—¿Qué rayos dices? —Jing interrogó desconcertado—. Acaso... ¿Me están jugando una broma? —Miró a Leela como demandando una explicación. —Jing... —Ella balbuceó nerviosa—. Fue una trampa... Ulises no lo hizo a propósito. —Entonces... ¿Es cierto? —Su mirada estaba perdida—. ¿Cómo rayos él se enteró? —Leela lo miró con culpabilidad y vergüenza y él empezó a negar moviendo su cabeza con violencia—. Tú... ¿Revelaste tu identidad a tu amigo? ¿Lo hiciste, Leela? —la cuestionó airado. —Perdóname. —Bajó el rostro—. Fui muy imprudente y estoy dispuesta a aceptar las consecuencias de mis actos —Jing rio con ironía y rabia. —¿Y eso va a resolver el hecho de que hayas faltado a la confianza que te di? —dijo con tristeza—. Confíe en ti, Leela. Se supone que no debiste revelar una información c

