Connor Lee
Sinceramente no tenía idea de que estupideces estaba diciendo, debí percibir el cambio de humor de Isla. De qué sirve el maldito enlace si no puedo saber cuál es el límite que no debo de tentar para que se altere. Sí, me importa la tribu sobre muchas cosas son mi familia y ella ya es parte de esta.
Lo peor de esto es que seguramente Pablo ya les comunico a todos lo que paso. Lastimar o simplemente atentar contra el jefe de la tribu debe pagarse con el exilio o con la muerte. Camino hacia el lugar donde todos los de la tribu se reúnen y como imaginé Isla sólo provoco que la acusen sin razón alguna. Puede que me haya golpeado un poco, pero fue en defensa propia.
– ¡Sáquenla de la tribu! No la queremos aquí –gritan personas alrededor de Isla, mientras Ailey trata de resguardarla.
–Intento asesinar a mi hermano, se merece la muerte –apoya Pablo con rencor.
– ¡Muerte, muerte! –exclaman los presentes salvo Ailey. Isla por su cuenta intenta mantenerse serena, pero es difícil–. Es una asesina, mátenla.
– ¡Silencio! Todos cállense ya –ordeno caminando hacia el centro de la multitud.
–Connor, el golpee debió afectarte. Me encargaré de esto y de ella –sugiere Pablo llegando a mí lado.
–Nadie hará nada en contra de nadie. Yo provoque a Isla, ella solo se defendió –anuncio levantando la voz–. Espero que todos entiendan que ella no cometió ningún crimen, sigo con vida.
– ¿Qué haces? –pregunta Isla confundida–. Ellos tomaron una decisión y no me quieren aquí. Deja de insistir, me iré. Si voy con las personas que me buscan tal vez tu tribu se salve.
–Isla, ya hable. Ve a tu cuarto –contesto con los dientes apretados.
–Te dije que no puedes tenerme controlada, soy un ser humano, no un animal. ¿Queda claro? –inquiere molesta.
–Puedes decir lo que quieras después. Ahora déjame arreglar esta situación –ella intenta refutar, entonces hago lo único que se me ocurre –Ailey llévatela a su cuarto y que no salga –ordeno y ella obedece.
–Escucha Connor, eres el jefe y te respeto. Pero tú protegida es una amenaza latente para los nuestros –opina mí hermano.
–Muchacho, oye a los tuyos. Recuerda siempre que un líder debe saber escuchar el criterio de los demás –comenta uno de los curanderos de mí tribu–. Ciertamente la joven parece necesitar un poco más de espacio y tranquilidad, estar encerrada aquí no la ayudará conocerse mejor.
–Sé que son los más sabios aquí, pero he tomado mi decisión y Isla se quedará. Aunque todos estén en su contra –manifiesto con autoridad.
–Connor, estas cometiendo un grave error. Tú protegida quiere irse, debes tomar en cuenta es –dice Pablo con cansancio–. Ella, por lo visto sabe de lo que es capaz, no ves que de cierta manera no quiere hacerle mal a la tribu.
–Acaso, tú no has pensado, Pablo, que nuestro jefe está montando una estrategia –interpreta Ponce, compañero de mí hermano–.Si los monstruos esos llegasen a atacarnos tenemos un as bajo la manga. La tenemos a ella –sonríe perversamente.
– ¿Qué carajos están hablando? –cuestiono acercándome a él de manera amenazante–.Isla, es una más de todos ustedes, de todos nosotros. Continúen con sus actividades y estén alertas –puntualizo retirándome de allí.
Aún recuerdo como encontré a Isla, puede que sí me haya encariñado con ella, pero aunque se muestre fuerte, no lo es su mente y corazón son demasiado frágiles. La conozco sé por lo que paso, lo que vivió y de lo que se culpa constantemente.
El tercer día del ataque de los Renacidos, parte de mí gente salió a buscar a los desaparecidos, a las víctimas y a los fallecidos. Mi deber como su jefe fue ir con ellos, nos separamos en varios grupos, necesitaba encontrar a los miembros de la tribu, quería encontrar a mi familia.
Junto con Pablo, entramos a un sitio que parecía un santuario pero muy diferente a los que solíamos visitar. Todo parecía tranquilo hasta que el lugar comenzó a caer en pedazo, la ceremonia para pasar a ser el jefe de la tribu estaba incompleta pero de todas formas pude sentir la energía latente de las personas encerradas en aquel lugar.
Mi hermano me pedía a gritos que nos fuéramos, recordándome que la tribu era mi responsabilidad. Sin embargo mi instinto fue más fuerte, no recuerdo claramente como llegue hasta la piscina se podría decir donde había muchas personas.
Parecía que todos dormían tranquilamente, cada uno de sus cuerpos estaban atados a un ataúd transparente, deje de un lado los gritos de Pablo y me centre en desatarlos quería sacarlos a todos pero estaba luchando contra el tiempo. Desaté a cinco personas y al hacerlo sus rostros recobraban su color normal, tres de ellas despertaron. Un señor mayor lamentablemente perdió la vida al ser sacado de ese ataúd, la otra era una muchacha, algo que me atrajo de ella era su cabello cuando estaba dentro del agua era n***o, después fue rojizo.
La chica más joven de ese pequeño grupo de cinco personas no despertó, pero sabía que estaba viva, así espere un poco dando tiempo también para que el resto de personas estuvieran completamente conscientes, sabía que era una misión s*****a esperar por aquella chica, así que le pedí a las personas que salieran y que se fueran con Pablo. Algo me decía que no podía dejarla allí, hice lo único que pude hacer: cargarla y llevarla al refugio de la tribu. De alguna manera tuve una conexión instantánea con Isla.
Cada día que pasaba y no despertaba, los sanadores, que habían sobrevivido al apocalíptico tiempo que estábamos viviendo, daban cada vez menos esperanzas. Al llegar el sexto meses, mi hermano y algunos hombres partieron por más suministros, dos semanas después de eso. Ella simplemente despertó. No conocía a nadie obviamente, pero desde ese momento fui su protector, la cuide y le brinde la seguridad y confianza que nadie más, salvo Ailey, le dio en la tribu.