28 Julian Nunca he conocido vacío tan frío como este, un sentimiento abrasador que late como un dolor punzante. Cuando perdí a Maria y a mis padres, sentí rabia y dolor, pero no esto. No esta horrible sensación que se mezcla con la más fuerte sed de sangre que jamás haya experimentado. Nora continua inmóvil y callada mientras la subo por las escaleras hasta la habitación. Tiene los ojos cerrados y sus pestañas parecen oscuras medias lunas en sus pálidas mejillas. Lleva así desde que salimos del hospital, casi catatónica por la pérdida de sangre y el cansancio. Mientras la tumbo en la cama, me doy cuenta de que tiene el pómulo amoratado y el labio partido, y tengo que darme la vuelta para recuperar el control. Siento la violencia que hierve en mi interior, tan tóxica, tan corrosiva, que

