy corta como para pasarla durmiendo —tuerce una sonrisa y entonces por fin me deja ver aquel par de ojos que yo tanto amaba. —Entonces, b

