37 Nora Al ver a Julian salir de detrás del camión, ensangrentado pero vivo, dejo caer la AK-47. Mis dedos ya no pueden sostener la pesada arma. La emoción que me embarga supera la felicidad y el alivio. Es euforia. Una increíble y salvaje euforia por haber matado a nuestros enemigos y haber sobrevivido. Cuando la pared explotó y los hombres armados entraron corriendo en el hangar, pensé que habían matado a Julian. Cegada por la furia, abrí fuego contra ellos y, cuando empezaron a dispararme, corrí sin pensar, actuando por puro instinto. Sabía que no duraría más que un par de minutos y no me importaba. Solo quería vivir lo suficiente para matar a tantos como fuese capaz. Pero ahora Julian está aquí, frente a mí, tan vivo y enérgico como siempre. No sé si corro hacia él o es él el qu

