El aire fresco de la noche nos envuelve en cuanto cruzamos la puerta del edificio. Jake me guía hasta su auto, un Mercedes que parece sacado de una revista, y me abre la puerta con una sonrisa.
—Gracias —murmuró, algo nerviosa, mientras me acomodo en el asiento.
Él rodea el auto y se instala en el asiento del conductor. Los minutos transcurren en un silencio cómodo, apenas roto por el suave ronroneo del motor y la música de fondo, que parece elegida a propósito para la noche. De vez en cuando doy pequeñas miradas a su perfil, notando la forma en que sus manos se aferran al volante, fuertes y seguras.
Finalmente, él rompe el silencio.
—¿Tuviste un buen día? —pregunta.
—Algo movido, pero bien —respondo, sin tomarle mucha importancia.
No puedo evitar soltar una risita al recordar la clase de hoy—. Digamos que mis estudiantes hoy estaban con una energía... única.
Él suelta una pequeña risa.
—Me gustaría ver eso algún día.
— Apuesto que sí.
Antes de darme cuenta, hemos llegado al restaurante, y solo por la fachada sé que este lugar debe costar un pulmón y medio.
Jake baja primero y se apresura a abrirme la puerta, ofreciéndome su brazo de nuevo. Apenas entro, noto lo lujoso que es el lugar. Por suerte me veo presentable.
Al llegar a la entrada, Jake saluda cortésmente.
— Buenas noches! reservación a nombre de Jake Bennett.
Nos conducen a nuestra mesa, y, al llegar, Jake hala la silla para mí, me siento con todo el glamour que he podido recoger, ‘’noten el sarcasmo’’.
Al sentarnos, el camarero nos ofrece el menú y, mientras hojeo las opciones, noto que Jake me observa con una intensidad que hace que mi respiración se acelere. Aun así no desvío la mirada.
—¿Qué quieres tomar? —pregunta.
Carraspeo, volviendo a la realidad. —Vino, por favor.
—Una botella de Cabernet Sauvignon, por favor.
En cuanto el camarero se aleja, Jake se inclina hacia mí, sus ojos fijos en los míos.
—Gracias por aceptar esta cena, Emma.
Me es imposible no sonreír. Asiento y trato de decir algo ingenioso, pero las palabras me salen.
Hay algo en su manera de mirarme que hace que me olvide de todo, incluso de la idea de que esto solo será una “relación falsa” por poco tiempo.
¿En qué estás pensando, Emma?” me regaño a mí misma.
Si por mí fuera me quedaría con este bombón — dice mi conciencia a gritos.
Tu callate entrometida.
El vino llega, y sirven nuestras copas. Doy un sorbo y disfruto de su sabor.
—Entonces… —digo, jugueteando con la copa—, ¿estás intentando embriagarme?
Jake suelta una carcajada.
—¿Eso es lo que piensas de mí? pregunta, fingiendo ofenderse.
—Por supuesto que no señor Bennett, digo con el mismo tono de voz fingido.
—Aunque, si eso me ayuda a conocerte mejor, quizás debería considerarlo.
Me río y niego con la cabeza, mientras él se inclina un poco más cerca.
—Bueno, si vamos a hacer esto de ser “novios falsos” debemos hacerlo creíble ¿no crees?
—Tienes razón —digo, asintiendo—. No quiero que parezca que no conozco para nada a mi guapo novio cuando alguien me pregunte algo sobre ti. Sería un desastre.
—¿Guapo?.. usted me encuentra guapo señorita Davis?
— Por supuesto señor Bennett, así como a un perrito.
— Jajaja… pero que novia tan considerada tengo.
No aguanto más y explotó en una carcajada.
— ¿Qué te parece hacer el juego de las 20 preguntas? propongo, sonriendo.
Jake sonríe ante la propuesta del juego y levanta la copa en señal de acuerdo.
—Muy bien, señorita Davis, empieza tú dice, apoyándose en la mesa.
—Perfecto —contestó, imitando su gesto y mirándolo con una pequeña sonrisa.
—¿Color favorito?
El hace una pausa, como si de verdad estuviera pensándolo.
—n***o—responde. ¿Y el tuyo?
—Verde —digo, un poco sorprendida de lo rápido que contesté. No sé, pero ese color siempre me ha recordado a la naturaleza.
—Interesante —dice, como si lo que dije fuera algo de otro mundo.
Sus ojos siguen fijos en los míos, y mi corazón late un poco más rápido de lo normal. Apartó la vista un segundo.. solo por un segundo porque soy tan masoquista que vuelvo a mirar esos hermosos ojos.
—¿Comida favorita?
Jake sonríe.
—Tendría que decir la pasta. Aunque puede sonar simple, hay algo en un buen plato de pasta que nunca falla. ¿Y tú?
—El sushi —contestó, sin dudarlo—. Podría comer sushi todos los días. De hecho, creo que he intentado hacerlo.
Ambos reímos, y el ambiente se siente cada vez más relajado.
En ese momento, el camarero regresa, listo para tomar nuestra orden.
—Para mí, pido un risotto de trufa y parmesano.
—Jake pide el filete Wellington .
El camarero asiente y se retira, dejándonos a solas de nuevo. No pasa mucho antes de que retomemos nuestra conversación.
¿Tienes Hermanos? pregunto.
—Si, si tengo.
—¿Cuántos hermanos tienes?
—Tengo 2 hermanos—responde. ¿Y tú?
—Una hermana menor, digo.
Ella es… bueno, mi familia está un poco loca, pero así los amo digo, sonriendo al recordarlos.
—Entonces… —dice Jake, apoyándose en la mesa nuevamente y colocando su mejilla en su mano ¿Siempre quisiste ser maestra?
Me quedo pensativa por un segundo, tratando de encontrar las palabras correctas.
—La verdad es que no. Cuando era niña quería ser veterinaria. Amaba los animales, y tenía una fascinación extraña por cuidar cualquier bichito que encontrará.
Pero luego, en la universidad, hice un voluntariado en una escuela y… fue como magia. Me encantó la energía de los niños, sus preguntas, su curiosidad. Ahí supe que era lo mío.
Aunque trabajar con niños es agotador, pero también increíblemente gratificante. A veces hasta creo que me enseñan más a mí que yo a ellos —digo, riendo un poco—. ¿Y tú? ¿Por qué elegiste ingeniería ? le pregunto,algo curiosa.
—Supongo que fue una combinación de querer enorgullecer a mi padre y las expectativas de él sobre mí—responde, él siempre fue una inspiración para mí, y una parte de mí quiso seguir sus pasos.
En ese momento, el camarero regresa con nuestros platos, colocada cada plato frente a nosotros. El aroma invade mis fosas nasales, ambos agradecemos al camarero antes de probar nuestros platos.
Tomó un pequeño bocado de mi risotto y, en cuanto lo pruebo, siento la cremosidad del arroz es .. cierro los ojos por un segundo, saboreándolo, y no puedo evitar gemir al saborear esta delicia.
Cuando abro los ojos, noto que Jake me observa con esa intensidad, y una pequeña sonrisa de lado, como si estuviera disfrutando de mi reacción. Intento no ruborizarme mientras aparto la mirada y digo, con una risita
—Ok, debo admitir que está mejor de lo que esperaba.
Mientras cenamos, continuamos hablando de trivialidades. Esta noche he reído tanto, hacía mucho tiempo que no me divertía como hoy.
Después de una cena deliciosa y un exquisito Soufflé de Chocolate, él insiste en llevarme a casa. El trayecto es bastante tranquilo, Cuando llegamos a mi edificio, él apaga el motor .
Se baja del auto, lo rodea hasta llegar a mi lado, abre la puerta y me extiende la mano, tomó su mano y me bajó con cuidado.
Nos quedamos un momento parados frente a mi edificio.
—Gracias por la cena, sonrió.
—Gracias a ti por aceptar. —Su tono es suave, y su mirada vuelve a tener esa intensidad que hace que mi corazón se acelere.
Nos quedamos mirando por varios segundos sin apartar la mirada, me acerco un poco más a él, sin apartar la mirada, siento como me toma por la cintura y me acerca más a él, estamos tan cerca que puedo sentir su respiración, mi corazón late como loco, no puedo a partar la mirada de sus ojos, siento como si estuviera en una simulación.
Me acerco un poco mas, y dejo un pequeño beso en su mejilla duro unos segundos antes de apartarme. Camino hacia la entrada del edificio. A mitad de camino, me doy la vuelta y veo que sigue en el mismo lugar observándome. Sigo mi camino hasta llegar a la entrada de mi edificio, por mas ganas que tengo de volver a mirarlo sigo hasta entrar.