29 Nora —Nora, cariño… Una suave caricia que me resulta familiar me despierta de un sueño inquieto. Me obligo a abrir los ojos y, desconcertada, veo a mi madre sentada al borde de la cama, acariciándome el pelo. Me duele tanto la cabeza que tardo un rato en procesar su presencia en la habitación y en darme cuenta de que tiene los ojos rojos e hinchados. —¿Mamá? —Agarrada a la manta, me incorporo y contengo un gemido por el daño que me causa moverme. Tengo la espalda dolorida y agarrotada, y fuertes calambres en el abdomen—. ¿Qué haces aquí? —Nos ha llamado Julian está mañana —contesta con voz temblorosa—. Nos ha contado que os atacaron a ti y a Rosa anoche en un club. —Oh. Una corriente de ira me despierta del todo. ¿Cómo se atreve Julian a preocupar a mis padres así? Me hubiera gus

