14. Invitación

2261 Palabras

La miré sentada en mi sala, sin un rastro si quiera de pena, totalmente adueñada de mis cosas, la cerveza abierta y la comida extendida sobre la mesa y comía con entera felicidad. —¿Qué? —dijo ella al verme—¿Vas a traer los limones o voy por ellos? —¡Por favor! Digo, estás en tu casa. Respondí con sarcasmo, pero esta mujer me llevaba al límite, al no haber servilletas tomó un trozo del papel en el que estaba envuelta la comida y se limpió como pudo ahí, pero la grasa de los tacos no se despegó tan fácil así que se restregó las manos en su pantalón y caminó rengueando hasta la siguiente habitación en donde creyó que era la cocina. —¿Qué haces? —increpé al verla —Voy por los limones, ¿Qué no es obvio? ¡Ops, aquí no es! ¿Dónde está la cocina? Le colgué una cara horrible, lo sé, pero

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