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1261 Palabras

Seco el sudor de mi cuello con una pequeña toalla, saco mi polera y me pongo una limpia. De entre todos los licores, jugos y aguas de sabores, con gas, sin gas que tengo frente a mí, solo tomo agua, casi la botella por completo. Tomo mi chaqueta de cuero negra, mi guitarra y salgo de mi camerino, en la salida veo a Leo, el cual se encuentra esperando de hace unos minutos, mi amigo, mi gran amigo, el cual ha sido un gran apoyo en estos días. –Vamos, mi mamá te está esperando con una deliciosa comida–dice dándome “pequeñas” palmadas en la espalda. En realidad, esas palmadas son muy bruscas, pero de todas formas me causan gracia, él siempre lleva una sonrisa en su rostro, incluso hasta en la cárcel, cuando sabía que en realidad la estaba pasando mal. Lo he querido apoyar más, pero él se

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