25 Nora En cuanto Julian desaparece por la puerta, me encojo en el suelo agarrando la pistola que me ha dado. Me tiemblan las piernas y la cabeza me da vueltas; me invaden las náuseas por dentro. Siento que mi cordura pende de un hilo. Saber que Julian va al rescate de Rosa es lo único que me impide sumirme en la más absoluta histeria. Inspiro entre escalofríos, me seco las lágrimas de la cara con el dorso de la mano y, al bajar el brazo, una mancha roja llama mi atención. Es sangre. Estoy manchada de sangre. Me quedo quieta mirándola, asqueada y fascinada al mismo tiempo. Tiene que ser del hombre al que Julian mató. Julian estaba cubierto de sangre cuando me tocó, y ahora tengo los brazos y el pecho manchados de rojo, lo que me recuerda a una de mis pinturas. Por extraño que parezca,

