Después de casi veintinueve horas llegué a Bogotá, totalmente agotada, especialmente porque no había podido dormir nada en el vuelo, aunque en verdad intenté hacerlo, pero no pude. Planeaba mil y una vez qué decirle, qué hacer. Creo que aún no había entrado en pánico porque tenía la esperanza de que, al verme, iba a cambiar de opinión y debía hacerlo, tenía mucha fe de que lo iba a lograr, no podía siquiera pensar en otra cosa. Me bajé completamente agotada, sentía el estómago vacío, no recibí ninguna de las comidas del vuelo, el cual tuvo sólo una parada. Qué estafa, pagué casi cinco millones porque se trataba de un vuelo supuestamente directo de dieciocho horas y demoré más de un día en llegar. Era 31 de diciembre, pasadas las 16h y estaba en el aeropuerto el dorado de Bogotá sin saber

