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AZUL, GRIS Y DORADO

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Descripción

Alexandra, la heredera al trono de Aureum es el centro de atención de un príncipe con ambición y de un joven sin título. Ella piensa que su vida es como siempre la imaginó, hasta que un verano todo lo cambió.

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Capítulo I
Los colores del amanecer hicieron su aparición en el Reino, un amarillo tenue llegó a la ventana de la pieza de la princesa Alexandra, ella abrió sus ojos, pero no por la luz entrando por su ventana, lo hizo porque escuchó los pasos de su dama de compañía acercándose. Alexandra se incorporó de inmediato en su cama, pasando delicadamente sus manos por su rostro, para poder quitar el rostro de adormilada, porque para esta hora ya tenía que haberse levantado y empezado su día, lo cuál ha fallado porque la noche anterior tuvo una sesión de lectura y su emoción fue demasiada como para dormir a una hora adecuada. –Princesa, sabe que hoy es un día importante, debió dormir lo necesario– expresó su dama de compañía mientras abría las cortinas, dejando entrar toda la luz. –Dormí lo necesario, no hace falta que te preocupes, Amanda– respondió la princesa queriendo que Amanda no se alterara de más. –El rey y la reina se fueron hacia una reunión, lo que nos lleva a manejar todo con cuidado antes de esta noche. Alexandra suspiró al salir de su cama. –Amanda, sigo sin saber por qué es tan importante esta noche, es otro baile que daremos en el año. –Es el baile dedicado a usted, princesa– respondió Amanda con amabilidad y un tinte de emoción –. Es de los últimos bailes como princesa, pronto será coronada reina. Y por ello, deberá enriquecer sus amistades, es el objetivo principal de los bailes, ¿no lo cree usted? –Sí, sí lo creo. Pero Amanda, hay muchas doncellas y princesas que son dotadas de belleza, pero en eso se quedan, porque cuando me he acercado a ellas para conversar, sólo ríen de mí y prosiguen a criticar los hermosos vestidos de las damas en el baile. –Princesa, no todas las doncellas o princesas son así, usted lo sabe. Amanda escuchaba a la princesa atentamente mientras acomodaba la cama y a la vez tendía la ropa que la princesa usaría. –Lo sé, pero es agotador que sólo se acerquen a mí cuando necesitan algo o cuando todo el reino las está viendo. –Princesa, temo decirle, pero debería saber que eso será normal en su vida, por ello en vez de molestarse debería entender que las personas prefieren una imagen que un corazón. –Por eso somos buenas amigas, ¿verdad, Amanda? La princesa volteó con Amanda regalándole una sonrisa. –Princesa, por más que me halague, usted sabe que nuestra amistad termina saliendo de esta habitación. –¡Amanda! Me ha ofendido terriblemente. Alexandra se tira a su cama y finge tener un dolor agudo en su pecho, Amanda ríe al ver esa escena. –Amanda, tiene que venir al baile, es mi única amiga y realmente no quiero tener un mal momento. –Princesa, no va a suceder tal cosa. No me necesita aquí. –¡Siempre la necesito aquí! Es más, veamos el nuevo vestido que usará esta noche. Amanda fue arrastrada por Alexandra hacia su vestidor, donde se aprecian los más lindos vestidos del reino, para Amanda era un nuevo mundo, un mundo que sólo se le permitía ver debido a su posición social y económica. Alexandra lo decía de corazón, porque Amanda era la única persona, a parte de sus padres, que la entendía, sin etiquetas o presunciones, eso era lo que más anhelaba tener al crecer. Teniendo diecisiete años, y a punto de coronarse reina, tiene muchas expectativas en su vida, y siendo primordial, el amor. –¿Princesa? Se escuchó una voz masculina del otro lado de la puerta, las dos jóvenes se miraron con sorpresa al darse cuenta de que estaban en ropa interior probándose los vestidos más finos. –¡Corra!– gritó Alexandra entre risitas de nerviosismo, apurando a su pobre y alterada dama de compañía. Amanda se vistió de nuevo como pudo y corrió hacia la puerta para atender a la persona que llamaba. –Buenos días, la princesa está preparándose para el desayuno– habló con rapidez al ver quién estaba del otro lado de la habitación, el joven ayudante del Rey y el mensajero personal. Siendo de la edad de Amanda, ella se ponía nerviosa al siquiera verlo, pero lo que ella no sabía era que ese mismo nerviosismo era causado en él. Ninguno de los dos tenía la mínima pista de lo que causaban al otro, pero Alexandra había puesto demasiada atención en ellos como para darse cuenta. –Buenos días, señorita Amanda. ¿Podría avisarle que el príncipe Chadburn ha solicitado verla en media hora en el jardín para el desayuno? –Por supuesto, gracias. El joven se retiró sin más qué decir. Al darse la vuelta sólo podía pensar una y otra vez lo que dijo y cómo fue la reacción de la dama de compañía de la princesa. –¿Amanda? ¿Qué pasó? La princesa salió del vestidor para ver a su dama recargada en la puerta cerrada suspirando de amor. –Oh, lo lamento princesa– caminó rápidamente hacia ella para terminar de arreglar el corsé. –¿Quién tocó a la puerta? ¿Fue Eric?– preguntó la princesa con picardía. –Sí, princesa– respondió Amanda con un ligero sonrojo, al cual no intentó ocultar debido a que la princesa no podía verla. –Oh, ya veo, a eso se debe su notorio nerviosismo. –Me comentó que el príncipe Chadburn desea verla en media hora en el jardín, para el desayuno. Amanda habló con rapidez porque sabía que de inmediato la princesa se olvidaría de ella y de Eric, para enfocarse en el príncipe, que fue exactamente lo que sucedió. –¿Qué hace aquí el príncipe? –Usted sabe perfectamente qué hace aquí, Su Majestad. –Oh por favor, Amanda, no se refiera a mí de esa manera. Alexandra caminó de inmediato hacia su tocador para comenzar a retirar la tela en su cabello que han formado unos hermosos bucles, su cabello castaño claro que llegaba a la longitud de su pecho cuando lo dejaba suelto. Ella se miraba en el espejo, viendo cómo el sol llegaba en el reflejo del espejo y hacía que sus ojos brillaran de una manera tan natural pero a la vez tan inusual. –Sus ojos se ven increíbles, princesa. –Ay Amanda, es sólo el sol. –Usted sabe que todos admiran sus ojos, muchos dicen que ha heredado los ojos dorados de su abuela. –¿En serio lo cree?– cuestionó Alexandra recordando una pintura de su abuela paterna, donde claramente hacía énfasis en sus facciones hermosas, y sobre todo, sus ojos llamativos. –Sin duda, es el rasgo más hermoso de usted, y sabe que usted es la viva representación de lo hermoso. –Basta, Amanda. Me lo dice como si usted no fuera una dama hermosa, por eso Eric está muriendo de amor por usted– habló Alexandra para desviar la atención de ella. A pesar de decir lo contrario, Alexandra es sin duda una mujer hermosa. Sus ojos color ámbar que se definen como dorados, su cabello sano y rizado de forma natural, sus facciones delicadas pero firmes. Su rostro es proporcionado, sin duda ha sacado lo mejor de sus padres, es incluso más bella que su madre, lo cual todos encuentran extraordinario. –¿Está nerviosa, princesa? –No, sólo tengo hambre y temo que no me servirán lo que ayer pedí de desayuno. –Sabe que no todos los días puede desayunar pan con mermelada. –Lo sé– suspiró y continuó alisando su vestido azul claro como el cielo. Amanda sonrió y terminó de peinarla, lista para salir al desayuno con el príncipe. Ella estaba emocionada por la princesa, porque desde los últimos meses se le ha visto al príncipe Chadburn a menudo por el castillo, y aunque Amanda reconoce la belleza del príncipe, no le es tan agradable. –Ya está lista, princesa. Vayamos al jardín. Alexandra se levantó con delicadeza y revisando por última vez su lucir, antes de dar la vuelta y salir de su habitación, para caminar por largos pasillos hasta llegar al bello jardín del castillo. Llegando a las puertas del jardín, el joven Eric estaba esperando por la princesa para escoltarla hasta llegar con el príncipe, Eric observó de manera rápida tanto a la princesa como a su dama, dejando algo de atención en una dama en especial. –Princesa, buenos días. –Buenos días, Eric– respondió a la reverencia del joven. Terminando aquella reverencia, Alexandra llevó su mirada hacia el centro del jardín, donde está situado el príncipe, Noah Chadburn. Él se levantó de inmediato al ver a la princesa llegar, una sonrisa se situó en su rostro. Alexandra sonrió pero de una manera más delicada, era la única forma en la que sabía sonreír en público, porque así era debido. Ella entró al jardín y Eric se encargó de cerrar las puertas de cristal de la entrada del jardín, quedándose ahí para supervisar. –Buenos días, princesa, espero que no haya sido inconveniencia el haber venido. Noah se inclinó a besar su mano en señal de saludo y de claro afecto hacia ella. –En absoluto, es una agradable sorpresa– respondió Alexandra con gentileza y su particular dulzura. –Quería pasar un tiempo con usted antes del gran baile de esta noche. –Supongo que estará muy ocupado bailando con las bellas doncellas. –Me atrevo a decir que, está equivocada, mi princesa– respondió Noah al mismo tiempo que le decía con señas a la joven encargada de servir el té, que él se ocuparía de aquella acción –. Porque, mi mayor deseo es bailar con sólo una dama, usted. Alexandra subió su mirada con un ligero sonrojo esparciéndose por sus mejillas, lo cual hacía que se viera aún más hermosa ante los ojos de Noah. Para Noah era importante que la princesa lo aceptara con emoción, que lo reciba con esa misma emoción y nerviosismo con el que él llegaba, pero sus intenciones iban más allá de un simple amor juvenil. –Temo que lo que estoy a punto de decir se tome como un rechazo, pero, príncipe, usted es conocido por lo buen bailarín y buen caballero que es, por ello es que, he supuesto que lo veré pocas veces durante el baile. Noah soltó una risita y terminó esbozando una sonrisa ladina, la cual ocasionó el efecto esperado en la princesa, porque ella amaba esa sonrisa ladina, era un rasgo que ella encontraba atractivo, y él lo sabía perfectamente, porque ese mismo pensamiento lo notaba con otras damas en el reino. –Créame, princesa, que usted ha sido muy gentil al decir que soy un buen bailarín, pero tomaré ese bello halago y también haré referencia al hecho de que un buen bailarín se debe en gran parte a la bella pareja que lo acompaña– mantiene su contacto visual con la princesa –. Por ello, espero tener la oportunidad de bailar con usted, mi princesa. –En ese caso, le pido amablemente que durante esta noche, me pregunte, sólo así sabremos si tiene o no la oportunidad. –Me parece un trato justo– Noah da un pequeño asentimiento manteniendo su sonrisa ladina y juguetona. La princesa asiente de igual manera, excepto por la sonrisa, porque ella mantuvo una sonrisa neutral, era lo que su madre le había enseñado. Que, al ver a un joven interesado, ella debería tener un balance entre el interés y el misterio, de esa manera, el joven se mantendría interesado porque ella muestra un interés, pero sólo lo necesario, y a veces sólo una pizca, porque ese misterio sería lo que el joven buscará descifrar. Alexandra era una experta en cuanto dar vueltas y vueltas a una situación, y más si es una situación en la que incluye a un joven apuesto, tal y como el príncipe Noah Chadburn. Él es un joven de un pequeño reino, Caeruleum, a una hora de viaje en carruaje, es un hombre apuesto gracias a los ojos azules prominentes que heredó de su padre. Tiene unas excelentes facciones, mandíbula perfectamente afilada y detallada, su cabello con pequeñas ondas pero no las suficientes para denominarse con cabello ondulado; su nariz recta y con diminutas pecas sobre ésta, y sus labios perfectamente proporcionados. Alexandra mentiría si dijera que nunca ha pensado en lo apuesto que es el príncipe Noah, pero ella lo ha pensado porque va más allá del físico, porque a pesar de sus dotes de belleza, su perfecta estatura y su talento para ser un sobresaliente bailarín; ella se ha fijado en su comportamiento, en su mente y su gentileza. La princesa ha notado lo inteligente que es, su talento en los ámbitos musicales y su pasión por los libros, por aprender y ser una mejor persona cada día; ella lo ha visto cambiar con los años, pero esos cambios han sido para bien. Al finalizar el desayuno, la princesa accedió ante la petición del príncipe para ir a caminar por aquel campo con hermoso paisaje, emprendieron su caminata con el joven Eric y la dama Amanda detrás de ellos, era el protocolo que debían seguir, y no les molestaba en absoluto, al menos no a la princesa. –Princesa, ¿le parece que estamos siendo observados?– Noah gira ligeramente su cabeza para ver de reojo a los jóvenes a diez pasos detrás de ellos. –Sí, pero ya no me molesta, llegué a acostumbrarme a su presencia– respondió con su mirada al cielo y las bellas aves que pasaban volando. –Oh, entiendo. Tenía la duda de poder hablar con usted de manera privada, ¿cree que sería eso posible? Alexandra giró su cabeza hacia él y notó algo en esos ojos azules que no sabía explicar. –Sí, príncipe, eso sería en efecto, posible. –Me agradaría tener esa conversación justo ahora, ¿no le molestaría?– Preguntó viendo directamente a sus ojos. –¡Princesa!– Su dama corre en la medida de lo posible hasta llegar con ellos –. Sus padres han llegado y le piden verla con urgencia. –De acuerdo, Amanda– le responde a su dama para después dirigir su mirada hacia Noah –. Tendremos que dejar esa conversación para más tarde. –Lo entiendo perfectamente, ahora vaya con los reyes. Las acompaño. Los tres caminan de regreso al interior del castillo, una vez entrando, Eric también los acompañó desde su distancia apropiada, hasta llegar con el Rey y la Reina. –Su Alteza– Noah hizo una reverencia al llegar con ellos. –Oh, Noah querido, es bueno verte por aquí en esta hermosa mañana, ¿qué te ha traído? El padre de Alexandra, el Rey Dominic, siempre ha sido amable con su pueblo, no importa su rango social o económico, él siempre ha sabido tratarlos como se debe, como seres humanos sobre cualquier cosa. No ha sido la excepción con el príncipe Chadburn, pero sin duda se ha mostrado algo precavido al momento de interactuar con el mencionado. El Rey, siendo una persona inteligente y perspicaz, ha notado el afecto que le tiene el príncipe a su hermosa hija, pero también ha notado una cierta inconformidad acerca de esa situación, ya que no lo convence de estar cien por ciento enamorado; y eso es algo que como padre, debe cuidar. –He venido a visitar a la princesa, no quería que en esta bella mañana la pasara sola. Alexandra sólo se mantuvo en silencio mientras veía con cierta expresión en sus ojos a su madre, la Reina Susan, siendo la mejor reina que ese pueblo había tenido. Su dulzura y delicadeza era de lo único de que se hablaba, en igual proporción con su hermosura y perfección. Ella es la madre más amorosa que Alexandra pudiera desear, es la mejor madre para ella, y es su mayor confidente, no hay nada que pase por la mente de Alexandra, que su madre no sepa, así como en este preciso momento. –Es muy agradable que hayas venido, pero lamento decir que debemos de hablar con nuestra hija por un momento, si tienes que retirarte, lo entendemos. Noah entendió que ya no era bienvenido de la manera que esperaba, entonces habló: –Por supuesto, no les quito más de su tiempo, gracias de nuevo por permitirme pasar una mañana divina. Espero verlos hasta esta noche. Los reyes dan un asentimiento, entonces Noah vuelve con Alexandra. –Me despido, princesa. Se inclinó en una reverencia y así se despidió, Eric yendo detrás de él para escoltar hasta la salida del castillo. –No tenías que correrlo de esa manera– Alexandra le replicó a su madre. –Sabes que no se iba a ir, y era mejor que dejarlo esperando– respondió su padre. –Ahora vamos a la biblioteca, que debemos tener una conversación. Alexandra sin decir nada más, caminó siguiendo a su madre, con su padre detrás de ellas. La princesa iba pensando lo peor, porque el ir a la biblioteca a una conversación sólo significaba algo serio e importante, sólo esperaba que no fuera nada en contra de ella. –¿Qué?– Exclamó sin poder creer lo que sus padres le dijeron. –Hemos pensado que estás a punto de tener mucha responsabilidad sobre tus hombros, y lo mejor sería que despejaras tus ideas y pudieras tranquilizarte por un momento. Sabemos que tú no pediste nada de lo que tienes ahora, también hemos visto lo buena y responsable que eres, por ello, hemos decidido que vayas este verano con tus abuelos. –¿Con mis abuelos? Su casa está a horas de aquí, y está en el campo. –Lo sabemos, es por eso que será lo mejor para ti, ¿no lo crees? –Pero ahí no tendré tanta seguridad como aquí, ¿o me equivoco? –Cariño, es por eso que no podrás comentarlo con nadie, ni siquiera con el príncipe Chadburn. –No me preocupa– Alexandra hace un ademán con su mano –. ¿Qué pasa con Amanda? –Me temo que no podrá acompañarte, el joven Eric sería tu acompañante, y ahí estarán los ayudantes de tus abuelos, los que prácticamente los cuidan y se encargan de todo en su casa, son de alta confianza, por ello, sólo Eric te acompañará. –¿Quién reemplazará a Eric? –Su hermano, estaba trabajando en una casa cerca de aquí, pero ya se ha conversado de ello, no hay de qué preocuparse. Alexandra asintió repasando toda la información. –Hija, diremos que te has ido de viaje con tus tíos, viajarás durante el verano, por ello no podrán comunicarse contigo, ni sabrán dónde estás. –¿No podré mandar cartas? –Me temo que no– respondió su madre tomándola del brazo –. Pero eso servirá para que te extrañen, así sabrás cuánta estima tienen por ti, mi querida Alexandra. –Madre, yo también los extrañaré– dijo con una mueca de tristeza –. Amanda es como una hermana para mí, por favor, deja que venga conmigo. –Lo siento, querida, pero ella debe permanecer aquí, no podemos darnos el lujo de dejar que más gente conozca tu paradero. –¿Por qué tanto secreto? –Alexandra– su padre tomó de su hombro –. Eres la próxima heredera al trono, y aunque en este momento no lo veas, hay muchas personas que no están de acuerdo, no es personal, es el deseo del poder que lleva a las personas a cometer acciones extrañas. Nosotros nos hemos encargado de que veas lo bueno en las personas, que permanezcas con una sonrisa y una actitud servicial, y estamos orgullosos de ello, pero, también está el otro lado de la moneda… –Padre, yo sé que hay mal en el mundo, sé que hay personas que desean el puro mal, y yo no soy ninguna niña indefensa, ustedes se han encargado de que no lo sea, así que sea lo que viniere, estoy preparada para enfrentarlo junto a ustedes. –Alexandra, cariño, sólo queremos que puedas tener un verano tranquilo en compañía con tus amados abuelos, no te tienes que preocupar por nada más. Alexandra suspiró en forma de rendición. ¿Qué más le quedaba? Los planes estaban hechos, no podría decir o hacer nada para desistir de aquella decisión. Al final de aquella conversación, todos quedaron en acuerdo de lo que pasaría en los próximos días, porque ni siquiera se cumplirían siete días cuando la princesa ya estaría de viaje en camino a la casa de sus abuelos maternos. Pero ese mismo día tenía otras preocupaciones, en primer lugar se encontraba el baile. El tan esperado baile, donde todos los caballeros y damas del reino llegarían a lucir sus carruajes, bellos vestidos y trajes. La princesa estaba emocionada, ya tenía su vestido preparado para aquella noche, pero había algo en su mente dando vueltas, y era el mismo pensamiento una y otra vez... Noah quería una audiencia privada con ella. Ella entendía a la perfección que su amistad con Noah había mejorado conforme los años y la disposición de aquel caballero hacia ella, su distintiva atención, su dulzura y encanto que eran demostrados en cada oportunidad que tenía. Aunque se le es conocido a la princesa que sueña y habla del romance, ella se ha limitado en cuanto a pensar de un posible romance con el príncipe de aquellos ojos azules. –¿Qué será tan importante para discutirlo en privado?– Se dijo a sí misma durante su baño. Toda la tarde pensó en lo mismo, en cuanto llegaba un pensamiento direccionado con algo de romance en él, ella se encargaba de mezclarlo entre la multitud para no poder diferenciarlo entre el resto, de esa manera, cualquier intento de romance quedaba en el olvido, o eso creía ella. Cualquier nerviosismo causado por aquellos pensamientos, quedaron pequeños cuando el príncipe Noah se hizo presente al baile, su llegada atrajo todas las miradas posibles, siendo el príncipe más atractivo del reino, era un título muy popular y por ende, su nombre llegaba a cada rincón del castillo. Los reyes de aquel pequeño reino, Caeruleum, se hicieron presentes, junto a su hijo; los Chadburn llegaron con una sonrisa en sus rostros y con buen vestido, como era de esperarse. Se acercaron de inmediato hacia sus reyes y su princesa, porque Aureum era el reino más grande, cualquier reino después de éste era importante, pero en una categoría menor. Alexandra saludó con cortesía, pero su atención se desvió en cuanto hizo contacto visual con el aclamado príncipe, él sonrió y dirigió por un momento su mirada hacia el vestido completo de la princesa. Él afirmaba en sus pensamientos lo afortunado que sería por casarse con una mujer tan bella, pero su admiración por ella no venía del corazón, era algo tan vano como cualquiera en ese salón que apreciaba la hermosura de la princesa. Noah tomó el primer baile con Alexandra, todos miraban asombrados de la delicadeza y perfección de aquel baile, con su mano en la cintura de ella. Alexandra sólo podía pensar en su concentración en los pasos, aunque al mismo tiempo era lo último que le preocupaba, porque estaba absorta en los pensamientos que Noah quería transmitirle con sólo su mirada. Dicen que una mirada vale más que mil palabras, y ese momento se podría usar de ejemplo. Bastó sólo un baile para que todos hablaran de la buena pareja que hacen, aquello no le cayó de buena manera al Rey Dominic, pero eso sirvió para mantener un ojo sobre aquel príncipe con sonrisa de satisfacción. Pero no sólo el Rey estaba al pendiente del príncipe, al igual que él, estaban todas las damas observando cada paso que el heredero Chadburn daba, pero esto sólo ayudaba a su ego, pues, era su prioridad para aquella noche, y con apenas unos minutos, estaba gozoso. Todos alababan su ritmo y perfección al bailar, los primeros bailes los tuvo con la princesa, quien también mantenía el reflector debido a su hermoso vestido blanco con detalles en dorado que hacía un perfecto juego con su cabello y ojos, que era en lo que todos se fijaban. –Sus ojos son como los de su abuela. –Se ve magnífica. –Todos la admiran, princesa– habló Noah en voz baja mientras se mantenía cerca durante el quinto baile. –No me ven a mí, lo ven a usted– respondió sintiendo un ligero sonrojo sobre sus pómulos. –Ni aunque estuviera vestido de bufón me verían a mí– comentó con algo de humor, lo que causó una pequeña risa en la princesa. Siguieron en el baile, Alexandra hacía lo posible por no ponerse nerviosa debido a la cercanía con el príncipe, lo cual resultaba difícil ya que, era de las pocas veces en que se mantenían en esa cercanía, y a eso se le añade el tener un público observando en todo momento. –Princesa, ¿aceptaría verme en el jardín dentro de una hora? Alexandra se sorprendió pero a la vez se sintió aliviada al poder saber algo de aquella situación que quedó al aire en la mañana. –Sí, príncipe Chadburn, lo veré dentro de una hora. Noah mostró una encantadora sonrisa que calmó el nerviosismo de Alexandra, y la mirada que ella le dio a Noah fue la perfecta respuesta que él necesitaba para continuar con lo que tenía planeado para esa velada. Noah tomó con delicadeza la mano de Alexandra para girarla al final del baile, ella quedó pegada a su espalda con su mano sobre la mano de Noah situada en su cintura, y su otra mano sostenida en la mano del príncipe. Su rostro inclinado ligeramente hacia atrás para poder mantener su contacto visual con el príncipe; ella se deleitaba con mirar sus ojos cristalinos y con diferentes tonos de azul, mientras que él se deleitaba con esa cercanía y esa tensión del ambiente formado alrededor de ellos. Todos aplaudieron y fue cuando se rompió la burbuja que los rodeaba, entraron de nuevo a la realidad, una realidad donde eran el centro de atención de todo el castillo, no había ojos que no miraran hacia su dirección. Alexandra hizo una pequeña reverencia al separarse del príncipe, evitó por completo las miradas ajenas y con prudencia salió del salón en busca de su dama de compañía, y la única persona con la que podría conversar antes de presentarse en el jardín con el príncipe. –¿Qué le contestó? –Acepté. ¿Estuvo mal? Conteste honestamente, Amanda. La mueca de preocupación de Amanda, alertó a la princesa, pero fue muy tarde cuando quiso disimular su reacción. –Princesa, no quiero que se malinterprete, pero usted y yo sabemos qué significa una audiencia privada– Alexandra aceptó lo que Amanda insinuaba –. Usted sabe lo virtuoso que es el príncipe, pero yo temo que no... Se detuvo por un momento, encendiendo la desesperación de Alexandra. –¿Qué, Amanda? ¿Qué estás pensando? –¿Usted lo ama?– Amanda le cuestionó para saber de una vez por todas su respuesta, y dependiendo de ello, sería que su discurso continuaría. –Yo...– ahogó un suspiro sin saber qué decir. ¿Alexandra lo amaba? ¿Es amor lo que siente por él? ¿Ese nerviosismo y emoción eran producidos por la misma razón? ¿Su afecto va más allá del atractivo y atención? Amanda se quedó atenta a la reacción de Alexandra, examinando cada movimiento de su rostro; estaba preocupada por haber metido en un lío mental a la princesa. –Amanda– sube su mirada –. Lo amo– sonrió y soltó una risita –, lo amo y estoy dispuesta a aceptar su proposición. Amanda se sonrió sin estar completamente convencida acerca de la situación. –En ese caso, princesa, no hay nada más qué decir. Alexandra ensanchó su sonrisa y saltó hacia un abrazo con Amanda, con su emoción incrementando en cada momento. Pensar que estaría a minutos de aceptar ser esposa del príncipe Noah Chadburn... Chadburn, Alexandra Chadburn. A ella le gusta más su apellido, que ha estado en el reino por generaciones, y que por ser la futura reina, podría permanecer con su apellido de nacimiento, es algo que siempre ha tenido claro desde pequeña: Alexandra Deveraux. –Gracias, Amanda– la soltó manteniendo su sonrisa –. Eres un increíble ser humano, y la mejor amiga que habría podido pedir, le agradezco a Dios por tu vida y por poder compartirla conmigo. Te extrañaré demasiado. Amanda iba a contestar con un pensamiento que tenía acerca del príncipe, pero Alexandra no se detuvo un segundo más y salió de la pequeña habitación donde se habían quedado de ver para poder hablar sin tener alguna interrupción, pero Alexandra escuchó el inicio del siguiente baile, y eso sólo significaba que se acerca el tiempo de dirigirse al jardín. Alexandra hizo acto de presencia antes de desaparecer de nuevo con la excusa de que buscaría a su dama, quien estaba caminando por el segundo piso donde los pasillos estaban solitarios, hasta que escuchó algunos sonidos peculiares, provenientes de una habitación en particular: el pequeño estudio familiar. Amanda caminó con precaución hacia la puerta de aquella habitación, mientras en su cabeza pasaban miles de pensamientos, no entendía qué era lo que se escuchaba, porque esa parte del castillo estaba desierta, o eso había pensado ella. Ella abrió la puerta rápidamente, así evitaba el suspenso de abrirla poco a poco, pero se llevó una sorpresa peor de la que se pudo haber imaginado. Ver al príncipe Noah en una cercanía comprometedora con una doncella que anteriormente se había presentado con la princesa, Amanda deseó haberse encontrado un espectro en vez de semejante escena. –Amanda.

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