Capítulo 3: "Reunión"

1912 Palabras
—¡Más duro! —pido mientras Alexander Willliams me penetr.a una y otra vez con afán. Me estaba volviendo completamente loca, pues por fin, Alexander me estaba haciendo suya, tal como había imaginado tantas veces en mis mejores sueños. Él lleva su ansiosa boca sobre la mía y me besa sin piedad, dejándome sin aliento mientras seguía entrando en mí en repetidas ocasiones, cada vez con más intensidad, haciéndome ver que estaba a poco de conseguir su liberación, al igual que yo. —Eres deliciosa, Wang —susurra sobre mi boca. Muerdo su labio inferior y gimo su nombre una vez llego a mi el tan anhelado orgasm.o. —¡Christine, debo irme a la Universidad! ¡Necesito dinero! ¡Mierda! Abro los ojos de golpe y entonces caigo en cuenta de que una vez más estaba manteniendo sueños erótico.s con Alexander Williams. —¡Toma dinero de mi bolsa! —respondo apresuradamente, intentando controlar los locos latidos de mi corazón al haber tenido ese sueño con mi jefe—. ¡Que te vaya bien, Dylan! —grito a mi hermano menor, quien había conseguido despertarme de aquella fantasía. Minutos después escuché como mi hermano cerrada la puerta de casa y luego de asegurame que estaba sola, me sentí un poco más tranquila. Mi alarma aún no sonaba, por lo que me quedaban minutos para tener que arreglarme para ir al canal. Bufo al sentirme ardiendo de deseo y deslizo mi mano hasta mi parte más íntima, solo para descubrir que estoy completamente húmeda. Muerdo mi labio inferior a la vez que comienzo a mover mi dedo con gran urgencia sobre mi clítori.s, pues me sentía completamente caliente. Froto con mi dedo aquel punto tan sensible y poco a poco me voy relajando y moviendo mis caderas a un delicioso y sensual ritmo, mientras imagino que era Alexander quien me hacía sentir de este modo, que eran sus propios dedos los que jugaban conmigo. Gimo en voz alta al sentirme muy excitad.a y cuando estoy cerca del orgasm.o me tenso por completo, sin dejar de acariciarme a mí misma, hasta que por fin siento como me corro, hasta quedar relajada por completo. Inhalo profundo, intentando controlar mi respiración y una sonrisa torcida se forma en mis labios al ver cómo me tenía Alexander, vuelta un mar de locas hormonas. (...) Apenas pongo un pie en la oficina, Emily se me acerca con una enorme sonrisa dibujada en sus labios. Lo cierto era que desde que sabía que ella estaba embarazada, se le notaba mucho más alegre y con un brillo especial en la piel. —Hola, Wang —saluda con un beso en mi mejilla y luego engarza su brazo con el mío. —¿Cómo vas, Emily? —pregunto caminando hacia mi oficina con ella a mi lado. —Bien, bien —dice a la rápida—. Por cierto, vi el traje que conseguiste para el jefe, y debo decir que me encantó. Tienes buen gusto, Christine. —Ni que lo digas, te dije que era la indicada para ayudarle —le guiño un ojo y entro a mi lugar de trabajo, dejando mi bolsa sobre el escritorio y entonces me doy cuenta que la secretaría de Alexander continúa ahí, por lo que le sonreí intentando que soltara lo que tenía para decirme—. ¿Ocurre algo, Emily? —No, es solo que hay reunión en la sala de juntas, con todos —indica y luego camina hacia la salida de mi oficina—. En media hora, y has llegado tarde, pero como el jefe está de mal humor, no le diré nada, pues no quiero ser la causante de tu despido. Sonrío de medio lado y asiento hacia ella, pues todos sabíamos lo peligroso que era Alexander cuando no estaba de buen humor, pero después de todo ¿Cuándo se encontraba de buen humor? Nunca. Era de público saber que nuestro jefe se caracterizaba por ser un gruñón. —Nos vemos en un rato —digo con una sonrisa y entonces ella abandona mi oficina. Rodeo mi escritorio y me siento en mi silla de siempre, para después encender mi computadora y confirmar que el trabajo que tenía asignado para hoy no era mucho. Sonrío de medio lado para confirmar una entrevista que tenía dentro de tres horas fuera del canal y luego reviso en la plataforma cómo van los números en mis videos de YouTube. Me alegra el saber que las visualizaciones de mis últimas entrevistas han aumentado considerablemente, en especial, la que le había realizado a Athom Patel, el primo de Alexander, hace más de un año, la que sin duda, lideraba la lista debido a la fama que tenía aquel empresario a nivel nacional. Reviso la hora en mi celular, y aunque aún faltaban quince minutos para la reunión, salgo de mi oficina en dirección a la sala de juntas, pues prefería llegar antes para encontrar un buen lugar en el que sentarme, ya que de lo contrario, tendría que conformarme con los puestos más incómodos. Al entrar en la sala de juntas me encuentro con Alexander sentado en la cabecera de la larga mesa que decoraba el sitio. Lo observo teclear sobre su laptop con afán. Mantenía las cejas arrugadas y mordía su labio inferior sin darle tregua. Mierda, que ganas de morder esa boca… —Hola, jefe —saludo evitando tener ese tipo de pensamientos lujuriosos, pues luego mi subconsciente me traicionaba y me tenía imaginando escenarios eróticos con él en mis sueños. Alexander alza la cabeza al escucharme hablar y me mira con las cejas arrugadas y una mueca en los labios, para después devolver su mirada al laptop, sin siquiera saludarme. —Ya veo que eso de la amabilidad sigue sin llegar a usted, señor Williams —musito nuevamente para llamar su atención. Alexander sonríe de medio lado, sin dedicarme una mirada, pero con aquella pequeña sonrisa me doy cuenta de que tengo aunque sea un poco de su atención. Camino hasta sentarme en la silla disponible a su lado y entonces me cruzo de brazos a propósito, pues justo hoy había decidido ponerme una blusa que dejaba ver levemente mi escote. —¿Qué quieres, Christine? Diablos, mi nombre en sus labios se escuchaba tan delicioso, que me provocaba ganas de que me llamara siempre así, y no por mi apellido, como todos lo hacían. —Solo saludaba, ¿acaso no puedo? —pregunto algo desafiante. Él voltea los ojos con fastidio y entonces por fin me mira por varios segundos. Noto como sus ojos examinan el escote en mi blusa y luego me mira directamente a los ojos. Sus ojos azules brillan levemente y entonces carraspea, como si de pronto se sintiera incómodo. Sonrío de medio lado y me siento la reina del mundo al pensar en que no le era indiferente a aquel pedazo de hombre. —Hoy llegaste tarde —puntualiza aún manteniéndome la mirada. Borro la sonrisa en mis labios y entonces muerdo mi labio inferior a la vez que suspiro. —Quisiera darle una razón de peso, pero… —niego con la cabeza y entonces no pienso muy bien en lo que tenía para decir—. Tuve un sueño muy extraño… desperté confundida y… —¿Cómo? —pregunta confundido y entonces yo me río algo nerviosa, pues no podía creer que estaba a nada de confesarle que había tenido un sueño húmedo. —Lo siento, jefe… —digo de inmediato—. Le prometo que no se volverá a repetir—. Asiento con la cabeza y entonces la duda se apodera de mi—. ¿Cómo sabe que llegué tarde? Él se encoge de hombros y vuelve a ignorarme, por lo que resoplo con frustración. —Fui temprano a buscarte a tu oficina —suelta al darse cuenta que había vuelto a ignorarme como solía hacerlo. —¿Por qué? —pregunto confundida. —Quería darte las gracias… Abro la boca sorprendida y entonces arrugo las cejas confundida, pues jamás él me había dado las gracias por algo. —¿Darme las gracias? —Sí, Christine. —¿Y eso a qué se debe? —cuestiono asombrada. —Por haberme ayudado a encontrar el traje perfecto para la cena a la que fui. Todos me halagaron —musita con una sonrisa torcida que me hace sentir un cosquilleo en el estómago. Mierda, ¿por qué tenía que ser tan atractivo? —Jefe, yo… —quise decir algo coherente, pero en ese momento la puerta de la sala se abre, dejando ver a Lindsay junto a Peter, quienes nos miraron con curiosidad. —¿Interrumpimos algo? —pregunta la muy canalla al mirarme con picardía. Alexander carraspea un poco incómodo y entonces niega con la cabeza a la vez que finge una sonrisa. —Claro que no —dice—, siéntense, por favor. Ella se sienta a mi lado, mientras Alexander se disculpa para salir en busca de algo. Mi mejor amiga me mira con interés y sé que hay mucho que no le he contado, por lo que me acerco un poco más a ella. —¿Salimos juntas hoy? —propongo. —Tengo entradas para ir a una discoteca, una de las caras —me guiña un ojo y yo asiento con la cabeza, aceptando aquella invitación. —Entonces nos iremos de fiesta —digo emocionada, pues yo amaba salir a bailar, y más si era junto a Lindsay, quien era muy divertida y alegre. —¿Y yo no estoy invitado? —pregunta Peter al costado de mi amiga. Giro los ojos con fastidio, pues aún no lo perdonaba por haber abandonado bajo la tormenta aquel día en que habíamos ido a cubrir aquella nota. —No, tú no, Peter —digo con burla. Peter me observa con ojos de cachorro atropellado y yo lo ignoro, pues nunca me había caído bien del todo. Los demás periodistas del canal comenzaron a llegar a la sala de juntas y luego de que Alexander entrase nuevamente al sitio, la reunión comenzó. —Tengo un nuevo proyecto, al cual le he puesto todas mis fichas —confiesa—. Quiero lanzar un Reality Show, el que sin duda, captará mucho rating. Escucho atenta a su propuesta, y aunque me parece adecuada, hay varias cosas que no me terminan de cuadrar, pero no digo nada, pues al parecer, él ya tenía todo listo para llevar a cabo aquel proyecto, y después de todo ¿Quién era yo para opinar respecto a su trabajo?. En medio de su discurso, una compañera de trabajo hace una pregunta y eso provoca que Alexander termine hablando cerca de dos horas sobre su nuevo proyecto, hasta que por fin nos deja en libertad, para continuar con nuestras funciones dentro del canal. —Wang, debo ir contigo a cubrir tu entrevista —menciona Peter una vez nos ponemos de pie. Lo miro con las cejas arrugadas y entonces resoplo. —Espero no suceda lo mismo de la vez anterior —advierto. —¡Ya díganme qué pasó entre ustedes! —pide Lindsay engarzando su brazo al mío—. ¿Por qué tanto misterio? —Lo mismo me pregunto yo —digo divertida al mirar como Peter palidecía. —Nos vemos luego, chicas —dice él antes de salir corriendo en la dirección contraria. —Cobarde —murmuro al ver divertida la escapada de Peter.
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