—Un mes y medio —respondí sin ganas, fastidiado por el tono de voz chillón en el que hablaba la doctora, creo que aún o entendía muy bien qué era lo que ella pensaba. —Pues, habrá que darnos prisa, haremos lo siguiente: ahora hacemos pública nuestra relación, pero terminamos para cuando terminé tu estadía aquí, en el hospital, así tú podrás seguir tu camino o quien sabe, tal vez me ruegue porque me quede contigo. Ella siguió hablando y solo la veía, solo guardó silencio cuando la mesera estuvo cerca de nosotros, me entregó mi comida que de inmediato preparé. La doctora Anette se disculpó para lavarse las manos, juro que tenía ganas de correr y esconderme en cualquier lugar, no tenía la más mínima intención de estar cerca de ella. Empecé a comer, tenía el presentimiento de que cuando el

