Narrador: omnisciente
Una pequeña y hermosa niña de seis años realmente hermosa caminaba por la oscuridad del gran apartamento. La noche estaba muy pesada, demasiado frío y había una lluvia imparable... Invierno. Ella llevaba un pijama con dibujos de pájaros el cual estaba mojado en la parte superior con lo que parecía ser leche. Torpemente agarró algo para limpiarse, sin siquiera molestarse en observar que tenía en su mano. Raspaba la zona mojada con bastante fuerza sin lograr mucho hasta que una mano la detuvo.
—¿Qué haces linda? —un hombre cerca de los cincuenta ya algo envejecido sonreía hacia la niña.
—Tío, sólo quería tomar algo, terminé haciendo un desastre —se notaban las ganas que tenía por llorar. El hombre soltó una pequeña risa mientras cargaba a la niña para posarla sobre la mesa.
—Te cambiaré la ropa —se retiró por unos instantes regresando con otro pijama. En segundos la niña ya estaba limpia y sonriente.
—Gracias, ahora iré a dormir —de un salto se bajó de la mesa y fue corriendo hacia su habitación cerrándola con un fuerte golpe. El hombre carcajeó con disimulo para luego regresar a lo suyo.
*****
—¡Apresúrate Chelsey, por favor!
—¡Solo un segundo mamá! —la misma niña corría por su habitación buscando algo de forma desesperada. Estaba un poco más grande, ocho años para ser exactos. Su belleza parecía resaltar aún más.
Después de un rato se le iluminaron los ojos al encontrar lo que tanto buscaba y por lo que estaba causando un retraso: su camisa favorita. Bajó las escaleras corriendo y buscó la cabellera rubia de su madre hasta encontrarla dirigiéndose a su auto. Todos siempre decían que eran idénticas y hermosas, pero podías diferenciarlas por su color de cabello con tonos opuestos.
—¿Por qué vamos tan temprano a la casa de los tíos? —preguntó una vez estando dentro del vehículo.
—Tengo mucho trabajo hoy, estarás todo el fin de semana, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —contestó con su característica sonrisa.
*****
—Hola Chelsey, que linda estás hoy —una mujer rubia aparecía frente a ella cuando la puerta del apartamento fue abierta. Esta no dudó en abrazarla y dejarla entrar ya que su madre ni siquiera bajó a saludar, por lo visto estaba muy apurada.
—¿Dónde está el tío? —la niña pudo observar en su tía un poco de nerviosismo.
—Regresa en la tarde, tenía que hablar con unos amigos —no la miró en ningún momento mientras le contestaba.
—¡Oh, está bien!
—Bueno... ¿Qué quieres hacer? —dijo por fin viéndola a los ojos con esa gran sonrisa.
—¿Miramos películas? También traje cuentos para que me leas en las noches.
—¡Perfecto! Vamos a estar entretenidas mucho tiempo.
*****
—Hola Chels, hace tiempo no te veía. ¡Qué grande estás!
—¡Tío! Ya era hora de que llegaras, te estuve esperando.
—¿Sí? —sonrió por unos instantes y se encaminó junto a ella para abrazarla.
—¿Dónde estabas? —el ceño fruncido se hizo notar en el hombre.
—¿Por qué?
—La tía me dijo que debías hablar con tus amigos, ¿ya terminaste?
—Sí mi vida, ¿no me ves frente a ti? —el hombre volvió a reír logrando que la niña se sonrojara de la vergüenza.
*****
Unos golpes muy fuertes en la puerta hicieron sobresaltar a la niña que dormía plácidamente. Los golpes estaban acompañados por unos gritos que sonaban desesperados. Enseguida reconoció la voz de su madre llamándola para que abriera la puerta; tenía costumbre de siempre ponerle cerrojo al dormir. Con un dolor en el pecho por los nervios, se acercó a la perilla. Al abrirla los brazos de su madre la rodearon para cargarla y sacarla del apartamento casi corriendo.
Antes de abandonar el lugar pudo ver a su tía sentada en uno de los sofás con la cabeza gacha y posiblemente llorando. Realmente no sabía qué había pasado y su madre no se lo quiso decir nunca.
*****
—¿Por qué no podemos ir a la casa de los tíos?
Chelsey se encontraba sentada en el asiento del copiloto mientras su madre conducía hacia la casa. Había una gran tormenta y no era nada lindo estar conduciendo en una carretera repleta de autos a esta hora.
—¡Basta Chelsey! Ya te respondí millones de veces que a esa casa no volverás por el resto de tu vida, ¿¡te ha quedado claro!? —lo que pasó al instante es algo que hasta el día de hoy se lamenta.
Un grito salió de la niña cuando su madre había girado el rostro para poder gritarle sin prestarle atención al manejo. Un auto se les cruzó por el frente sin que se dieran cuenta. El impacto fue tan fuerte y letal que la mujer no logró salvarse, muriendo al instante mientras su hija —herida de gravedad—, gritaba hasta que su garganta raspara y se quedara sin voz por el dolor.
*****
La Chelsey del presente se despierta sudada entre las mantas con los ojos muy abiertos. Su respiración agitada es lo único que se oye en el lugar sumergido por la noche. Esos sueños habían regresado y quizás por eso era hora de volver al psicólogo.
Narrador: Lion
—Luke, voy a decirte una cosa: esa mujer formó parte de mi pasado, esa mujer sabe lo que ocurrió, ¿comprendes? Y no pienso dejarla en paz hasta obtener lo que deseo, estoy más que seguro de eso; ella lo sabe. Todo este tiempo lo que estuve buscando era una persona y no fui capaz de darme cuenta. ¡La herencia debe estar en sus manos y simplemente malgasté mi tiempo! Así que hazme el favor y deja de llamarme para estupideces. Concéntrate en tu maldito trabajo, quiero todo de ella, todos sus datos, incluso hasta la hora en que almuerza por más absurdo que suene ¿¡se entendió!? —el sonido de un teléfono golpear contra la pared se escuchó en la habitación, aunque esta vez el aparato cayó a salvo en alguna parte.
«Mierda, mierda, mierda, mierda... Estoy volviéndome loco, no puedo creer que esto sea posible. ¡La respuesta la tuve todo el tiempo frente a mis ojos y no me di cuenta! ¿¡Por qué fui tan idiota!? Eres un maldito imbécil bueno para nada Lion While. ¡Un verdadero estúpido! Pero no importa, esa mujer va a pagármelas muy caro. Voy a hacerla sufrir del mismo modo en que sufrió su maldito tío antes de que lo asesinaran. Vas a jugar conmigo querida Chelsey, vas a jugar a mi modo. Tengo tantas idea en mi mente, de sólo pensarlas se me forma una sonrisa inconsciente. Podría sacarle provecho a esa hermosura, y provecho del bueno.»
Mi mente está tan confundida e irritada que no puedo hablar con nadie, esta rabia necesitaba descargarla en algo... Mierda, no puedo salir a ligar justo ahora, es mucho trabajo. Quizás pueda hacer una maldita excepción y acostarme de nuevo con alguna que haya dejado en el olvido, tiene que ser una fácil... ¿Cómo se llamaba esa rubia del bar? Krista, sí, ella.
Brooklyn – Consultorio del Señor Mill.
Narrador: Chelsey
—Usted ya sabe de mi problema doctor, mi mente está mal, todo me está arruinando poco a poco, el estrés... —me encontraba acostada en un sofá bastante cómodo intentando descargarme con el psicólogo que siempre fue de mi confianza.
A este hombre lo conozco desde que tengo memoria. Cuándo me mudé aquí hace muchos años él me ayudó a salir de esos problemas que tuve. Se podría decir que conoce mi mente y mi historia casi por completo.
—¿Los sueños regresaron justo anoche? —preguntó curioso. Su voz siempre era calmada.
—Sí, y estoy segura de que van a seguir atormentándome por mucho tiempo, igual que en el pasado.
—¿Él apareció frente a ti, cierto? —asentí levemente.
—Cuando me dijo todo eso sentí un terror inexplicable. Un dolor agudo apareció en mi pecho; quería correr, no estar en este mundo junto a esa persona. No creí que lo volvería a ver, no creí que fuera él y que vendría justamente a buscarme. Tengo tanto miedo, no se qué me hará, qué quiere de mí. No tengo lo que está buscando pero no hay forma de hacérselo saber, simplemente va a matarme.
—No lo hará, Chelsey respira hondo... —mi respiración se había agitado y fuertes sollozos salían de mí mientras comenzaba a removerme incomoda. Estaba desesperada.
—¿Que no lo hará? Él... Es por su culpa que yo estoy aquí. Despertó nuevamente mis miedos, yo no quiero compartir recuerdos con su persona. Por su culpa muchos sufrieron, inclusive yo. Es un hombre malvado, no puede seguir vivo alguien así a pesar de haber hecho eso a gente con mala vida... —por más que respirara hondo, me encontraba terriblemente inquieta.
—Escucha, el tiempo se terminó por hoy, quiero que regreses en dos días para seguir hablando de esto. Por favor intenta no alterarte, no te estreses o será mucho peor. Podremos encontrar una solución a esto, ¿está bien?
—Bien... —con un gran suspiro me levanté recogiendo mis cosas.
Me despedí del Señor Mill y fui rápidamente a mi apartamento donde Lara me esperaba con un rostro preocupado. Le había contado todo, ella es mi mejor amiga, sabemos todo de la otra, no hay secretos.
—¿Qué te ha dicho? —sonaba a punto del llanto.
—En una sesión no podemos resolver algo como eso Lara, aún necesitamos hablar. Juro que voy a volverme loca con todo esto.
Me había hecho la cena, unos simples macarrones con queso pero que extrañamente a ella siempre le quedan sabrosos. Estaba muy preocupada por mí y lo noté enseguida, se encontraba bastante servicial. Me causa algo de gracia ya que normalmente me tiraría todo en la cabeza si le pidiera algo, pero ahora incluso me habla con cariño.
—¿Te dijo algo sobre el estrés? —preguntó mientras lavaba la loza.
—Eso es algo que debo controlar yo, con todo lo que paso puede que caiga en depresión y no sería nada lindo, así que simplemente debo evitar los problemas. Incluso hablaré con Matt para arreglar algunas cosas en el trabajo y poder quitarme cargas. Mi mente quedó en un estado delicado, pero me siento bastante bien para ser sincera, solo estoy confundida y algo aterrada.
—Para eso vas al psicólogo Chelsey, temo por ti y lo sabes, ese tipo no es de fiar. ¿Y si trata de hacerte daño? ¡Ay! No se qué haría...
—¿Puedes calmarte? No me alteres —estaba muy concentrada en mi comida, casi no oía lo que me decía a pesar de que Lara tiene una voz muy fuerte.
—Lo siento, tienes razón. ¿Qué harás a partir de ahora? Ya que tienes a ese hombre rondando y sabe de ti.
—Voy a seguir con mi vida normal, él no me interesa, si quiere algo de mí vendrá directamente a decírmelo. Si me disculpas Lara estoy agotada, iré a dormir, buenas noches —me levanté tranquilamente haciéndome la tonta para no tener que lavar, por lo visto funcionó.
—¡Que duermas bien!
Realmente espero que esta noche sea tranquila pero sé que no será así, y sin dudas, esos sueños regresaron para aterrarme como tanto lo hicieron una vez.
«—¿Dónde está mi madre? ¿Está bien verdad? ¿Qué paso con ella? ¡Quiero verla! —Chelsey lloraba desconsolada sin poder moverse de esa fría camilla. Estaba repleta de heridas no tan profundas pero aún así el dolor agudo hacia presencia en todo su pequeño cuerpo.
—Chelsey linda, por favor cálmate —los médicos hacían de todo para que su respiración volviera a la normalidad. Desde lejos se notaba lo preocupada que estaba, aterrada por todo lo que había pasado.
No sabía que pasaría con ella a partir de ahora. Nunca supo quién es su padre, incluso puede ser que esté muerto. Tampoco puede quedarse con sus tíos ya que nadie sabe de ellos desde hace mucho tiempo. No hay nadie más en quién pensar, no había otros tíos, no había abuelos, no hay amigos cercanos, realmente no hay nadie, no hay nada...
¿Qué pasaría ahora? De seguro la tirarían a un horrible orfanato donde esperaría toda su vida por una familia que nunca llegaría. Viviría sola cuando sea mayor de edad, sin posibilidades de estudiar una carrera, no podría llegar a ser alguien en la vida simplemente por su culpa. Si ella no hubiera hecho esa pregunta todo eso no habría pasado... Se arruinó la vida ella misma.»
Esta vez Chelsey no tuvo oportunidad de seguir sufriendo a causa de sus sueños, Lara la despertó con los ojos bien abiertos.
—¿Qué ocurre? —estaba repleta de sudor.
—¿Hay alguna forma de evitar tus pesadillas?
—No, simplemente están... No te preocupes, ve a dormir, ya pasé por esto muchas veces.
—Chelsey...
—Necesito dormir por más horrible que sea mi noche. En algún momento se irán, cuando ya no quede algo por lo cual sufrir.
A pesar de ser casi las tres de la mañana, un teléfono comienza a sonar en la habitación alarmando a las dos mujeres que se encontraban en el lugar.