—¿Podrías no decirle nada a Lindsay? —pregunta Peter mientras caminamos hacia el canal—. No quiero que ella piense mal de mí.
La entrevista había resultado bien, aunque no había sido para nada divertida y nos había tomado solo una hora. Miro de reojo a mi compañero de trabajo, quien se mostraba nervioso y algo preocupado al tocar ese tema.
—No le diré nada, Peter —respondo—, porque debes hacerlo tú. Después de todo, tú eres el que quiere meterse en la cama de mi amiga —le guiño un ojo haciendo que él arrugue las cejas con fastidio.
—No quiero eso de Lindsay —aclara.
—¿Entonces?
—Ella me gusta mucho, y quisiera mucho más que un momento en su cama.
Sonrío de medio lado, pues aunque Peter era un idiota cobarde la mayor parte del tiempo, sabía que era un buen chico y se veía muy interesado en mi mejor amiga.
—No le diré nada, Peter, pero tú sí deberías decirle —musito—. Tampoco es algo terrible, incluso puede que sea chistoso —me encojo de hombros y él sonríe hacia mí, junto a un asentimiento de cabeza.
—Está bien, Wang… —susurra a mi lado—. ¿Entonces dejarás de guardarme rencor?
—Voy a pensarlo —sonrío con diversión y luego ambos entramos al canal para entregar nuestro reporte del trabajo en terreno que habíamos realizado.
(...)
Me doy una última mirada en el espejo y me gusta lo que veo. Para esta noche había decidido utilizar un vestido n***o pedago al cuerpo y muy corto, que me hacía realzar mis curvas naturales, además de unos tacones con plataforma para verme un poco más alta y alcanzar el metro sesenta de altura. En general, me gustaba mi cuerpo, pues tenía unos pechos firmes y redondos, además de un traser.o tonificado y grande, por lo que nunca me había acomplejado de mi apariencia física, es más, me sentía conforme y segura con lo que proyectaba al exterior.
—¿Vas a salir? —pregunta Dylan al entrar a mi habitación. Lo miro a través del espejo y asiento con la cabeza—. ¿Sigues soltera? —pregunta haciéndome rodar los ojos en respuesta.
—¡Claro, Dylan! —digo al sonreír de medio lado—. De no estarlo ya te habría contado.
—Es que no lo entiendo, eres una mujer profesional, hermosa y sin hijos, ¿Cómo es que sigues soltera?
—Soy muy selectiva, supongo —me encojo de hombros al saber que eso era completamente cierto, pues siempre acababa por fijarme en hombres imposibles para mí, como lo era Alexander Williams.
—Deberías dejarte querer más, hermanita —dice él. Se acerca a mí y deja un beso sobre mi coronilla haciéndome suspirar—. Eres única, y estoy seguro de que hay muchos interesados en ti.
—Mejor deberías presentarme a tu novia, esa chica de la que siempre me hablas.
—Flavia aún no es mi novia —sonríe y luego me mira con interés—, y hablando de eso…
—¿Qué vas a pedirme, hermanito? —cuestiono cruzándome de brazos con diversión, pues ya conocía muy bien a Dylan, prácticamente lo había criado.
—Me preguntaba… —ladea su cabeza—. ¿Me darías dinero para invitar a Flavia al cine?
Sonrío a la vez que dejo salir un suspiro y asiento con la cabeza. Voy hasta mi bolsa y tomo mi billetera para entregarle dinero a mi hermano, quien sonríe ampliamente y luego me da un gran abrazo en agradecimiento.
—Usa condón, Dylan, porque aún no quiero que me hagas tía —advierto y él me guiña un ojo para después salir corriendo como desesperado.
Me acerco a mi tocador y me aplico perfume, para después tomar todo lo necesario y meterlo en mi pequeña bolsa, pues ya debía de irme si quería llegar a tiempo para verme con Lindsay en aquella discoteca.
(...)
Al llegar a la dirección que Lindsay me había compartido por mensaje, me encuentro con muchas personas entrando en el sitio, y todas ellas parecían de la clase alta, pues con solo ver sus costosas ropas podía entender a qué se refería mi amiga con “vip”. Busqué a Lindsay con la mirada, hasta que la encontré de pie a un lado de la entrada, vistiendo un vestido anaranjado, que la hacía ver totalmente juvenil y hermosa. Me acerco a ella y le doy un corto abrazo.
—¿Entramos? —pregunta.
—Claro, debemos aprovechar la noche —le guiño un ojo y entonces ella me jala hacia el interior de aquella discoteca.
Lindsay se encarga de mostrar nuestras entradas al guardia y luego de mirarnos de arriba hacia abajo con una mirada lasciva, nos deja entrar.
—¿Cómo es que conseguiste las entradas? —pregunto entre gritos debido a la alta música que resonaba en el lugar.
—Me las regaló el dueño —dice cerca de mi oído para que pueda escucharla—. Hace poco hice una nota de prensa para él y me las regaló —explica y yo asiento con la cabeza en respuesta.
Caminamos hasta la barra del lugar y antes de que podamos pedir algo, un tipo de traje se nos acerca y me mira con interés, como evaluando mi aspecto.
—Hola, preciosa —saluda.
Alzo una ceja hacia él y estoy por rechazarlo cuando Lindsay me dice que irá al baño, para proceder a dejarme a solas con el tipo.
Vale, el tipo no era feo, por el contrario, era muy guapo y desprendía un perfume varonil que lograba alocar mis hormonas, pero por más que lo miraba, veía más y más diferencias entre él y Alexander Williams.
Él no era mi jefe.
—Creo que te dejé sin palabras, guapa —dice sonriendo de lado y afirmando su peso contra la barra. Sonrío con diversión y niego con la cabeza a la vez que extiendo mi mano hacia él con educación.
—Soy Christine…
—Wang —interrumpe él guiñándome un ojo—. Te he visto en televisión, eres periodista.
—¿Eres un fanático, o algo por el estilo? —pregunto divertida. Él suelta una carcajada a la vez que muerde su labio inferior.
—Un fanático de tu belleza, se podría decir.
Alzo una ceja hacia él y lo miro con interés, pues me gustaba cuando alguien coqueteaba conmigo, ya que me hacía sentir deseada, y al mirar los ojos verdes del hombre frente a mí, pensé en que sería buena idea divertirme con él un momento y dejarme querer, a como me había aconsejado Dylan, pero de un momento a otro algo en el segundo piso del lugar llamó mi atención, y es que frente a una pequeña terraza se encontraba el mismísimo Alexander, sosteniendo en su mano un vaso y mirando fijamente en mi dirección.
—¿Te parece si te busco después? Iré a buscar a mi amiga —pregunto hacia aquel tipo, él me mira con curiosidad, pero como todo un caballero asintió con la cabeza y tomó mi mano para dejar un casto beso en el dorso.
—Búscame cuando quieras —dijo con una sonrisa torcida que me pareció muy sexy—. Mi nombre es Hassan, y estaré en la zona del segundo piso.
—Está bien, Hassan —pronuncio su nombre con un toque de picardía y sus ojos brillan ante eso.
—Estaré esperando por ti, guapa —dice antes de darse media vuelta y dejarme ahí sola.
Miro con disimulo hacia Alexander y puedo notar sus cejas fruncidas al verme, lo que me hace sonreír, pues ser tan gruñón era algo característico en él. Tomo valentía de donde no sabía que tenía y camino con seguridad hacia las escaleras que llevaban al segundo piso de aquel sitio, el cual parecía ser la zona más “VIP”, y a la cual no todos podían tener acceso.
—¿Hola? —cuestiona el guardia al mirarme con confusión.
—Necesito subir —digo con una sonrisa—. Estoy con Hassan —miento. Sus ojos se abren y entonces se hace a un lado de inmediato.
—Adelante, señorita —indica.
Sonrío con satisfacción y entonces subo las escaleras hasta llegar a la gran terraza, la cual estaba dividida en varios pequeños salones. Camino por el largo pasillo, mirando de reojo en el interior de cada uno, hasta que de pronto reconozco la espalda de mi jefe, afirmado contra el barandal que daba una visión hacia abajo, donde estaba la mayoría de las personas bailando y disfrutando.
—Buenas noches, jefecito —hablo fuerte, pues estábamos a una amplia distancia. Noto como su cuerpo se tensa al escuchar mi voz y entonces se voltea para mirarme con curiosidad—. Que sorpresa verlo aquí.
—Wang… —murmura a modo de saludo. Me tomo el atrevimiento de entrar en su salón privado, mientras cerraba el paso con la cortina que separaba el espacio de aquel largo pasillo.
—La misma —le guiño un ojo y camino hasta él, para quedarme a su lado, afirmando mi cuerpo en la baranda, mientras él no dejaba de inspeccionar mi figura recubierta por aquel vestido que estaba segura que me quedaba muy bien.
—¿Qué haces aquí? —pregunta de manera brusca, y entonces me arrepiento de haber venido a irrumpir su espacio. Me giro para mirarlo de frente y muerdo mi labio inferior al comenzar a sentirme incómoda, pero de inmediato me recompongo y sonrío como si nada pasara.
—La verdad solo pasé a saludarlo.
—¿Sólo eso? —cuestiona alzando una ceja en mi dirección—. No creo que a tu novio le guste verte conmigo aquí.
Me río ante su comentario y niego con la cabeza.
—No tengo novio, jefe —aclaro de inmediato y él sonríe de medio lado.
—¿Hassan no es tu novio?
—¿Cómo es que todos lo conocen? —pregunto extrañada y entonces es el turno de mi jefe para reír.
—Hassan Collen, uno de los empresarios más reconocidos de la industria del petróleo… —explica y yo abro los ojos con asombro, pues había escuchado aquel apellido, pero jamás imaginé que aquel hombre estaría tan bueno—. Te vi con él.
—Solo se acercó a saludarme —me encojo de hombros y puedo ver como las arrugas en su frente se disipan un poco—. No lo conocía, la verdad.
Él no dice nada más, y entonces lleva el vaso con lo que creo es Whiskey hasta sus labios y se queda en completo silencio. Me dedico a observarlo fijamente y sin quererlo, me pierdo en su rostro, pues aunque la mayoría del tiempo parecía ser un hombre enojado, a mí me parecía el más atractivo de todos los hombres que alguna vez había conocido.
—¿Qué? —cuestiona él de manera brusca.
—Nada —respondo de inmediato—. Solo estaba observándolo.
—No lo hagas, Wang —dice al volver a arrugar sus cejas en mi dirección. Giro los ojos con fastidio y entonces me enderezo en mi lugar dispuesta a irme, pues él no tenía remedio, y hoy no estaba con ganas de insistirle, pues ya había tenido suficiente rechazo de su parte tanto en la reunión del canal como aquí.
—Me voy, entonces.
Alcanzo a caminar dos pasos lejos de él, cuando de pronto una de sus manos atrapa mi brazo y me retiene en el sitio. Lo miro hacia atrás y su mirada se oscurece al encontrarse con la mía, lo que me hace erizar la piel por completo.
Me quedo en silencio, esperando un movimiento por su parte, y entonces ocurre, se acerca hasta mí y me rodea por la cintura, pegando mi cuerpo al suyo. Me empuja hasta la pared más cercana y yo lo miro hacia arriba, sintiendo mi corazón latiendo como loco contra mi pecho.
—Alexander… —susurro en un hilo de voz, pues aún él no me había hecho nada y yo ya estaba ardiendo por dentro, deseando que él me hiciera suya.
—¿Por qué tienes que verme de esa forma? —pregunta con su ceño fruncido.
—¿De qué forma?
—Como si quisieras devorarme.
—Eso es lo que quiero —espeto.
Alexander sonríe de medio lado y entonces estampa su boca contra la mía, devorando mis labios en un intenso beso que logra derrumbar mis barreras y hacerme calentar cada rincón de mi cuerpo. Subo mis manos por su pecho hasta dejarlas sobre sus hombros, mientras las suyas recorren mis nalg.as.
Mierda, aquel beso estaba haciendo que me volviera papilla entre sus brazos, y entonces…
—¿Alexander?
Nos separamos ante aquel llamado y al mirar hacia la entrada del lugar me encontré con una linda morena que miraba al rubio frente a mí con interés.
—Lorrein… —susurra él al reconocerla—. Te estaba esperando.
—No te preocupes, cariño —musita molesta al verme a mí aún pegada a él—. Puedes quedarte con esta, que yo no quiero las sobras.
Alzo ambas cejas y abro mi boca al entender que ella se trataba de la cita de Alexander. No puedo evitar sentir que sobro en el lugar, por lo que empujo a mi jefe por el pecho y salgo corriendo de ahí, esperando no tropezar en el proceso, pues no mis malditos celos no me dejaban pensar con claridad.
¡Claro, Alexander Williams tenía una cita! ¡Y no conmigo!
Me alejo lo más rápido de aquel sitio y entonces comienzo a sentirme muy molesta con mi jefe, por lo que una malvada idea cruza en mi mente al ver a Hassan de pie en la barra de la discoteca.