Capítulo 4

3813 Palabras
Narrador: Lion Creo que sólo yo soy tan idiota como para confiar a Luke un trabajo como éste. El estúpido tuvo que haber atravesado la puerta de mi oficina hace más de dos horas, y nada. Mi mirada está fija en esa maldita puerta esperando a que sea golpeada o abierta. Quiero ver a ese desgraciado ingresar pidiendo disculpas por el retraso mientras balbucea que ya tiene todos los datos prontos. El sonido de mis dedos golpeando continuamente el escritorio era lo único que se escuchaba en el lugar. Mi vista aún no planea apartarse de la puerta y de forma inconsciente comencé a mover mi pie. Tenía miles de papeles que leer y firmar pero mi mente sólo se concentraba en una cosa. Ya no tengo ni idea de cuantas veces llame a Ana, mi secretaria, para ver si él había dejado algún maldito mensaje, pero nada, ni siquiera respondía mis llamadas. Ya harto de esperar, simplemente me volteo aún sentado en mi silla para poder obtener una gran vista de edificios enormes y a lo lejos, Central Park. La rabia que traigo desde la otra vez no se digna a irse, me consume poco a poco, y es por eso mismo que estoy tan desesperado para que Luke se digne a llegar. Anoche estuve bastante entretenido, lo admito, pero no me sirvió para descargarme por completo. Creo que fue por el simple hecho de que no acostumbro acostarme con una mujer más de una o dos veces. Las personas a mi alrededor me dicen constantemente que soy un hombre cruel en ese tema, que juego con las mujeres como si fueran muñecas, las uso y las desecho cuando ya están rotas, cuando ya no sirven. ¿Si es cierto? No lo sé, quizás sí, quizás no. Hasta el día de hoy lo único que he sentido por las mujeres es atracción física, s****l para ser más directo. Se me entregan con todo lo que tienen, caen a mis pies en instantes rogando que las toque. Se derriten apenas las miro, y maldición, mentiría si digo que eso no me hace sentir igual a un dios. Amo cuando gimen, cuando gritan mi nombre hasta que les duela la garganta, cuando se quedan sin voz o simplemente cuando al otro día ni siquiera pueden levantarse. Todos estos pensamientos me ponen loco. Por imaginar estas cosas ahora tengo unas ganas tremendas, ¿pero de dónde diablos saco una mujer en estos momentos? Un suspiro pesado escapó de mis labios. Enseguida mi cerebro comenzó a trabajar en mi necesidad, analizando todas las posibilidades hasta quedar simplemente con dos opciones: la primera era tener sexo con Ana. Después de todo nos separa sólo una puerta, está ahí afuera sentada en su escritorio donde podría hacerla sentir de maravilla. ¿El problema? Ya me acosté con ella y ahora mismo se encuentra saliendo con un hombre. Por lo general no tengo problemas con eso, me acosté con mujeres casadas y mucho mayores que yo, pero no quiero meterme justamente con Ana, me da demasiada confianza como para meterla en problemas ahora. Y la segunda opción es elegir un piso al azar en todo el maldito edificio, ver qué clase de bellezas tengo trabajando para mí y traerme alguna para pasar un buen rato que esté dispuesta a ello. Con solo pensarlo mi respiración ya se vuelve agitada. Luke no parece que vendrá hoy por lo cual él solo se ganó una sanción. No es que me importe qué diablos esté haciendo, pero odio la gente impuntual igual que cualquier hombre de negocios. No pienso perdonárselo, esa información la necesito cueste lo que cueste y lo más rápido posible, está jugando con algo que es importante para mí. Mis manos iban desesperadas por el teléfono mientras intento controlarme. Mi cuerpo y mi mente están completamente confundidos, es una adicción. Igual que drogarse o fumar, necesito calmar estas ansias que yo mismo comencé. Ana no tardó en responder a mi llamado. —Señor While, ¿necesita algo? —Quiero que me des los documentos de todas las mujeres que trabajen en el piso trece, absolutamente todo; datos y fotos —mi voz sonaba ronca, y morderme los labios lentamente fue inevitable. —Claro, enseguida se los llevo —noté el toque de confusión y susto en su voz, algo que me hizo reír una vez había terminado la llamada. Al pasar cerca de diez o quince minutos Ana ingresa por la puerta cargada de papeles. Por lo visto el piso trece esta repleto de féminas dispuestas a complacerme. Me entregó la montaña con pesadez y enseguida empecé a darles una ojeada rápida, no me pondría a leer todo por completo; nombre, edad y una pequeña foto adjunta. Luego de un pequeño rato vi que Ana seguía parada frente a mi mirándome algo nerviosa, lo supe porque jugaba con sus manos y se mordía el labio fuertemente. —¿Necesitas algo Ana? Puedes retirarte por hoy, tómate el día libre —ahora su rostro mostraba sorpresa. —¿Puedo hacerle una pregunta? —los nervios la estaban matando a la pobre chica. —Sí, ¿qué pasa? —dije tranquilo intentando no intimidarla. —¿Para qué quiere los documentos? —esta vez una pequeña sonrisa torcida apareció en mi rostro. Inconscientemente relamía mis labios. Se dio cuenta de mis intenciones por culpa de eso, además mi respiración no está en un estado normal. Dejo los papeles a mi costado mientras apoyo una mano sobre mi escritorio y la otra sostiene mi barbilla. La pongo con los nervios de punta, ahora no me miraba. —¿De verdad quieres saberlo? —usé un tono juguetón mientras levantaba un poco las cejas. Su rostro de volvió rojo igual a un tomate. Ni siquiera abrió la boca para decir algo, se dio la vuelta y casi corriendo abandonó la oficina. Una risa bastante sonora se escuchó en el lugar. Al menos tengo asegurado que de verdad va a marcharse. Volví a recoger los papeles para ojearlos. La mayoría eran mujeres preciosas, pero no tan escandalosas para llamar mi atención. Por suerte pude cantar victoria al encontrar una bastante atractiva: veintidós años, ojos verdes y cabello castaño oscuro bastante largo. Me recuerda a cierta persona que deseo exterminar con todo mi ser, pero era tan atractiva que no puedo evitar interesarme en ella. Sin duda esta belleza hoy sería mía, o eso creí hasta que escuché un fuerte golpe en la puerta. Un desesperado Luke entró por la puerta armando alboroto sin siquiera esperar respuesta de mi parte. «Maldito hijo de perra, ¿debe entrar justo ahora?» —¡Señor tengo toda la información aquí, absolutamente todo de ella está en estos putos papeles que tanto me costó conseguir! —se notaba algo enfadado, prácticamente me tiró los papeles en la cara. —¿Por qué diablos tardaste tanto? Dame una buena explicación porque acabas de arruinar algo y no me agrada para nada —creo que debo controlarme para no partir la cara de idiota que siempre lleva. —Había un dato muy importante que se me dificultó conseguir. Acabo de confirmarlo hace sólo unos minutos. Tuve que hacer algo extremo, así que le pido que no vaya a despedirme —por lo visto ya sabía que iba a decirle algo como eso, pero a decir verdad, no puedo soltar a Luke así como así, el sabe bastante de mí y no puedo quitarle un ojo de encima. —No quiero gritarte, pero admito que el deseo de matarte está presente, así que por favor deja esos papeles aquí y lárgate —en instantes hizo lo que le pedí y abandonó la oficina bastante nervioso. Si antes estaba irritado, ahora lo estoy más, ¿Quién se cree que es ese maldito? Primero que nada, no tiene derecho a hablarme de tal manera y soltarme los papeles en ese sentido. Detesto que me traten como si fuera un perro faldero y sin valor. Lo sabe perfectamente, creo que le dejé bien en claro lo que tengo planeado hacer con él. Y segundo, ¿quiso darme ordenes? ¿Me dijo que no lo despidiera? Creo que no estaba bien de la cabeza cuando pasó por esa puerta. Ahora mismo voy a dejarlo pasar, pero mañana ese hombre va a escucharme. Estos papeles se pueden ir bien a la mierda. Mis puños no paran de apretarse fuertemente, quiero matar a todo el que se me cruce. Juro que llegué a mi limite, pasé toda mi vida siendo tratado como una persona que no valía ni un centavo, pasé toda mi puta vida siendo denigrado por esos imbéciles que arruinaban mi vida día a día, esos imbéciles que me utilizaban como cebo para ganar tanto dinero. Si les habré llenado los bolsillos a esos hijos de puta... Desde el día en que vi cómo morían frente a mis ojos lentamente gracias al vídeo, desde ese día nadie me pasa por encima, absolutamente NADIE y me encargo de dejarlo bien en claro. Creo que es hora de ponerme en marcha con todo esto. Cambiar de humor rápidamente no es lo mío y terminaré siendo una especie de asesino serial. Acariciando mi sien con ambas manos recosté mi espalda en la silla; tenía un gran dolor de cabeza. Pero ignorando todo, empecé con mi deber: arruinarle la vida a esa lagarta asquerosa. Una risa macabra se escuchó en mis labios otorgándome un gran sentimiento de satisfacción. «Ah preciosa, lo que te espera...» Horas después Nunca estuve tan ansioso y contento en lo que llevo de vida. No había mirado la información que me trajo Luke hasta llegar a casa, pero al hacerlo fue una maravilla. No se le escapó ni siquiera un dato, estaba absolutamente todo, incluso cosas insignificantes sin importancia tal y cómo le había dicho. Cuando comencé con el proyecto en su empresa admito que averigüé sobre ella y eso logró hacerme dar cuenta de quién era. Pero la información que obtuve la vez pasada no decía casi nada. A pesar de todo puede ser que Luke me sea bastante útil, pero será mejor que no espere nada de mi parte o terminará bastante mal. Mi juego no comenzaría hasta que tenga todo perfectamente planeado, para eso necesitaba esto, toda su vida en papeles solo para poder encontrar una fuga, algo que me pueda servir por más mínimo detalle que fuera. Me pasé toda la maldita noche despierto leyendo su vida. Esta mujer debe tener algo que pueda usar en su contra, algo con lo que logre manipularla, algo de lo que pueda sostenerme para clavar mis garras y acabarla. Y pasó, justo en la ultima pagina, en el ultimo párrafo, en la ultima oración, lo encontré. La gran sonrisa que tenía no me la quitaba nadie. Por mi mente comenzaron a pasar millones de ideas, una tras otra. Mi imaginación comenzó a crear situaciones, conflictos... Lo tenía, sabía cómo acabar con esa mujer y cómo torturarla hasta que llegue el momento en que no pueda estar en este mundo. Es increíble cómo una oración de nueve palabras me pudo abrir tantas puertas, y ahora que lo pienso, esto va a ser más divertido de lo que creí. Me lancé hacia atrás en el sofá bastante satisfecho, miré el reloj en mi muñeca y eran las cuatro y media de la mañana, pero eso no me impidió hacer una llamada. Estoy tan ansioso que debo comenzar lo antes posible. Una voz gruesa y somnolienta atendió luego de un rato. —¿Quién habla? —Soy yo, levántate y llama a la secretaria de Mathew Lincon, dile que me haga un espacio en la agenda, necesito una junta de emergencia para hoy a las tres. —... —pasaron varios segundos de completo silencio— ¿Quién habla? —¡Lion maldito imbécil! —Lion, lo siento, pero como habrás notado, estaba dormido... —Haz lo que te dije. —Lo haré, ya la llamo no te preocupes, nos vemos. No me molesté en despedirme, no comprendo cómo logro trabajar junto a este hombre. David solía irritarme a un gran nivel. Estoy completamente acabado, me gana el sueño pero no puedo dormirme, creo que las ansias están matándome. En estos momentos lo único que puedo hacer es entrenar hasta caer rendido pero ni siquiera tengo ganas de hacerlo. ¿Por qué elegí esa hora? Deseo tanto que el momento llegue. Hoy va a ser un día interesante y complicado. Cuando creo que por fin estaba quedándome dormido, mi teléfono comienza a sonar logrando sacarme de ese trance. Era David nuevamente, por lo visto algo anda mal, él no me llamaría. —¿Pasó algo? —hablé entre bostezos. —Me comunicaron directamente con Mathew. Me dijo que justamente hoy no puede atenderte en ningún momento, tiene reuniones muy importantes y debe hacer informes, pero me aclaró que puedes reunirte con Chelsey Lynch a esa hora para tratar lo que necesites. —¿Qué le has dicho? —Que por favor te apartara ese horario con ella, ¿fue buena idea? —Si, está bien. —De acuerdo, ahora puedo dormir en paz. Salió mejor de lo que esperaba, tenía otros planes pero el idiota de Mathew me la dejó aún más fácil y algo me dice que se va a arrepentir de haberlo hecho. Mi quería Chelsey, te iré con todo preciosa, de todas las formas en las que puedas interpretar esas palabras. Acabé despertando bastante tarde, hoy me había tomado el día libre para disfrutarlo fuera de la empresa, obviamente me refiero a la linda visita que haré por la tarde. Con los ojos aún algo cerrados logré ver que eran ya la una y media de la tarde. Ayer estaba casi muerto, no suelo dormir cerca de diez horas seguidas. Prácticamente tengo que hacer todo a las apuradas; bañarme, vestirme y comer, me lleva bastante tiempo llegar desde mi casa a ese lugar y debo salir cuanto antes. Mientras me vestía el teléfono sonó. —David, ¿Qué quieres? —Anoche no te pregunté porque estaba bastante dormido, ¿pero se puede saber para qué quieres reunirte con ellos? —Tengo algo que resolver, no te preocupes, no es nada grave ni tampoco necesitas saber qué es —intenté sonar molesto y relajado a la vez. —No quieras evadirme, ambos trabajamos en este proyecto Lion. —Lo sé, por eso te digo que no te metas, créeme, no afecta el proyecto para nada... —Por la tarde hablaremos de esto —sin decir más, me cortó. Que vaya esperando sentado si cree que le responderé cuando me llame, no necesito darle explicaciones a nadie de mis asuntos. Él y muchas otras personas deberían aprender que cuando les digo que no les incumbe, es por que no les incumbe y punto final. Luego de estar pronto, por haberme salteado el desayuno tuve que almorzar; tengo un chef personal que me hace delicias todos los días. Hoy me había dejado pronta algo de carne azada, adoro comerla y mucho más si es jugosa. Se podría decir que salí casi corriendo hacia la empresa. La hora se me pasó muy rápido, mucho para mi gusto. Odio llegar tarde y que los demás también lo hagan, me irrita y suelo quedar con mal humor todo el día. Es una manía que agarré cuando las personas no cumplían sus horarios, suelo ser muy firme en ese aspecto. Tardé para mi suerte sólo media hora en llegar gracias a que no había nada de trafico. Narrador: Chelsey —Tienes una reunión en diez minutos. Como no acaba en una hora fija, dejé la agenda abierta ya que hoy no tienes mucho trabajo —Andy andaba de acá para allá ordenando papeles en mi oficina, me estaba poniendo nerviosa. —¿Una reunión? ¿De qué? No me enteré de nada. —Por lo visto Mathew pasó esa reunión a ti ya que era urgente pero tenía la agenda completa, pidió que te encargaras de resolver esto por él. —¿Sabes de qué trata? O al menos ¿con quién? —Es sobre el proyecto que están llevando a cabo, con Lion While —cuando escuché su nombre, me congelé por completo. —Andy, cancela esa reunión lo antes posible. ¡No pongas otra fecha, que Mathew se encargue! —en ese instante el sonido del elevador abriéndose nos interrumpió. —Temo que es demasiado tarde, debo hacer que pase... —dijo mientras salía por la puerta. Nuevamente esa presión en el pecho apareció, estaba aterrada, quiero salir corriendo, ese pánico horrible que siento me mata. No quiero verlo, no quiero que esté aquí, deseo que me deje en paz. Sé que tiene intenciones conmigo, él quiere hacerme algo y me está buscando. Sigue atormentado por el pasado y no descansará hasta que se haya vengado de todo, pero no hay forma de hacerle comprender que yo no tuve nada que ver en eso, ese día yo... Simplemente no hay motivo. Está ciego por la irá, por la sed de venganza. Quedó insatisfecho y quiere descargarse conmigo, con alguien que no tiene la culpa. Entonces lo vi, entrando por la puerta de mi oficina bastante tranquilo, estaba de traje y tenía un porte serio, profesional. Simplemente espero que de verdad haya venido por el proyecto, algo que dudo mucho. Caminaba lentamente hacia las sillas que habían frente a mi escritorio para poder sentarse; sus ojos no demostraban nada. Hubo un instante de puro silencio donde nuestras miradas no se apartaban, por lo visto se dio cuenta de lo aterrada que estaba ya que en sus ojos había algo de diversión, pero a mí no me parece nada gracioso, es más, desearía gritarle en la cara todo lo que siento. —Encantado de volverte a ver Chelsey —una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Sus palabras fueron tranquilas, incluso sonaron simpáticas. —Quisiera decir lo mismo... —mi voz no quería salir. —¿Por qué tan nerviosa? Linda, no te haré nada, estoy aquí por trabajo. —De verdad quisiera creerte, pero sé que no piensas dejarme hasta obtener lo que quieres. —No sé de qué hablas -su rostro mostraba confusión. Mentira, está actuando. —Mientes, sabes perfectamente de qué hablo. Quieres atacarme, arruinarme por lo de aquel día, ni siquiera tuve algo que ver pero eso a ti no te importa. Quieres eliminar a todos los que se relacionaron con ese hombre. Estás completamente ciego Lion ¿Acaso no te das cuenta? ¡Ya los mataste! A él, a ella, a los idiotas que trabajaban en eso. ¡Ya los mataste a todos! Que yo sea su sobrina no significa que... —solté una especie de grito cuando sentí que sus manos fueron directamente a mi garganta, apretándola cada vez más fuerte y sacando el poco aire que hay en mí. No tuve tiempo a reaccionar ni siquiera cuando se levantó de su asiento, en instantes lo tenía en frente. Sus ojos, sus ojos demostraban furia, pero a la vez su expresión era tan tranquila... —Creo que estás bastante alterada linda, ¿No crees que eres muy paranoica? —lentamente se colocaba detrás de mí aún sin dejar de asfixiarme, comenzaba a ver todo sin claridad. No, esto no puede estar pasando, mi cuerpo no responde, simplemente logro soltar pequeños gritos y tomar bocanadas de aire queriendo luchar para que entre algo de oxigeno a mi cuerpo. —Suéltame... —pude sentir cómo su agarre aflojaba, dejando paso al aire que tanto deseaba ingresar. Para mi mala suerte aún no me soltaba del todo. Su otro brazo me había acorralado para que no pudiera moverme ni un centímetro. —Vamos a dejar algo en claro. Harás lo que yo te diga porque las cosas aquí funcionan a mi modo, ¿entendido? Y te aseguro, que la vas a pasar muy mal preciosa, tú perfectamente sabes lo que estoy buscando y lo que deseo hacer contigo. ¿No quieres eso, cierto? Yo sé que no quieres, y es por eso que voy a divertirme bastante, no tienes ni idea lo que voy a disfrutar verte sufrir... —sus manos me soltaron por completo, pero por alguna razón no podía hacer ningún movimiento, estaba presa del pánico. —¿Qué sentido tiene? Lo harás en vano. —Yo no hago nada en vano cariño, estás muy equivocada cuando dices que te quiero hacer esto sólo por saciar el deseo de venganza. Por tu culpa mi vida quedó arruinada, pasé años ocultando todo a mi familia... Me torturé a mí mismo durante mucho tiempo. —Era sólo una niña, yo no... —¿No qué? ¿No eras consciente? ¿No tenías nada que ver? ¿Te obligaron? No harás que cambie de opinión Chelsey, y con el paso del tiempo vas a comprender todo, te lo puedo asegurar. Pero ahora, déjame arruinarte poco a poco. No sabes lo que te espera... Te haré pasar por lo mismo que yo, vivirás ese infierno y nadie va a poder salvarte, ¿Sabes por qué? Porque no van a poder demostrar nada... —sus manos tocaron mi cuerpo. Sosteniendo fuertemente mi cintura comenzaron a subir lentamente hacia el primer botón de mi camisa, de a poco sentí cómo lo desprendía y seguía con los demás dejando en descubierto mi pecho. Su aliento en mi odio me dio escalofríos, mordió el lóbulo con ganas... Que alguien me diga ¿por qué estoy dejando que me toque de esa manera? ¿Qué me está pasando? Deseo apartarlo pero a la vez. Un calor enorme comienza a aparecer en todo mi cuerpo, y se hace presente el deseo de poder sentir más su tacto contra mi piel. No me di cuenta cuando sus manos terminaron de desprender mi camisa hasta que las sentí haciendo contacto directo con mi piel. Eran caricias suaves y tentadoras, lo suficiente para dejar loca a cualquier mujer. Sus labios húmedos pasaron a mi cuello, lamiendo y besando de una forma tan provocativa que me fue imposible reprimir un débil gemido. Sus manos presionaron mis pechos al sentir mi voz... No sabía qué hacer, realmente estoy muy confundida, mi cuerpo no es capaz de reaccionar. Su tacto es tan placentero que quedas atrapada entre sus garras sin importar lo que pase a tu alrededor. —Creo que le debes una explicación — oí su voz realmente baja en mi oreja dejándome en desconcierto. Él no se había detenido con sus besos y caricias, pero sus palabras me alarmaron tanto que comencé a mirar el lugar desesperada hasta encontrarme con unos ojos los cuales conocía perfectamente. «No puede ser.» —Mathew... —mi voz se oyó apenas audible y temblorosa. Él estaba parado frente a nosotros sin expresión alguna mirándome fijamente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR