—Por favor, cuídense —pido una vez más. —Sí, no te preocupes, Christine —dice Dylan al negar con la cabeza y sonreír divertido—. Estaremos bien, no pasa nada, ve a tu escapada romántica con el jefecito. —Cualquier cosa, puedes llamarme, y yo… —¡Ya, hermana! —Dylan se acerca a mí y me abraza para después besar mi coronilla—. Ve y disfruta, vive tu vida, yo estaré bien. —Está bien —accedo con una sonrisa y luego me alejo de él para buscar mi billetera y sacar de ahí un par de billetes que luego le extiendo a Flavia, quien me mira confundida—. Esto es para que pidan algo de comida, o cualquier cosa que necesiten mientras no estoy. —Gracias, Christine —dice ella con una sonrisa y luego me guiña un ojo con complicidad—. Estaremos bien, te prometo que cuidaré a tu hermano. —Con eso me

