36 Julian Dolor. Oscuridad. Por un segundo, vuelvo a estar en aquella habitación sin ventanas en la que Majid me cortó la cara. Me dan arcadas solo de pensarlo y me sube la bilis por la garganta. Entonces, mi mente se despeja y percibo un leve zumbido en los oídos. Eso no pasó en Tayikistán. Tampoco sentía este calor allí. Demasiado calor. Tanto calor que me quema. ¡Mierda! El subidón de adrenalina me saca del aturdimiento. Ruedo varias veces sobre mí mismo para apagar las llamas que consumían mi chaleco. Me entran nauseas, me martillea la cabeza del dolor, pero, cuando paro, el fuego se ha apagado. Jadeando con fuerza, sigo tumbado intentando recobrar el sentido. ¿Qué cojones acaba de pasar? El zumbido que noto en la cabeza cesa un instante y cuando abro los ojos solo veo escombr

