Capítulo Cuatro

2053 Palabras
Connor Lee –Oye, tú. ¿Volverás a la tierra o es muy largo tú viaje por la nubes? –pregunta Ailey burlándose. –Muy graciosa Ailey. Sólo estaba pensando –respondo poniendo los ojos en blanco. –Creo que últimamente lo haces mucho. ¿Es por Isla no? Por qué quiere irse. No es que quiera meterme en tus decisiones como el jefe –interroga de manera sigilosa–.Pero no creo que tus emociones y sentimientos sean buenos al momento de pensar en el bienestar de todos, incluida Isla.   –Ahora todos cuestionan mi manera de dirigirlos –reprocho algo molesto–.Y no tiene que ver para nada con... –ella me interrumpe. – ¿Con Isla? –asiento de mala gana–.No te engañes a ti mismo y no intentes engañarnos a los demás, Connor, tú te enamoraste.  –Cállate, Ailey –regaño frunciendo el ceño –De ninguna manera yo me enamoraría de ella. Sácate esa idea loca de la cabeza y ni siquiera pienses en decirlo a la tribu. –Entonces es cierto –afirma ella, negando con la cabeza –Mira, Connor, respeto a Isla, ciertamente ha sido una buena compañía, pero no sabemos que "poderes" tiene exactamente y que podría o no hacer. –No lo diré otra vez, no quiero que se lo digas a nadie en la tribu –amenazo. –Estas usando tu cargo para amedrentarme, por cosas como estas es que Isla quiere irse –murmura con pesar. –Que quiera no significa que puede –aseguro mostrando decisión. –Connor, deja de actuar así cuando se trata de Isla, que la hayas rescatado no te da ningún poder sobre ella –expone colocando las manos a cada lado de sus caderas. 'Connor...' –susurra su voz en mi cabeza. '¿Qué sucede?' –pregunto con cansancio. 'Me voy, sólo quería que supierás' –informa con ilusión. 'De ninguna forma. Espérame' –ordeno con molestia. 'Basta, Connor' –regaña enfadada. '¿Qué quieres decir? Isla –no recibo respuesta y eso me altera. – ¿Terminaron ya? –pregunta Ailey, cruzándose de brazos. –Va a irse, ahora. Tengo que impedirlo –comunico. –Déjala irse, Connor. Solo hazlo.   No presto atención a lo que dice, me encamino al cuarto de Isla. La tranquilidad se esparce por mi cuerpo al verla sentada en la cama con el mismo vestido de hace unos minutos. –Realmente funciona –ríe. ¿Se está burlando de mí? –Sí, sí muy buena tú estrategia. ¿Para qué me llamas? –cuestiono sentándome al frente de ella.  –Connor, seriamente me voy de tu tribu en unos días –informa teniendo cuidado de usar las palabras correctas. –Hablamos antes sobre tu partida y dije que no –recuerdo en tono firme. –Si tú dijiste que no, pero te recuerdo que esto solo lo puedo decidir yo –aclara manteniendo el tono de su voz. –Isla no me desafíes –advierto apretando los dientes –No puedes simplemente irte, le debes lealtad a esta tribu, su líder arriesgo su vida por salvarte. –Lo sé, pero si su líder iba estármelo restregando en la cara cuantas veces puede mejor me hubiera dejado en santuario de los sumergidos –dice apretando sus manos a sus costados. –No estoy restregándote nada en la cara Isla –suspiro frustrado –No, puedes entender que me preocupo y quiero tu bien. Como con cualquier otra persona. – ¡Si fuese así, me dejarías ir sin retenerme! –exclama alterada –Connor, eres el jefe de esta tribu, pero no el mío. No soy de aquí y mucha gente me quiere fuera.  –Mientras estés aquí me debes respeto y obediencia –me levanto de mi asiento y la tomo de los brazos. –Connor –por su tono sé que es una advertencia –Para, sí. Por primera vez permíteme opinar sobre algo. Tal vez no podías saber que yo quería quedarme en el santuario, pero si quise opinar sobre el bendito enlace, fuiste en quien confié y me obligaste, técnicamente, a crear la mitad de un lazo contigo y ahora me exiges que me quede. Ya permíteme respirar, por favor –susurra dejándose caer al suelo. –Necesitaba crear el enlace, así los demás sabrían que no eres peligrosa –me respaldo sentándome en el suelo frente a ella –Tú eres importante. ¿De acuerdo? No pienses en lo que otros dicen de ti. Enfócate en lo que pensamos los que te queremos.  –Nada de lo que digas Connor me hará cambiar de opinión. Si quiero irme, lo haré, me parecía correcto que tú estuvieras de acuerdo, pero no quieres cooperar. –Si te fueras, ¿A dónde irías? –cuestiono–.Entiéndelo, Isla, no tienes a donde ir. Ellos te encontrarían. –Que me vaya, te preocupa, por qué me pueden lastimar o por qué tú tribu se queda sin cebo – pregunta con curiosidad.  –No eres un cebo, Isla –murmuro con cansancio–. Deberías de saber eso ya. Tú me preocupas, ¿De acuerdo? –Connor, no soy estúpida y créeme que entendería si quisieras proteger a tu gente. –Que no eres un maldito cebo, escúchame bien –la tomo por las mejillas–.Te rescate de ese santuario porque no podía dejarte morir al igual que a las otras personas que saque de allí... Eres especial, eres diferente a todos nosotros pero eso no es malo, porque eres buena. – ¿Soy especial...? –cuestiona confundida, retirando mis manos de su rostro.  –Claro que sí, tienes habilidades que nosotros no y... –No, Connor. ¿Para quién soy especial? ¿Lo soy para ti? –parpadeo fuera de mí, un poco descolocado por su pregunta.  -¿Qué? –Sacudo la cabeza tratando de acomodar mis pensamientos –.Pues, por supuesto, perteneces a la tribu, claro que eres especial, un poco distinta, pero sí. –Creo que estas confundiéndote, Connor. ¿Soy especial para ti? Fuera de la tribu, ¿Qué soy para ti? La verdad –parece que estuviera rogándome. Sus ojos cambian de color. –Isla, ¿Qué dices...? ¿Te sientes bien? –indago dan unos cuantos pasos atrás. –Quieres dejar de simular que eres perfecto y que no sientes nada por mí, Connor ambos somos conscientes que paso algo desde que estuve en tus brazos cuando me rescataste y eso se fortaleció con el enlace –expone acortando su espacio con el mío –. Me amas y no quieres aceptarlo porque sabes que tu gente nunca lo hará conmigo... Y eso es cierto.  – ¿Desde cuándo lo sabes? –antes de que pudiese siquiera tocarla, desaparece frente a mí. Un sollozo se escucha detrás, por reflejo me volteo encontrándome con una imagen que no esperaba – ¿Isla? –quiero acercarme pero aunque lo intente mi cuerpo no reacciona – ¿Por qué lloras? ¿Usaste tus poderes?  — Isla Giesler Debí irme de aquí antes de que algo como esto pasase. Ni él, ni su gente se merecen nada de lo inevitablemente haré, aunque quisiera que fuera posible detenerme no lo es. Soy distinta a ellos, mayor a cualquier poder que antes experimentaron y por eso me quieren, sólo yo puedo hacer que se detengan. Si me negará a servirles y me encontrarán la tribu moriría, incluido él. –Tú... ¿Has enloquecido? No tengo ni siquiera que importarte –expreso, viéndolo horrorizada–. Por favor, retira lo que sientes... –No, ahora que lo sabes me siento liberado –sonríe–. Sientes lo mismo por qué nunca lo dijiste. ¿Por qué insistes en irte?  –Entiéndelo, Connor. Soy un peligro andante para el mundo, eso no me importaba pero ahora, estás tú y me niego a dañarte... -explico pasando por su lado, tomo lo poco que tengo aquí. – ¿Qué haces? Moriré si te vas, ¿Lo sabes? –No, lo harás, no eres un maldito alpha. Por el contrario si me quedo si morirás –aclaro frunciendo el ceño cuando siento unas manos aferrarse a mí cintura con algo de fuerza. –Te quedarás aquí. ¿Me oyes? –cuestiona en tono mandón. –Lograste moverte... - digo confundida –. Cómo fue eso posible. –Nuestro enlace, me permite ser inmune a ciertas cosas, sólo si mi cuerpo lo resiste – expone de lo más tranquilo. –Connor, suelta –ordeno, él hace de oídos sordos y coloca su barbilla en el espacio entre mi cuello y hombro –No vuelvas esto... – ¿Qué no vuelva esto qué? –pregunta interrumpiéndome –No es un pecado que ambos queramos estar con el otro. –Claro que lo es, no eres un simple humano sin ninguna razón para vivir, eres un jefe algunas personas depende de ti y de tus decisiones. No puedes... No quiero que te arriesgues por mí, no vale la... – ¿Quieres callarte...? –indaga y lo próximo que siento son sus labios moviéndose contra los míos. Como un rayo a mi mente llegan los recuerdos de la única persona que me permití amar y que decidió dar su vida por mí... Desde me prometí no volver a atrever a enamorarme ni a condenar a otra persona tan buena como lo era él.  –Por favor –pongo mis manos en su pecho lo separo de mí–.  Detente, detente –pido empujándolo levemente. –Isla... –en su tono de voz hay de desilusión y preocupación. –Nada de eso, Connor. Esta conversación nunca pasó, ¿Muy bien? –niego con la cabeza, en desacuerdo.  –Estas analizando lo que dices. Si te desestabilizas puedes salir herida –dice buscando mi mirada con la suya. – ¿Por qué lo haría? –él me observa confundido–. Lo único que une es el enlace, no te confundas Connor, yo no te... –Cállate, por favor –pide desviando su vista de mí. –Lo ves, te lastimo. Es la verdad Connor no te amo, entiéndelo. Yo no tengo permitido amar, no alguien que ha hecho las atrocidades que yo he cometido.  –Permíteme poner en duda lo que dices y recordarte que nada de lo que pasa ahora mismo en el mundo es tú culpa –junta su frente con la mía. –Connor, por el amor de Dios, deja de querer encarcelarte a alguien que no tiene ningún futuro y termina con eso que sientes o lo haré yo –amenazo con firmeza. –No sabes de lo que hablas. Desatarás algo sobre lo que tú no tienes control y ya ni hablamos de que no tienes control ni siquiera sobre ti –sisea.  – ¡Oh! pero claro que lo sé, Connor, no soy tan inútil como me crees –expreso severamente–. Fui capaz de ayudarles a crear el caos que no rodea, entonces tengo que ser capaz de romper un enlace. –Isla Giesler –acaricia mi mejilla con sus nudillos–. Estas volviéndome loco. ¿Cuál es la necesidad de romper nuestro vínculo? – ¿Debería enumerar cada una, jefe? –indago comenzando a irritarme por la situación. – ¿Ahora vas a llamarme así? –asiento–. Cómo te hago comprender que no eres culpable de nada, Isla –suspira, tirando de su cabello. –Claro que sí, en la tribu donde nací se creía que los niños que eran portadores de habilidades "especiales" debían ser venerados de alguna manera, pero... – ¿A dónde pretendes llegar? –pregunta. –A lo único que he tratado de hacer todo este tiempo. Como decía yo fui la excepción, no me gustaba interactuar con los demás. Creía fielmente que a quien me acercará lo condenaba a un mal desenlace... Lo cual resultaba ser peor que cierto, nací con lo que todos llamaban bendición sin embargo que es todo menos eso –respiro –. Yo soy la única culpable del apocalipsis, debo entregarme a las personas que me buscan, lo más probable es que me maten –me encojo de hombros –. Sinceramente mientras mi muerte remedie lo que provoque estaré bien. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR